Del pacto por la Cultura del PSOE al folclore de Vox: radiografía de los partidos | Letras Libres
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Del pacto por la Cultura del PSOE al folclore de Vox: radiografía de los partidos

Derechos de autor, industria del cine, patrimonio, tauromaquia... ¿qué políticas culturales proponen los partidos en estas elecciones?

Este artículo se podría escribir casi sin leer los programas electorales. Sin bucear en las 100, 200, 300 propuestas que han publicado los partidos políticos estos últimos días para dar a conocer qué van a hacer, aunque después de la matraca diaria en redes sociales y las televisiones (de ningún partido se sabe más lo que quieren decir que ahora) todo suena bastante a déjà vu. Las promesas en Cultura son una de las mejores radiografías para observar realmente cómo es cada partido.

PSOE: el pactismo cultural

El partido socialista ha presentado un programa trufado de propuestas que enlazan con el ADN del partido: el pacto de Estado por la Cultura -el PSOE dice mucho lo de pactar-, mantener el Ministerio de Cultura y crear nuevos organismos relacionados con esta materia (que si un Consejo de Estado, que si una Oficina para los Derechos de Autor, que si una comisión interministerial: que la Administración no flaquee). Y siempre, además, mirando a Francia de soslayo. Desde hace un tiempo, no obstante, y como sus colegas más al norte, han introducido medidas más centristas, como la ley de mecenazgo (ellos suman a su vez el micromecenazgo). Y en esta ocasión, una propuesta estrella, que hace ya tiempo se desarrolla en Reino Unido, donde por otra parte carecen de Ministerio de Cultura: destinar parte de la recaudación de la lotería nacional a la producción del cine y otros menesteres culturales. Eso sí, cuánto se podrá recaudar por esta medida aún no está tan claro. Y cómo se destinará, tampoco.

Muy del PSOE es también cuidar las instituciones culturales. O al menos decir que se van a cuidar, como la Real Academia Española, que ha visto mermado su presupuesto en los últimos años, y que ya ha pedido por activa y por pasiva más presupuesto. Los socialistas se han comprometido a dárselo. ¿Cuánto? Ah, no se sabe.

Desde que Zapatero introdujo aquello de la España plural, lo de la pluralidad que tampoco falte. Por supuesto, con las diferentes lenguas del Estado. Así que ahí va un plan de traducción del resto de las lenguas al castellano y otro de fomento de la lectura para toda nuestra riqueza lingüística. Lo cierto es que en muchas ocasiones poco fluyen los libros escritos en las distintas lenguas por todo el Estado. Pero no porque no lleguen a las Castillas. ¿Llegan los libros en gallego al País Vasco o Cataluña? ¿Y viceversa?

El PSOE finaliza su programa con varias propuestas para incentivar la paridad en los organismos culturales. Habrá que ver cómo lo hacen después de que en los últimos concursos para dirigir centros teatrales nacionales –este pasado mes de marzo– todos los elegidos fueran hombres.

PP: Viva la tradición (que no se diga)

El Partido Popular ha dedicado 17 propuestas a la Cultura. Son una serie de medidas que, por otra parte, parece que se quedaron en el cajón hace tan solo unos meses. Proponen una ley de mecenazgo –este es el caramelito de todos los partidos– que se quedó in albis en los casi ocho años que estuvieron en el Gobierno. También un plan de mejora de museos, archivos y bibliotecas. Sin embargo, durante su mandato no hubo partida para la compra de libros en bibliotecas y museos como el Prado se quedaron sin dinero para celebrar efemérides como su bicentenario. El PP dice mantener las ayudas a la industria del cine, con la que sostiene una relación de amor-odio, aunque más bien esto último, desde hace décadas, pero lo cierto es que en los años de Rajoy estas subvenciones casi tocaron fondo. Ni Aznar las mantuvo tan bajas. Las peleas entre Cristóbal Montoro y los directores del ICAA fueron escandalosas (y con alguna dimisión incluida).

Aparte de estas propuestas, que casi podrían entrar en todos los programas electorales (lo de cumplirlas o no ya es otro cantar), como el PP está en un momento de volantazo hacia la derecha, también han incluido otras donde se note su nuevo tronío. Para empezar, y de forma destacada, un refuerzo del Plan Nacional de Tauromaquia (PENTAURO), “para que extienda el conocimiento y difusión del arte taurino y potencie el conjunto de actividades alrededor de esta importante tradición”. No es que el mundo del toro haya estado nunca alejado del PP, pero es que además ahora tienen candidatos toreros.

Por supuesto, al PP tampoco se le olvidan otros de sus caballos de batalla como el Archivo de Salamanca. Que no salga ni medio papel de allí, ojito Cataluña. Y, por si no fuera bastante con la sección segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual del Congreso, donde ya no hace falta un juez para que cierren páginas webs ilegales, proponen una Fiscalía especializada en la protección de la propiedad intelectual.

Ciudadanos: como el PSOE, a la derecha

En Ciudadanos, las propuestas en cultura son básicamente seis. Y parecen casi todas muy similares a las del partido socialista –y muchas de ellas tampoco muy alejadas del PP–, pero con unas gotitas de su idiosincrasia. Como todos, la sempiterna ley de mecenazgo, el as en la manga de todos que casi ya resulta extraño que no haya podido salir adelante. También quieren un organismo nuevo en el Ministerio para proteger desde allí los derechos de autor. Los líos de la SGAE han calado fuerte en los últimos meses.

