Puro glamour: Mamá nunca ganará el Nobel | Letras Libres
artículo no publicado

Puro glamour: Mamá nunca ganará el Nobel

Hemos inventado dos personajes, el murciélago Paca y la rana Juana, que quieren ser extraterrestres y se cuelan en la NASA, pero de un modo que no se cuenta, acaban en Garrapinillos.

Todas las madres del mundo se inventan historias para sus hijos. La madre de día de mis hijos decía que no entendía a las madres que le decían que no sabían contar cuentos: es facilísimo, me decía. La madre de día de mis hijos cuidó de cada uno de ellos en su casa desde que tenían ocho meses hasta que fueron al cole, menos de la pequeña: una de las cosas más duras de dejar Madrid fue dejarla a ella también. Ahora tiene otros bebés, son muy ricos, dice, pero ninguno como la tuya. También dice que ninguna madre como la madre del mejor amigo de mi hija mayor y yo.

Cuando la madre de día de mis hijos decía que no entendía a los padres que no sabían inventar cuentos para sus hijos yo me callaba porque odio inventarme historias para mis hijos. Prefiero leerles cuentos: Sendak, Dahl, Carle, Lindgren lo hacen mejor. La madre de día de mis hijos decía que era solo empezar y ya, que era una cuestión de prestar atención y mirar y jugar. Y se parece un poco a escribir: a veces basta con empezar y luego, como en las historias que se inventaba la madre de día de mis hijos, es cuestión de seguir y de ver dónde te lleva.

Una amiga compositora me preguntaba si les escribía cosas a mis hijos y le dije que solo por obligación, cuando se ponen muy pesados, y que todo lo que se me ocurre es muy malo. Mi amiga me aconseja que las mejore: te vas a arrepentir, te va a pesar como me pesa a mí ahora que mis hijos son mayores no haber jugado con ellos en el parque. No hace falta que lo publiques, me dice. Pero te vas a arrepentir, porque luego lo harás mejor, y desearás haberlo hecho para tus hijos.

Hemos inventado dos personajes, el murciélago Paca y la rana Juana, que quieren ser extraterrestres y se cuelan en la NASA, pero de un modo que no se cuenta, acaban en Garrapinillos. Se dan cuenta de que están en Garrapinillos porque pisan un charco de agua y encuentran M&M’s, la chuchería favorita de mis hijos. En un segundo capítulo, la rana Juana intenta dormir como el murciélago Paca y se cae y se hace un chichón. Tienen que entrar en la casa en busca de arnica: el peligro está en los perros y la gata de la casa. En fin, me parecen cuentos malísimos, y me sorprenden las carcajadas que sueltan los niños cuando pasa algo. Mi hija mayor me reprocha que sean cortos. Copiando La maravillosa medicina de Jorge inventamos la historia de una señora mayor que tenía la casa llena de libros, libros hasta dentro del horno, que se hacía amiga de una niña. La vieja moría y la niña tenía que resucitarla con una hechizo cuyas instrucciones la vieja había escondido entre los libros. Mi hija mayor me dijo que todos los cuentos que se me ocurrían iban de gente que escribía o salían libros. A veces también me dice que son tonterías, y que ella lo que quiere es una historia de miedo o de cuando yo era pequeña o de piratas o de una princesa que se hace amiga de un zorro que es su mascota pero también lucha con ella porque los zorros son salvajes. Hemos inventado otro personaje: el pulpo Marcelo, pero no tiene historia. Y mientras pueda seguirá así.

Hace unas semanas estaba leyendo un libro de cuentos de Alice Munro, el volumen es de 1974 pero nunca había sido traducido al español. Es una obviedad decir que hay cuentos muy buenos. Mi hija mayor lee todo lo que encuentra, así que me preguntó quién era Alice Munro cuando vio que llevaba el libro en la mano.

Una escritora canadiense, ganó el Premio Nobel, que es el premio más importante que le pueden dar a un escritor.

Mamá, tú eres escritora.

Sí.

O sea, que puedes ganar ese premio.

No, cariño. Ya me gustaría. Mamá no va a ganar el premio Nobel.

Vale. ¿Me haces una trenza?