La muerte del hipster | Letras Libres
artículo no publicado

La muerte del hipster

Nueva entrega de las aventuras del hipster en la España vacía.
Episodio especial.

[Un hipster en la España vacía. Ahora con toros y putas.]

Vidal Gascón, cronista local

El último día de las fiestas patronales, a las 20:35, en el bancal del tío Ratón en el camino de la Pintada, kilómetro 2, el guardia civil apuntó y se dispuso a cumplir el protocolo. Se oyó una detonación. Jorge Notivol, flamante alcalde de La Cañada, héroe local, el hipster, se desplomó sobre un matojo de aliagas.

-¡Me cagüen el copón!

El guardia civil y sus compañeros miraron con horror, como los habitantes del pueblo que se habían desplazado hasta allí.

Lo que pasó después es bien conocido. Pero lo importante es ver cómo se llegó hasta ese momento. No es una historia sencilla. Una investigación exhaustiva nos ha permitido reconstruir los acontecimientos. Para ello hemos hablado con numerosos testigos, hemos consultado los archivos de Notivol y nos hemos inventado lo que nos ha dado la gana.

 

  1. UN FRAGMENTO DEL DIARIO DEL HIPSTER

El trabajo es difícil pero ilusionante. Los proyectos más importantes tienen una buena acogida, también entre la oposición.

Por ejemplo, ayer el exalcalde me dijo:

-Haz lo que te salga de los huevos.

He hablado con la alguacila de los preparativos de las fiestas. El escenario en el polideportivo ya está montado. El pueblo está preparado para la visita del domingo. Dice que le gustan los nuevos carteles del ayuntamiento. El de Refugees Welcome ha quedado precioso, me ha dicho. Creo que tiene razón.

Cuando propuse crear una zona peatonal en el centro del pueblo pensaba que iba a encontrar algunas resistencias. Pero luego Lourdes me dijo que de todas formas a la plaza no va nadie en coche, que la calle de la farmacia es muy estrecha y si te cruzas con alguno de la familia del Tocinero tienes que esperar a que pase el otro. Técnicamente, dice Lourdes, es como si el centro del pueblo ya fuera peatonal. La clave, según ella, es no decir nada para que nadie se entere y proteste.

¿A que es una buena idea?

La política de reciclaje de residuos orgánicos es un poco más complicada. Yo había pensado en colocar unos contenedores y que desde allí se distribuyeran en los corrales para las gallinas. Pero algunos me han dicho que prefieren dejarlo ellos mismos en su propio corral. No es fácil vencer las inercias -que responden a una idea individualista, al servicio de la cosmovisión neoliberal.

Esta tarde, sin embargo, ha habido una cuestión más delicada.

Cuando he ido al ayuntamiento después de comer ahí estaba el tío Juan, en el trinquete, fumando tabaco de liar y con la gayata al lado. Aunque hemos puesto carteles desaconsejando el manspreading, él seguía espatarrado como siempre.

¿Le debía decir algo o no? El nudge no estaba funcionando. Por otra parte, todos lo llamaban Juan el Garroso, Juan el Zambo. Al margen de que es discutible poner a alguien un sobrenombre a causa de una característica física -¿cómo decirlo?- no mayoritaria, Garroso es el apodo de la familia desde hace varias generaciones. En su caso, ¿el manspreading forma parte de su identidad? ¿Debíamos hacer una excepción?

El ejercicio del poder está lleno de contradicciones. (Manspreading, identidad, interseccionalidad: Tengo que pensar más sobre esto.)

-Ahí tienes a las Joint-venture -me ha dicho Juan.

En la puerta de mi despacho (¡qué raro se me hace escribir esto!) había dos mujeres en jarras. A las dos las conocía, claro. Una era Remedios Millán, que es la asistente social de la comarca y dirige la Asociación de Feminismo y ganadería de Sierra de Sanmartín. Es hermana de Alfonso y Joaquín, la única que ha estudiado de los tres hermanos, y vive en la cabecera comarcal. Cuando viene al pueblo (lleva un Peugeot 106 rojo viejísimo) Alfonso y Joaquín se esconden en la parte trasera del bar, en la zona donde fumaban los adolescentes cuando había adolescentes en el pueblo. La otra era Joaquina la Cartera, un ama de casa que dirige la asociación cultural Nuestra Señora de Arcos, las beatas del pueblo, dice Lourdes. (No es cartera, es el apodo familiar.)

