La vida literaria | Letras Libres
artículo no publicado

La vida literaria

Hace unas semanas, Trapiello explicaba que escribe porque eso le hace vivir más intensamente. Leer su Salón de pasos perdidos produce el mismo efecto. Sólo hechos, la entrega más reciente de ese formidable proyecto narrativo de Trapiello, cubre el año 2006, en que publicó su libro El arca de las palabras. El protagonista anda por los cincuenta. Su mujer supera un angustioso episodio de salud, se prejubila, puede dedicarse a la investigación. Él se preocupa porque sabe que pronto sus hijos se marcharán de casa.

Como en otras entregas de la serie, hay muchos asuntos literarios en el volumen. El prólogo es una reflexión sobre la naturaleza del texto y su relación con la verdad, que continúa una conversación que Trapiello tuvo con Arcadi Espada. La vida literaria incluye episodios cuyos protagonistas no son difíciles de reconocer, descripciones llenas de humor de ceremonias literarias (por ejemplo, en la Real Academia de la Lengua), retratos o comentarios de escritores como Vila-Matas, Caballero Bonald, Miguel Delibes o Ian Gibson. Hay encuentros incómodos, complicidades y muchas veces una sensación crepuscular, de despedida. Algunos personajes ya saben que el narrador lleva un diario, por lo que el libro tiene a veces un tono a lo Ocho y medio o Desmontando a Harry. Las páginas de glosa, de discusión sobre las palabras, sobre adjetivos absurdos o la definición de “ruiseñor”, o de citas, están llenas de valiosas lecciones sobre el lenguaje y la escritura.

Retrata como pocos las pequeñas humillaciones que salpican la vida del escritor o la angustia a menudo empujada por uno mismo: tiene una rara habilidad para detectarlas y plasmarlas con gracia (en esta entrega, por ejemplo, la hostilidad en el pueblo o una discusión memorable en Santander). Es la misma sensibilidad que sabe describir el idilio en el campo, la felicidad de una tarde o mostrar sin énfasis la melancolía del paso del tiempo.

Como el conjunto, es un libro hondo, divertido y adictivo. Aparecen aforismos, la presencia reiterada de autores como Cervantes o Juan Ramón Jiménez, frases que son casi greguerías (“El gallego es la única lengua que conozcamos a la que al poco le nace musgo y líquenes, como al granito de los cruceiros”; “Camina siempre de perfil, como los jeroglíficos”) y reflexiones sobre lo que la gente de su generación ignora de sus padres, u observaciones como: “El conceptismo, en literatura, es lo más cerca que se puede estar de la papiroflexia. El cubismo literario empezó en Gracián.” La distancia entre la melancolía y el humor, entre la literatura y la vida, se desdibuja: “La verdad, ni a JRJ ni a Machado ni a Unamuno se los imagina uno pasando el limpiafondos”.

Yo no soy el tema de mi libro, en realidad apenas soy nada en ellos. Ni siquiera el que pasea el espejo a lo largo del camino. Como mucho, soy el espejo. Un espejo roto que refleja la realidad rota que al romperse se multiplica, como un caleidoscopio”, le dijo Trapiello a Juan Marqués en una entrevista, publicada en estas páginas, a propósito de Seré duda. La cuestión no es contarse a uno mismo, sino también lo que va a encontrando: Sólo hechos es un libro lleno de historias. Otro día podría elegir otras, pero tres de mis preferidas son el relato familiar y triste de “la madre” y “el hermano” mayor, dañado al nacer con un fórceps; y el hallazgo de una colección de billetes capicúa (que también aparecen en la portada). Quizá la historia más estremecedora que cuenta es la del asesinato de cinco hermanos y su padre en Coín, en Málaga, por parte de unos anarquistas, en agosto de 1936. Se la cuenta el filósofo Javier Muguerza, único superviviente de los hermanos, que tenía meses cuando se produjo el crimen. Trapiello empleó la historia en un artículo sobre la memoria histórica y en su novela Ayer no más.

Durante años, cuando algunos de los lectores que más respetaba eran seguidores de los diarios de Trapiello y cuando yo admiraba libros como Las armas y las letras, Clásicos de traje gris o Mar sin orilla, me imponía Salón de pasos perdidos: me parecía que llegaba demasiado tarde. Ahora sobre todo me alegro de haber llegado. ~


Tags: