Novia de poeta viaja a Berlín | Letras Libres
artículo no publicado

Novia de poeta viaja a Berlín

'Diario pinchado', de Mercedes Halfon, tiene una apariencia leve, encierra reflexiones sobre la poesía, sobre las becas y sobre la literatura. Su ligereza es en realidad un cebo para atraparnos en una historia de desinfle y despertar.

Cosas de poetas. Una chica viaja a Berlín desde Buenos Aires para ver a su novio, poeta, como ella, que disfruta de una beca de escritura allí. Los dos escriben, pero no vemos los poemas que escriben. Lo que estamos leyendo es el diario de ella, que escribe cada día, puntual y aplicada a cada rato que tiene libre. El problema es que todo son en realidad ratos libres. Es Diario pinchado, de Mercedes Halfon, publicada en Las afueras, una novela en forma de diario que parte de un diario real que mantuvo durante un viaje a Berlín, pero que luego creció, añadió ficción y elevó el vuelo y se transformó en este relato impresionista y casi susurrado de la caída del caballo de la protagonista con respecto a su relación.

Lost in translation. La primera extrañeza sucede al poco de aterrizar: “Nuestro encuentro fue raro. Hace tres meses que estás acá, me sorprendió que ya hablaras alemán. Quedé atónita mientras le hacías un chiste al taxista que nos llevó. Los asientos eran de un cuero liso y reluciente que en cada frenada me hacía deslizar un poquito más hacia el suelo”. Se acuestan, pero de memoria, “como si no hubiera lugar para la sorpresa ni la improvisación”. El novio está centrado en su escritura, tiene que acabar el libro y entregarlo y eso es lo único en lo que piensa. No le hace mucho caso a la chica y en las pocas salidas que hacen ella siente que la deja de lado. No dice, por ejemplo, que ella también escribe.

Ella escribe y lee, entre otros, Infancia berlinesa hacia 1900, de Walter Benjamin (que acaba de reeditar Periférica, por cierto), del que copia frases en su diario. Algunas frases anticipan lo que va a suceder: “Pero mucho más difícil que la distancia es la cercanía”; o “¿Cómo puedo extrañar a una persona que vive conmigo?”. Como sucede a veces, los lectores nos damos cuenta antes que ella de que el desenlace no puede ser otro que la ruptura. Lo sabemos también porque ha empezado a rememorar los primeros encuentros, los primeros viajes. Lo que no sabemos es cuándo sucederá ni cómo. Hay otra pista: el colchón en el que duermen es un hinchable y tiene un pinchazo que no logran encontrar. Cada noche se acuestan con el colchón inflado y a la mañana siguiente se despiertan con el colchón sin aire.

Perderse en Berlín. El novio escritor le dice que no sea “tan casera, tan capricorniana” y que salga a la calle, que vaya ella a ver los lugares turísticos, que si se pierde, siempre puede preguntar. Ella tiene mala orientación: “Orientarse para mí es poder ir a lo desconocido y saber volver después”. Hace breves salidas y poco a poco se anima a alejarse más y se pierde, se desorienta. Logra ubicarse y cuando llega a casa lo encuentra a él absorto en su trabajo y ajeno al ataque de pánico que ha estado a punto de sufrir en la calle. “No me atreví a contarte lo que había pasado, ya preveía tu fastidio, las críticas a mi despiste”. Anota una frase de Benjamin: “Importa poco no saber orientarse en una ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque requiere aprendizaje”.

Alemanas que se bañan desnudas. Franziska aparece como un punto de inflexión: se conocieron en Argentina, hace años, se llevaban bien, las dos escribían. Franziska dejó de mandarle correos porque fue perdiendo el español. Es un reencuentro tranquilo, recuperan la complicidad pasada como si nunca se hubieran separado. Franziska ha dejado de escribir y trabaja en un taller de carpintería, la lleva de excursión a un bosque, allí hay un lago en el que Franziska se baña desnuda, pero la chica no se atreve a seguirla: “Pienso en lo hermoso que debe ser sentir el sol sobre toda la piel y luego el agua fría. Por alguna razón que no logro desentrañar no pude hacerlo”. Hay un beso más o menos furtivo entre ellas, y luego el novio se va una semana con otros escritores becados. La chica se queda en Berlín, se apunta a un grupo de trekking y lee los escasos mails que le manda el novio: retrasa su regreso, le pide que le espere.

Las poetas y Juana Bignozzi. Mercedes Halfon es autora de El trabajo de los ojos, un libro donde se mezcla el ensayo con el relato de su estrabismo y los miedos a que su hijo también lo desarrolle. Es una reflexión sobre la mirada en el arte y en la literatura. Halfon es también poeta y codirectora, con Laura Citarella, de la película Las poetas visitan a Juana Bignozzi. Halfon y Bignozzi se conocieron cuando Halfon la entrevistó; a Bignozzi le gustó tanto la pieza que se hicieron amigas, y Bignozzi la nombró albacea literaria a su muerte. La película es un retrato de la poeta, pero también habla de cómo enfrenta Halfon la edición de los poemas de su amiga. Halfon tiene una sensibilidad peculiar, se fija en los detalles y siempre trata de ver un poco más allá de lo que las cosas muestran a simple vista. Diario pinchado tiene una apariencia leve, encierra reflexiones sobre la poesía, sobre las becas y sobre la literatura. Su ligereza es en realidad un cebo para atraparnos en esta historia de desinfle y despertar.