Las llaman las Joint-venture porque se han asociado otras veces. Por ejemplo, consiguieron que no se celebrara el festival de poesía erótica de Cañizar: obtuvieron el apoyo de la vicepresidenta y del arzobispo de la diócesis de Zaragoza. Han hecho campaña también para que no se ponga reguetón en la sala Morales, la única discoteca de la comarca. Pidieron que se retirase Lolita de las bibliotecas municipales de la zona. No estaba en varias, así que consiguieron que se comprara (en bolsillo) y se retirase después: toda una declaración de principios. Es un ejemplo de la vibrante sociedad civil que podemos ver en la España vacía.

Joaquina y Remedios están molestas por la apertura del Shanghái. Es un prostíbulo que hay en el límite del municipio. Funciona solo en verano, que es cuando hay más gente. Dicen que es el único negocio que se ha abierto en la comarca en los últimos diez años. Remedios y Joaquina quieren que el ayuntamiento lo cierre. El argumento de Remedios es la dignidad de las mujeres, y dice que sabe que yo estoy comprometido con la causa feminista. Joaquina coincide y dice que además es tía segunda mía. No es una situación fácil.

Ha sido tenso. Remedios ha dicho que estaba muy decepcionada y que si el ayuntamiento no actuaba tendría que ver qué se podía hacer. Joaquina ha dicho que llamaría a mi madre y que qué tal estaba mi hermano. Siempre fue el favorito de la familia.

Me han insistido en que fuera al Shanghái.

Le he preguntado a Alfonso si podía llevarme para ver posibilidades, quizá buscar la forma de conciliar los distintos intereses. Se ha hecho el remolón, me ha dicho que no estaba seguro de dónde era, que estaba ocupado…

Al final, he ido en bicicleta. No sabía bien donde estaba pero al final he pensado que sería la única masada que no estuviera abandonada. Aparte, tenía que poner Shanghái, esa también era una buena pista. He entrado por un camino de grava. En las escaleras de la puerta había una mujer de unos cincuenta años, fumando.

-Hombre -ha dicho-. El señor alcalde. ¿A qué se debe el honor? -Me ha parecido que su tono era un poco sarcástico, pero igual era el acento.

Era Silvina Domingo, la madama.

 

La reunión ha sido interesante, aunque no he podido convencerla de nada. He intentado tratar el asunto de manera diplomática, era una especie de tanteo. El sitio es sórdido y no parece muy higiénico, me recuerda a un bar al que íbamos en la época de la facultad, pero sin el póster del Che. Había un tipo grande, que no hablaba. Le he preguntado a Silvina qué hacía y ha dicho que era el becario.

Se ha hecho de noche. Me iba a ir, pero Silvina ha preguntado si llevaba un chaleco reflectante. La verdad es que se me ha olvidado. Pero no pasa nada, apenas hay tráfico. Silvina ha dicho que es muy importante cumplir la ley, y que ella misma me llevaría en su coche.

Me ha dejado a la entrada del pueblo.

-Hola, Alfonso -ha dicho.

Alfonso estaba charlando con su hermana Remedios. Silvina ha dado la vuelta y se ha marchado.

 

Qué difícil es cambiar las cosas. Poco a poco, me digo. Bastante me costó cancelar los toros. Menos mal que se me ocurrió una alternativa interesante, el concierto de mi amigo Ariel Manara, una leyenda de la canción de autor antiespecista argentina. La hegemonía se conquista poco a poco.

 

2. EL CONCIERTO

La visita a la que se refería el hipster era la visita de la ministra de Economía. No era de la zona, porque el único ministro aragonés de los últimos 20 años había sido Román Escolano, y el gobierno cayó poco después de su nombramiento (un factor a menudo ignorado en la moción de censura), pero uno de sus asesores había pasado dos veranos en la zona y pensó que era una buena manera de mostrar su compromiso con la España despoblada. Así se celebraba también la victoria de las fuerzas de progreso (de hecho, solo se registró un voto para Vox en la Cañada, y todo el mundo sabe que fue Mohamed, que es moro y no cuenta). Se habían anulado los toros, pero una peña había contratado a una ganadería para hacer un corrida en las eras. El concierto de Ariel Manara, esta vez sin su banda de acompañamiento habitual, Los Aliados, despertó el interés que habría producido una prueba de sonido de una orquesta sin cantante femenina. Tocó algunas de sus canciones más famosas -Núcleo irradiador, Tu significante vacío, baladas conmovedoras sobre las tendencias divisivas de la izquierda como La desolación de la disgregación, himnos eróticos-antiespecistas como Animal transversal, incluso el clásico La cuadratura del círculo-, que eran tan célebres como las menos conocidas. Terminó con una versión del Canto a la libertad de José Antonio Labordeta adaptada al lenguaje inclusivo:

Habrá un día en que todes

Al levantar la vista

Veremos una tierra

Que ponga libertad.

Hermane aquí mi mane…

También será posible

Que esa hermosa mañana

Ni tú, ni yo, ni el otre

La lleguemos a ver

Pero habrá que consensuarla

Para que pueda ser.

Después del concierto de Ariel Manara empezó la actuación de la orquesta Sal y Pimienta. Según testigos presenciales, Ariel y el hipster se tomaron una cerveza en la barra. Remedios se acercó a Notivol y le volvió a hablar del Shanghái. El hipster le dijo que habían estado allí, pero no sabía qué podía hacer. Ella se marchó molesta. Mientras tanto, Ariel Manara intentaba entablar conversación con todas las mujeres que había en el polideportivo. Ninguna de las seis mostró mucho interés. Ariel volvió a la barra y pidió un vodka. Estaba tan desanimado que abandonó un momento su acento porteño (era de Alcobendas, Madrid, y se llamaba Sergio García, pero había pensado hacía mucho que así le iría mejor). El diálogo, reconstruido, fue más o menos este.

-Oye, Jorge, ¿te has fijado en una cosa?

-¿Qué?

-En este pueblo todas las tías son lesbianas.

Jorge Notivol, el hipster, observó a las mujeres. Unas bailaban, otras charlaban. A unos metros, mirando fijamente a Ariel Manara, estaba un grupo de hombres del pueblo, con los brazos cruzados: los maridos y novios de las mujeres, además de algunos familiares. Había varios empleados de la serrería, tres mineros jubilados anticipadamente, y hasta el hipster pensó que su amigo estaba leyendo mal la situación.

Ariel Manara terminó su vodka limón, abrazó al hipster y se marchó del polideportivo. Cogió su coche (bueno, era el coche de su padre) y salió del pueblo.

Estaban terminando los pasodobles, faltaba poco para el bingo, pronto empezaría el rock.

 

3. A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS

Un par de horas antes Remedios Millán, asistente social de la comarca, abrió la puerta del Shanghái, impetuosa, cargada de razón y folletos abolicionistas y dispuesta a armar un escándalo. Baskin Kadaré, de origen albanokosovar, también conocido como el Becario, intentó detenerla, pero se asustó.

Era un poco pronto, y en el bar solo había una camarera (Marta), el becario de seguridad que sesteaba y el sacerdote de Los Olmos, que al parecer había ido a hacer una visita a una prostituta enferma y bajaba en ese momento del piso de arriba.

Remedios pidió un vaso de agua y esperó. Menos mal que había traído un libro.

-¿Qué estás leyendo? -preguntó Marta.

Pasaron las dos horas siguientes hablando de Margaret Atwood. Marta invitó a Remedios a unos pacharanes, le dijo que no se lo diría a la jefa.

El Shanghái se animó. Fueron llegando clientes y empezaron a bajar algunas de las chicas.

Al cabo de un tiempo se abrió la puerta y entró el cantante Ariel Manara, con la funda de la guitarra a la espalda. Pidió una copa, miró a Remedios y le dijo: ¿Tomás algo?

Cuando abrió los ojos, Sergio García alias Ariel Manara tenía un considerable dolor de cabeza y una melodía que le rondaba obsesivamente. Era una balada desgarradora y romántica. Le parecía que cuadraba mejor en su otro alias, el cantante melódico italiano Eros de Sica. Se incorporó, intentó no despertar a la mujer que dormía en la cama a su lado. Empezó a juguetear con un estribillo: “Perdona, bonita, io no miro mucho el WhatsApp/ Manda un Telegram y contestaré ASAP”. Era un clásico instantáneo.

En un bolsillo de la funda de la guitarra encontró el bocadillo de jamón denominación de origen que le había dado la tía de Jorge Notivol, el hipster, y una botella de agua de la fuente de los doce caños. El dinero estaba en la mesilla. Barajó llevárselo. ¿Qué haría un cantante argentino? Mejor no pensarlo. Se levantó, miró la habitación por última vez, comprobó que no olvidaba nada y bajó las escaleras.

En el bar le llamó la atención una mujer con un aspecto que le pareció severo y sensual al mismo tiempo. Le recordaba a una prima de su madre, diría más tarde. Vestía de colores oscuros y hablaba con Marta, la camarera. No podía saberlo, pero era Joaquina Lafaja, la Cartera, que había ido al Shanghái cargada de razones y folletos, dispuesta a armar un escándalo. Eros de Sica se acercó y preguntó: “Prende qualcosa de bere?”.

