El falso pragmatismo del pacto entre PSOE y ERC | Letras Libres
artículo no publicado

El falso pragmatismo del pacto entre PSOE y ERC

El PSOE pacta con Esquerra una investidura a cambio de varias cesiones al independentismo.

En su editorial del 30 de diciembre, el periódico independentista Ara defiende así el pacto entre el PSOE y los independentistas de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que permitirá al presidente Pedro Sánchez gobernar junto a Podemos:

La experiencia reciente demuestra que una cosa son los gobiernos, que son pasajeros, y otra el Estado. Estas estructuras del Estado profundo son un contrapoder reaccionario instalado en el núcleo de la administración que hay que ir desmontando desde dentro si es que alguna vez queremos que haya una solución democrática para el conflicto catalán y también para el vasco. Y la situación actual representa una ventana de oportunidad, provocada por un inmenso error estratégico de Sánchez, para comenzar a laminarlas.

Es un editorial con pocas ambigüedades. Asume una estructura reaccionaria en el seno del Estado y se compromete a acabar con ella. Considera que la mejor ventana de oportunidad para conseguir eso se da en el pacto entre el PSOE y ERC, un partido que ha demostrado “que el pragmatismo y la firmeza no son incompatibles”. Una de las condiciones de ese pacto (que originalmente tiene como objetivo la abstención de ERC en la investidura de Pedro Sánchez) es la creación de “una mesa entre el gobierno de España y el Govern de la Generalitat de Catalunya para la resolución del conflicto político”.

El texto del acuerdo de la mesa, aunque firmado por el PSOE, está escrito en el newspeak del independentismo: “existe un conflicto de naturaleza política en relación al futuro político de Cataluña. Como cualquier conflicto de esta naturaleza, solo puede resolverse a través de cauces democráticos, mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo, superando la judicialización del mismo”. ERC y el PSOE han acordado la creación de una mesa de diálogo entre el gobierno y la Generalitat, a pesar de que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha rechazado participar. Es decir: el presidente del gobierno en funciones pacta con el partido independentista del vicepresidente de la Generalitat (Pere Aragonès, de ERC) la creación de una mesa de negociación bilateral entre el gobierno y la Generalitat. 

Una de las claves del texto es la utilización de eufemismos que eviten la mención a la Constitución, como "principios que rigen el ordenamiento jurídico democrático". El PSOE ha cedido en este aspecto y ERC ha confirmado qué quiere decir exactamente con esa fórmulas: la portavoz de ERC, Marta Vilalta, ha dicho que el "ordenamiento jurídico democrático" va "más allá de la Constitución porque son los principios democráticos del derecho, también del derecho internacional. La democracia y la voluntad de la ciudadanía van más allá de los marcos legales que tenemos en cada momento." Es un decisionismo populista incompatible con la democracia liberal. 

Las medidas que se tomen se someterán a “validación democrática a través de consulta a la ciudadanía de Cataluña de acuerdo con los mecanismos previstos o que puedan preverse en el marco del sistema jurídico-político.” Es decir: una mesa de negociación entre el gobierno y la Generalitat, pero presumiblemente sin el presidente de la Generalitat, llegará a acuerdos de carácter existencial sobre la autonomía catalana y estos se someterán a un referéndum (no se sabe si vinculante) en Cataluña. Se garantizará la bilateralidad (algo en lo que hace especial hincapié el acuerdo) pero sobre todo se ignorarán los cauces convencionales de la política institucional, como son el Congreso de los diputados y el Parlament. 

Sánchez ofrece a ERC mucho más de lo que los independentistas le ofrecen a Sánchez (simplemente una abstención en la investidura). Esquerra no tiene interés en la gobernabilidad de España. Su mirada está puesta en la política regional. Como explica Iñaki Ellakuria, el partido quiere anular a Puigdemont y convertirse en la gran casa del independentismo, una nueva CiU pero esta vez explícitamente independentista.

Pedro Sánchez, en cambio, solo tiene un único interés desnudo: conservar la presidencia del gobierno. Su pacto de gobierno con Podemos y sus negociaciones con ERC van contra su discurso de campaña, que suele ser la carta de presentación de un político (nadie hace caso a los políticos salvo los dos días previos a las elecciones). Sánchez prometió lo diametralmente opuesto a lo que está haciendo hoy: no gobernar con Podemos y no ceder ante los independentistas.

Hay quienes han vendido el pacto de ERC y el PSOE como un ejercicio de pragmatismo. El historiador Jordi Amat ha comentado en La Ser que “Esquerra asume el liderazgo de hacer política de verdad, la que implica tomar decisiones complejas que incomodan a los tuyos y que los otros usan para debilitarte. Es el riesgo del pacto, el precio de gobernar”. Otros señalan las exageraciones a ambos lados (los que creen que Sánchez es un vendepatrias y los que creen que los de ERC son unos traidores) como prueba de la idoneidad del pacto. Son tesis que asumen que la solución al conflicto catalán está siempre en una especie de término medio entre la ilegalidad y el chantaje.