Arde Barcelona: Carta desde las barricadas | Letras Libres
artículo no publicado

Arde Barcelona: Carta desde las barricadas

El Departamento de Investigación de Letras Libres ha interceptado una carta de una manifestante en Barcelona. Esta es la traducción al castellano.

Mamá.

Papá.

Enric.

Querida iaia.

 

Estoy bien. Estamos bien. Tengo el cuerpo lleno de moretones. Me han pegado. Hoy volverán a pegarme. Pero estoy bien.

Los moretones pasarán pero lo que estamos haciendo es para siempre. Estamos haciendo historia.

Deberíais ver lo emocionante que es estar aquí, con los compañeros, defendiendo nuestro sueño. Ojalá pudieras estar, iaia.

Estáis preocupados. Lo sé. Pero no estamos locos. Tenemos seny. Tenemos rauxa. Y tenemos una ilusión.

Estamos cansados. Estamos hartos.

Fuimos la revolución de las sonrisas y ¿dónde nos llevó eso? A esas penas desproporcionadas y un juicio injusto.

A las cárceles sórdidas de un Estado fascista.

Europa. Europa, decíais. ¿Acaso nos reconoció alguien? Nos dejaron tirados, abandonados. Solos. ¿De verdad creéis que podemos esperar algo de ellos?

¿Ha habido menos represión porque fuéramos gente de paz? No. Al contrario. Solo ha habido un encarnizamiento feroz y una humillación constante.

La represión más feroz de la historia moderna, contra un pueblo que siempre ha querido ser libre y que lo fue durante ocho segundos.

Ocho segundos eternos.

Ocho segundos inolvidables.

Como inolvidable fue la masacre del 1-O, las palizas brutales y genocidas, un helicóptero volando sobre la ciudad, sus hélices clavándose como cuchillos en nuestra piel. Y la falta de empatía, la terrible falta de empatía del Estado español.

Es la misma falta de empatía que he visto estos días en los antidisturbios.

La otra noche estábamos intentando quemar una lechera y yo veía la expresión de los policías, su gesto de robot, de piedra, tras los cascos, sin humanidad, sin empatía, sin participar de ese momento.

 

Violencia, dicen. ¿No se quemaron contenedores en las marchas por los derechos civiles? ¿No se rompieron leyes injustas? ¿No protestaban violentamente las sufragistas para defender su derecho al voto, las colonias para ser dueñas de su propio destino?

Es violencia contra cosas y las fuerzas de represión. ¿Desde cuándo eso es peor que la violencia contra las personas? ¿Es más importante un contenedor que los derechos humanos?

 

Estamos bien. Nos cuidamos, mamá.

Como nos cuidamos nosotros, en la familia. Como me enseñaste a cuidar a Enric la temporada que le dio por salir con los castellanos aquellos.

Nosotros somos una gran familia.

Por cierto: Gracias por los tuppers, mamá.

 

No estamos solos. El mundo nos mira. Es una revuelta universal. Hong Kong, Chile, Ecuador, México, Greta Thunberg. Un verdadero #tsunami democrático. Una revuelta contra el fascismo, contra el capitalismo, contra la opresión, contra las fronteras. A veces el ambiente me recuerda un poco a la Erasmus y el Interrail. Italianos, griegos, catalanes unidos… Nos entendemos muchas veces en inglés.

Gracias, papá, por esos veranos en Irlanda.

 

También hay momentos duros. A veces, por ejemplo, estás en la barricada y es difícil encontrar un baño. La otra noche había uno público pero lo quemamos y luego nos dimos cuenta del problema. Ya sabéis que yo no puedo hacer pis si no es un váter, me da cosa en asfalto o en la tierra.

Núria ha faltado a clase de yoga dos días. Yo tenía entradas para un concierto esta noche pero no sé si podré ir.

La revolución exige sacrificios. Nadie ha dicho que esto fuera fácil.

Enric, ¿sabes si algún colega tuyo querría comprar las entradas?

 

El otro día vi a Rafa, el marido de Carmen, la que nos cuidaba cuando éramos pequeños. Tiene la tienda donde siempre. Estaba empeñado en abrirla a pesar de la huelga.

Es increíble, ¿no? Cómo de repente alguien tan cercano, tan próximo, a quien conoces desde hace tanto tiempo, tiene un comportamiento totalmente fascista. Alguien que se muestra incapaz de entender al otro. Alguien que colabora con la opresión a un pueblo que solo quiere votar, que solo quiere soñar. Alguien que participa de ese ánimo de venganza. Alguien contrario a nuestra república inclusiva. Un opresor ciego a los sentimientos de los demás.

Fui yo quien al final consiguió que se marchara. Me parecía que era mi deber. Le dije que le faltaba empatía. No sé si me reconoció, tenía una mirada vacía.

Gente que querías te decepciona profundamente. Es muy triste. Pero forma parte de este aprendizaje.

 

A veces, mientras pico los adoquines para tirárselos a la policía española y a la policía catalana al servicio del Estado español, me acuerdo de cuando el abuelo nos llevaba a la huerta en el mas, iaia.

Y Enric y yo que protestábamos porque no queríamos estar ahí. Nos parecía que Julián y Pilar olían raro, queríamos irnos con los otros niños.

Ahora el abuelo estaría orgulloso de mí, iaia.

 

Como yo me sentí orgullosa de vosotros la otra noche, papás, cuando vi la imagen de Turandot en el Liceo y el público pidiendo libertad para los presos políticos. Sabía que estaríais ahí. Con lo que os gusta la ópera. Luchando contra la opresión. Dos lugares, la misma guerra.

 

Esto lo hago por ti, iaia.

Por ti, Enric.

Por ti, Toby, mi perro bonito.

 

Por todas esas veces que mirábamos la tele y decían mal el nombre de nuestros representantes.

Es Artur, no Ártur.

¿Tan difícil es?

Por esa vez que mi amigo Carles estuvo en una discoteca de Tomelloso y una chica le dijo que no porque sabía que era catalán.

Por todos los penalties que no le han pitado al Barça.

Por aquella vez que llegaste tarde al trabajo, mamá, por culpa del déficit fiscal.

Por la señora de la ventanilla 2 del INEM del barrio que habla catalán a regañadientes, lleno de barbarismos.

Por 1714 y el charnego que te rompió las gafas en segundo de la ESO, Enric.

Me enrollé con él una vez pero no salimos ni nada.

Por la sentencia del Estatut. Por el 1-O.

Por todas las veces que estaba en el extranjero y me preguntaban de dónde era y decía Catalan y respondían ah, I love Spain.

Por lo que me habéis enseñado.

Por todo eso y mucho más.

 

Os quiero.

 

PS.

Os mando un selfie que nos hemos hecho en la barricada. Además de Núria y Laura están Dennis y Alice, una pareja australiana que estaba de viaje de novios y se ha unido a las protestas. Dicen que es hacer una luna de miel en una revolución. Son majísimos.