 

4. UN EJEMPLO PARA ESPAÑA

El domingo, a media mañana, todo estaba listo para la visita. A las 11:30, contraviniendo la normativa no escrita de La Cañada Central, un coche negro entró hasta la plaza mayor, derrapando como en una serie de policías de los años ochenta. De él bajó Silvina Domingo, la gerente del Shanghái, el club de alterne que se encuentra a las afueras del pueblo, visiblemente molesta. Se dirigió al hipster Jorge Notivol, diciendo: “Esto no puede ser, así vamos mal”.

-Las civiles no pueden venir al local a robarme la clientela -decía.

Al parecer, alguna mujer del pueblo había ido al establecimiento de Domingo y había atendido a un posible cliente, utilizando además las instalaciones del propio local.

En ese momento apareció la comitiva de la ministra, con el asesor y los guardaespaldas. Era el punto de encuentro. Por segunda vez se rompían ese día las reglas tácitas de La Cañada Central. El hipster fue hacia el coche, y Domingo lo acompañó quejándose de que lo que había ocurrido era competencia desleal, una “OPA hostil” y “una puta vergüenza”. Cuando la ministra bajó del coche junto a su asesor y al presidente de la diputación provincial, el hipster la saludó y se presentó como alcalde. Ella dijo que encantada, luego le tendió la mano a Domingo diciendo:

-La representante de la asociación feminista de la comarca, qué ilusión conocerte. Enhorabuena por vuestro trabajo.

-Sí, sí -dijo el hipster, con una rapidez que sorprendió a todos, y no en menor medida a sí mismo-. Silvina Domingo.

-Cuéntame un poco más de ti. ¿A qué te dedicas?

-Emprendedora -dijo Silvina.

-Qué bien. Es importante crear tejido en el mundo rural.

-Dirige una pyme -dijo el hipster.

-Ah, qué interesante. No debe de ser nada fácil aquí.

-Hay que esforzarse, sí.

-Hay poco trabajo en el mundo rural, para las mujeres es aún más difícil.

-Hay avenidas de oportunidad -dijo el hipster-. Hay que saber buscarlas.

-En mi empresa todas las trabajadoras son mujeres -dijo Silvina.

-¿De verdad?

-Es parte del concepto original -dijo el hipster.

-¿Qué sector?

-Servicios.

-¿Todo mujeres?

-Sí.

-¿Hay riders?

-Riders y lo que quiera, ministra. Tenemos de todo.

-Tiene muchísimo mérito.

-Bueno, hay un chico -dijo Silvina.

-Un becario, en realidad -matizó el hipster.

-Vamos a sacar un estatuto del becario. El compromiso del gobierno con su situación es firme. Diego -dijo a su asesor-, quiero que hables un poco con Silvina y que te cuente.

El hipster presentó a la ministra brevemente. Estaba un poco nervioso, pero cuando se quedaba en blanco hacía lo mismo que había hecho en la campaña: traducía trozos de canciones de Bruce Springsteen, cambiando las referencias geográficas, porque se adaptan bien a Aragón. A continuación la ministra tomó la palabra.

Dijo que estaba muy feliz por haber ido a La Cañada, en un ayuntamiento de coalición donde gobernaban las fuerzas progresistas y donde se había conseguido un consenso ejemplar. Manifestó su compromiso con la España vacía y con el tejido social y empresarial que desde la lucha diaria y el esfuerzo generoso, pero también la esperanza, mejoraba cada día nuestro país. Era, de nuevo, un ejemplo. Como lo era gente como Silvina Domingo, emprendedora, una mujer tenaz e imaginativa, comprometida con el feminismo. La España rural podía ser un modelo de sororidad, gracias a mujeres como ella. Y el gobierno iba a apoyar a esas empresas que pretendían dar oportunidades a las mujeres del mundo rural, creando unas ayudas especiales.

Hubo un aplauso, luego la ministra subió a su coche y desapareció con la comitiva. Diego, el asesor, apuntó frases del discurso y las difundió en las redes en cuanto hubo cobertura. Académicos independientes retuitearon las observaciones de la ministra: “Necesario discurso en la Cañada”, “Imprescindibles reflexiones”. Pero eso fue un rato más tarde y tampoco tiene demasiada importancia.

La ministra y su equipo acababan de marcharse cuando llegó la alarma. Legionario, el toro contratado por la Peña Desastre, se había escapado del corral y estaba en paradero desconocido.

