Elecciones Cataluña 2021: El independentismo gana siempre | Letras Libres
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Elecciones Cataluña 2021: El independentismo gana siempre

Los bloques persisten, pero uno de ellos pierde más: con la práctica desaparición de Ciutadans el antiindependentismo pierde su carácter anticatalanista; con la aparición de Vox se vuelve ultranacionalista.

Las elecciones son siempre un juego de suma cero; hay un número limitado de escaños y lo que pierde uno lo gana otro. En la política catalana, llevamos años en un juego de suma cero dentro de los bloques. Tanto el constitucionalismo como el independentismo tienen un techo infranqueable. Cambian los actores pero permanecen los bloques.

En las elecciones del 14 de febrero (marcadas por la baja participación; en 2017 fue de casi un 80%; en 2021, de un 53%), el independentismo ha permanecido casi inalterado. Solo ha cambiado el orden de los factores. Suman ERC, Junts y la CUP y la gran diferencia es que ahora quien lidera es Esquerra, en vez de Junts. El gran cambio es dentro del constitucionalismo. El liderazgo pasa de Cs (con 6 diputados) al PSC, y Vox obtiene más votos que PP y Cs juntos (11 frente a 9).

Al contrario que Cs, el PSC ha pactado anteriormente con los nacionalistas. Gobernó con ERC a nivel regional, durante el tripartito de 2003-2006, y pactó también con ERC en 2020 los presupuestos nacionales. Aunque Esquerra firmó durante la campaña un documento en el que se compromete a no pactar con ningún partido contrario a la independencia (lo firmaron los cuatro partidos independentistas: ERC, Junts, CUP y PdeCat, que no ha obtenido representación parlamentaria), los precedentes de entendimiento entre PSC y ERC son importantes para el medio y largo plazo.

Ese entendimiento significa, si miramos la historia reciente, solo una cosa: cesiones al independentismo. En la idea de negociación y entendimiento del PSC está simplemente la cesión al independentismo. Es la estrategia catalanista: llevar al antiindependentismo hacia el independentismo, en vez de lo contrario. Entre convencer a un independentista de las virtudes del constitucionalismo y convencer a un constitucionalista de que el independentismo no es tan indeseable, el PSC siempre elegirá lo segundo.

Este es el principal cambio en el constitucionalismo que traen las elecciones. El liderazgo del antiindependentismo pasa del anticatalanismo de Cs al catalanismo del PSC. Es probable que los partidos independentistas pacten entre ellos (durante las próximas semanas, ERC, Junts y la CUP escenificarán una especie de desacuerdo para finalmente gobernar juntos). Pero si por cualquier motivo no consiguieran ponerse de acuerdo, el resultado (un nuevo tripartito, por ejemplo) también beneficiaría al independentismo.

Con la casi desaparición de Cs desaparece prácticamente el antiindependentismo anticatalanista. Es decir, el constitucionalismo que se atrevía a desafiar los preceptos catalanistas: el victimismo, la discriminación del castellano, el relato del fet diferencial, la idea de bilateralidad Cataluña-España. Pero con la casi desaparición de Cs también muere el anticatalanismo no nacionalista. Por mucho que insistieran los independentistas, el voto a Cs no era identitario, como muestran las encuestas (el votante de Cs, mayoritariamente, se sentía tan catalán como español). La aparición de Vox, gran producto del sanchismo, servirá para cumplir los sueños húmedos del independentismo, que siempre deseó un contrincante a su altura: xenófobo, identitario y nacionalista.