Más medidas que coinciden con los socialistas: un Plan Estratégico de Patrimonio Cultural y una actualización de la Ley de Patrimonio, que no está de más ahora que a los vecinos franceses casi se les quema Notre Dame por unas obras; incentivos para la producción de obras audiovisuales españolas –es decir, subvenciones– y atraer rodajes extranjeros. No indican cómo será la financiación, pero no reniegan de las ayudas. También se destaca el apoyo a la industria del videojuego y la creación de un Centro Nacional de Danza para alojar a la Compañía Nacional de Danza y el Ballet Nacional.

Hasta aquí casi ninguna diferencia con el PSOE. Pero su última propuesta les distingue: un Plan de Apoyo a la Difusión de la Historia Española “para incrementar el conocimiento del papel de España a través de los siglos”. Su finalidad es acabar con la llamada “leyenda negra”, “que ha devaluado la imagen de nuestro país”. ¿Es un plan en los colegios, los institutos? ¿Piensan sumarlo al currículo escolar? No se sabe. ¿Planes para las editoriales? ¿Para el cine quizá? ¿Quiénes serían los encargados de tal difusión? No hay más explicaciones.

Podemos: cultura vecinal

Podemos es un partido al que siempre se le ve más cómodo en los entornos pequeños que a nivel nacional. Y su capacidad para generar simpatía ha solido ser mayor, como han demostrado algunas de sus confluencias, aunque estas ahora ya no estén nada claras. Por eso no extraña que una de sus propuestas estrella en cultura sea la creación de centros culturales ciudadanos, cuya función a priori parece un poco confusa. Hablan de que en ellos primará la cultura del “hazlo tú mismo” como herramienta. Y que se fomentará la cogestión ciudadana. Algo así como los huertos urbanos, pero en vez de con tomates y demás hortalizas, con esa cosa tan poco material como es la cultura. Si estos centros pudieran hacerse en corralas, mucho mejor. O, por qué no, en entornos rurales recuperados.

Con respecto al cine, vuelve su meollo de lo plural. Quieren potenciar la producción de cine en las diferentes lenguas (el PSOE lo ha hecho con la lectura, pero aquí se ha mantenido al margen). Más ayudas para las producciones en gallego, catalán y euskera, aunque lo cierto es que ya cuentan con sus propias ayudas en esas comunidades, mientras que hay otras que solo cuentan con las estatales. Ponte a hacer una película en Castilla La Mancha con financiación pública.

Otro asunto del que Podemos lleva sus cortos años de vida haciendo bandera y uno con el que más chocan con el resto de partidos: los derechos de autor y lo que otros muchos han llamado cultura libre (ellos no citan estos términos). Por un lado, pretenden que vuelva a ser un juez quien decida qué páginas hay que cerrar al infringir la protección de los derechos de autor (y no la sección segunda, como ahora). Y por otro, derogar el artículo 71 de la Ley de Propiedad Intelectual, que obliga a los autores y las autoras musicales a ceder el 50 % de sus derechos a perpetuidad al editor musical. Ay, a las televisiones y editoras no les va a gustar un pelo. Además, la LPI se acaba de reformar, no parece muy fácil abrir otra vez este melón. No se olvidan de la SGAE y garantizan “una gestión responsable, transparente y democrática de las sociedades de derechos de autor para alejar toda sospecha de corrupción, con tarifas justas y un funcionamiento que facilite el acceso a la cultura”. El cómo –y la SGAE es un polvorín que como para meterle mano– ya no está tan claro.

Vox: Santiago y cierra España

El partido que hizo que a Susana Díaz casi le diera una bajada de tensión en las elecciones andaluzas es nuevo en esto de las generales, pero como si le conociéramos de toda la vida. Los chicos de Santiago Abascal no han dudado en ir soltando perlas desde el pasado mes de diciembre. Algunas ya estaban en su documento 100 medidas para la España viva: cultura rancia, carpetovetónica y sin complejos. Y a falta de programa electoral, es lo que hay.

Por supuesto, Ley de Mecenazgo, pero con especial hincapié en creaciones que fomenten el arraigo a la tierra, las manifestaciones folclóricas y tradiciones de España y de sus pueblos dentro de la óptica de la Hispanidad. Sí, desgravaciones fiscales pero para los mitos pelayistas y otras reconquistas.

¿De qué tradiciones folclóricas hablamos? ¿Del lanzamiento del hueso de aceituna, que se hace en Murcia? Hay bastantes que ya están subvencionadas, como el flamenco. Y no son pocas las que están consideradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como las fallas, las tamboradas o los patios de Córdoba.

Los otros puntos fuertes de Vox son los toros –también tienen unos cuantos apoyos entre los toreros–, la caza y la pesca, que cuentan con sus propias ayudas por parte de las comunidades autónomas. Suena más a suelta algo fuerte y muy alto, que algo queda.

Pero, sobre todo, Abascal ya lo ha dejado dicho: ¿Un Ministerio de Cultura, para qué?