Una novela omnívora | Letras Libres
artículo no publicado

Una novela omnívora

El debut de Alba Carballal pone en práctica la idea de que la novela es un género en el que cabe todo: desde la parodia de casi todo a la disección de las relaciones entre padres e hijos.

De nacimiento, Eduardo Mendoza. Fede, el protagonista de esta novela, ronda los cuarenta, vive con su madre y no trabaja –fue expulsado de la vida laboral, aunque no sabemos los detalles–. La novela comienza interrumpiendo el salto que Fede iba a dar, presuntamente, desde el trampolín a la piscina: le avisan de que tiene una llamada de teléfono en recepción. Fede es lo suficientemente especial como para poner el teléfono de la piscina en un anuncio de búsqueda de empleo. Eso y que realmente, como un Bartleby posmoderno y precario, preferiría no hacerlo: es decir, no quiere trabajar. La llamada tiene un halo de misterio, una voz de hombre lo cita al día siguiente en un bar: el Libertad 8. Ha sido contratado, aunque aún no sabe para qué. En el bar lo recibe una despampanante mujer. El trabajo parece sencillo: solo tiene que hacerse amigo de alguien, un rico y famoso empresario. Solo tiene que descubrir si realmente este empresario planea desheredar a su único hijo, Eduardo Mendoza, a quien su padre no ha perdonado que ahora sea Natalia, la mujer que tiene delante Fede. Este es el planteamiento de Tres maneras de inducir un coma (Seix Barral), la primera novela de Alba Carballal (Lugo, 1992), un libro que bebe de muchas fuentes a las que homenajea de diferentes maneras: Eduardo Mendoza, Marsé, John Kennedy Toole, pero también Javier Krahe o Pedro Almodóvar.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Para Fede lo de la amistad es una cosa ya casi olvidada. Para Joaquín, el empresario, también. La suya se sella en un puticlub en el que entre las chicas está Susana, la socorrista de la piscina a la que va Fede. Entre Fede y Joaquín va creciendo algo así como una corriente de afecto y confianza hasta llegar al cariño. Por supuesto, es una relación desigual: Fede recibe regalos, dinero, no paga nunca y hasta hereda la ropa que antes fuera de Eduardo, ahora su empleadora Natalia. Fede redescubre la amistad y se da cuenta de que tener ese amigo es tener un tesoro. Pero la vida es difícil. Todo se va complicando y enredando, como en una película de Almodóvar, y como el musguito en la piedra.

El mundo cabe en una novela. La novela está dividida en capítulos que, como El Quijote –y este a su vez como las novelas de caballerías, las bizantinas y las pastoriles–, tienen un resumen de lo que sucederá. Por ejemplo: “De cómo Federico conoció a Natalia y las cosas que ella le contó”. Pero esos capítulos se llaman secuencia. Además, entre cada una de las tres partes, hay algo así como un interludio que sucede en un plató de televisión en el que un vidente atiende llamadas y peticiones de los telespectadores. Hasta la tercera parte, dos voces se intercalan para contar esta rocambolesca historia: la de Fede y una voz que no termina de identificarse hasta el final. Luego aparecen otras voces: la de la madre de Fede, la de una mujer que forma parte de un rectángulo amoroso y se descubre a quién pertenece esa otra voz que contaba la historia. Carballal tiene buen oído y es capaz de trasladar cadencias, tonos, maneras de hablar peculiares con las que construye a los diferentes personajes. Cada capítulo viene precedido de citas, entre las que hay canciones, artículos de la Constitución española, poemas, novelas; hay guiños a la televisión y al cine, hay sueños y alucinaciones, pero también aparecen algunas discusiones actuales, como el feminismo, y algunos problemas, como la vivienda y la redistribución de la riqueza. Tres maneras de inducir un coma demuestra que quizá la seña de identidad más clara de la novela es su capacidad para digerirlo todo, es el género que lo admite todo y que es capaz de construirse usando materiales diversos y trama disparatadas, como en este caso. De la parodia al retrato de las relaciones familiares, reflexiones sobre la década de los noventa o la sátira del machismo, todo cabe en esta novela. 

Salud, dinero y amor. Sabemos que las cosas más importantes en la vida son tres, como decía la canción: salud, dinero y amor. Esta novela, en la que quizá no fuera necesario que todas las tramas estuvieran tan relacionadas entre sí, ni que los cruces fueran tantos, va sobre todo de los dos últimos: el dinero y el amor, porque con la salud contamos. Hasta que de pronto se pierde. Entonces, ¿qué queda? ¿El amor o el dinero?