A dos días de la moción | Letras Libres
artículo no publicado

A dos días de la moción

Para Pedro Sánchez, la única alternativa a las urnas es alcanzar la presidencia con los votos de los partidos nacionalistas. Si la moción fracasa, el PSOE tendrá muy difícil rechazar una vía que desaloja a Rajoy del gobierno.

 

Con la demoscopia amenazando el estatus de segundo partido de los socialistas, Pedro Sánchez halló en la sentencia de la Gürtel la que quizá será su única oportunidad de proclamarse presidente. Antes de que abriera el registro del Congreso, a las ocho de la mañana del pasado viernes, los socialistas ya aguardaban turno para ser los primeros en registrar una moción de censura contra Rajoy. Fue, tal vez, una maniobra apresurada, tanto que muchos diputados de la formación se enteraron de que habían firmado una moción de censura por los periódicos.

Y lo fue por más razones. Sánchez contará con los votos de Podemos, que no puede permitirse volver a facilitar la permanencia en el poder del PP. Pero, más allá de esta certeza, todo son dudas sobre cómo piensa el PSOE sacar adelante la moción. No se ha puesto en contacto con Ciudadanos, el siguiente partido en peso parlamentario, y, al parecer, tampoco había llamado hasta anoche a los líderes de ERC y PNV, los más numerosos de los partidos nacionalistas.

Es difícil interpretar esta aparente falta de planificación. Era previsible que la presidenta del Congreso, Ana Pastor, fijaría la fecha de la moción a la mayor brevedad: después de todo, se debe al PP, y al PP le interesa que Sánchez disponga del menor tiempo posible para sacar adelante las negociaciones que permitan aprobar la moción.

Los socialistas quizá pensaran que Ciudadanos se vería obligado a apoyar su iniciativa para desalojar a Rajoy del gobierno, pero, en realidad, nunca tuvieron esta capacidad de presión. Si las encuestas sugieren que el PSOE haría bien en evitar las urnas, lo contrario sucede con la formación naranja. El partido de Albert Rivera se encuentra en un buen momento para afrontar una nueva campaña electoral.

Así, Sánchez y Rivera coinciden en su voluntad de poner fin a este gobierno, pero difieren en cuál ha de ser el camino a seguir. El PSOE quiere ver investido a su líder, con la esperanza de que, tras unos meses en el poder, pueda experimentar una recuperación respecto a su principal competidor, Podemos, y afrontar con mejores expectativas unas elecciones. Es un razonamiento comprensible, aunque no exento de riesgos: difícilmente podrá sacar adelante las reformas que Sánchez ha planteado con una mayoría absoluta del PP en el Senado y solo 85 escaños en el Congreso.

Si Ciudadanos tiene pocos motivos para querer hacer presidente a Sánchez, otro tanto le sucede a Podemos, que vería, de este modo, cómo su máximo rival llega a Moncloa. Por ello, al respaldo de Iglesias a la moción (que ya ha asegurado antes de consultar a sus inscritos) ha seguido un discurso dubitativo por el que Podemos ha abierto la puerta a la vía electoral propuesta por Ciudadanos y ha sugerido que el fracaso de la iniciativa marcaría el fin político de Sánchez.

Ciudadanos ha pedido cuatro condiciones para respaldar la moción del PSOE: que no la lidere Sánchez, la reedición del artículo 155, la aprobación de los Presupuestos y la disolución de las Cámaras para acudir a nuevas elecciones. Si Sánchez no está en condiciones de ofrecer esta opción, Rivera y los suyos apuestan por una moción que han llamado “instrumental”, encabezada por un candidato distinto de él y de Sánchez y con un solo punto en su programa de investidura: la convocatoria de elecciones. Si la moción de Sánchez fracasa, el PSOE tendrá muy difícil rechazar una vía que desaloja a Rajoy del gobierno y entrega la palabra a los ciudadanos.

Así que su única alternativa a las urnas es alcanzar la presidencia con los votos de los partidos nacionalistas. El PNV ha puesto algunas condiciones para que esto suceda, por ejemplo la aprobación previa de los presupuestos, descartada por la premura con que Pastor ha convocado el debate de la moción. No obstante, parece que los nacionalistas vascos no venderán muy caro su apoyo a Sánchez: ante todo quieren evitar unas elecciones que podrían llevar a Ciudadanos al gobierno.

La negociación con los independentistas catalanes podría incluir alguna concesión que obligaría al PSOE a desdecirse de su reciente discurso de dureza contra el separatismo, pero también parece alcanzable. Sin embargo, la posibilidad de llegar al gobierno con el apoyo y las hipotecas impuestas por los nacionalistas no es vista con buenos ojos por una parte importante de los cuadros del partido, y tampoco por muchos de sus votantes. De este modo, el precio de un gobierno efímero de Sánchez podría ser la ruptura del PSOE.

Por otro lado, la premura de Sánchez planteando la moción ha dado cierto oxígeno a Rajoy. El presidente ha evitado las presiones para convocar elecciones, pues con una moción registrada esa facultad queda fuera de sus competencias. Quizá por ello, Rivera le ha ofrecido su apoyo para superar la moción a cambio de que sea el propio presidente el que fije unas elecciones en otoño. Mientras tanto, el gobierno ha conseguido que se hable más de los números de Sánchez para alcanzar la presidencia que de la corrupción de su partido.

Cuando quedan menos de 48 horas para que comience el debate de la moción, los socialistas no saben cómo la sacarán adelante ni si quieren sacarla adelante. Hacerlo sin el respaldo de Ciudadanos tendría un coste muy alto para el partido y para los intereses del Estado. Para salir de esta ratonera, es posible que veamos, por fin, un intento de negociación in extremis por parte del PSOE. No obstante, resulta improbable que Sánchez se pliegue a retirar su moción para satisfacer las demandas de Ciudadanos. Las elecciones parecen el escenario más plausible.