 

5. LA CAZA

Al parecer, Legionario había conseguido romper la puerta del corral en un momento indeterminado de la noche. “Ya les dije que no aguantaría”, dijo Fernando Ayuso, carpintero del pueblo. Se emitió un pregón de urgencia avisando del peligro.

Dos coches patrulla de la Guardia Civil salieron en busca del animal. También fueron Alfonso y Joaquín Millán, campeones de tiro de la zona, junto a otros miembros de la asociación de cazadores. Los acompañaban Lourdes y el hipster, pastores jubilados, la alguacila y varios curiosos más. Las abuelas avisaron: “Abrigaos, que a la tarde refresca”.

Pensaron que lo más probable era que el animal hubiera escapado por la zona de la carretera de la Pintada, porque era a la que se salía desde las eras. Había cierta inquietud por que entrara en el pueblo. Más de una vez ha pasado, en La Cañada o en localidades cercanas, que un toro ha subido por las escaleras de una casa y luego no sabía bajarlas. La gente estaba preocupada por sus hijos, sus suegros, sus coches.

La búsqueda duró varias horas. Hubo varias pistas falsas. Confundieron a una cabra montés que andaba por los riscos; una de las parejas de la Guardia Civil intentó asaltar, al estilo de un comando de operaciones especiales, un prado cerca del Cabezo Budo, pero ahí solo estaban las vacas del tío Pepe y el propio tío Pepe, echando la siesta; unos chicos confundieron al toro con un perro grande que se veía a lo lejos; se avistaron varios animales que anteriormente solo habían aparecido en los libros de Antón Castro. Localizaron a Legionario al final de la tarde, recortado contra el árido cielo turolense, en una especie de meseta que sirvió de aeropuerto durante la Guerra Civil.

Los coches avanzaron hasta donde se podía llegar. Al otro lado de un muro de piedra, el toro levantó la cabeza y bajó por una pequeña ladera salpicada de carrascas y sabinas. El hipster saltó el muro. Todos intentaron detenerle, pero ya había salido hacia dónde estaba Legionario.

Su intención, como siempre, era dialogar. Pero no parecía que Legionario estuviera por la labor. Mientras el hipster saltaba el último murete antes de llegar al campo, el toro se volvió hacia él y lo miró preparando la embestida.

Los guardias civiles y los cazadores saltaron el primer muro y se apostaron detrás de las carrascas. Los guardias civiles debían disparar porque así lo mandaba el protocolo. Los cazadores querían hacerlo por diversión. Todos estaban frustrados, el hipster se había metido en la línea de tiro. Y por otro lado el animal avanzaba hacia él, de forma que también corría peligro. Entonces ocurrió lo que nadie esperaba. El hipster se quitó la cazadora que se había puesto por indicación de su tía, la extendió como un capote y encaró al animal.

Los testigos presenciales hablan de una serie de pases, pero varía el número. Habrían sido cuatro o cinco, según algunos, un tanto chapuceros. Para otros, revelaron un estilo sorprendente y fueron por lo menos una decena.

El caso es que en un momento Legionario se detuvo, con una expresión levemente melancólica. El hipster abrazó al animal, le susurró algo al oído y se puso la chaqueta. Se había levantado el viento.

¿Qué fue lo que hizo el hipster? ¿Cómo logró dominar, o, por decirlo de manera más inverosímil pero acaso más fidedigna, persuadir al animal? Existen varias teorías, todas extravagantes. Para algunos fue el puro cansancio del toro. Para otros unas palabras prudentes. Algunos dicen que, como el joven Alejandro Magno con Bucéfalo, había descubierto que el toro tenía miedo de su sombra, y que había empleado el último rayo de sol para contenerlo. Otros sostienen que fue chiripa. Por un momento el campo quedó en silencio. De repente, todo parecía tranquilo.

Precisamente en ese instante sonó la detonación. El hipster cayó sobre un matojo de aliagas. Un arma se había disparado en ese momento de tensión, o quizá alguien confió demasiado en su puntería.

-¡Mecagüen el copón! -se oyó.

El hipster estaba inmóvil en el suelo.

Legionario se asustó, pero luego siguió mordisqueando tranquilamente la hierba rala.

Lourdes saltó el muro y fue hasta él. Tras ella corrieron dos de los guardias civiles. Lourdes ya había llamado al 112, pero muchos pensaban que probablemente fuera demasiado tarde.

De pronto el hipster abrió los ojos, con expresión de sorpresa. Pero el desconcierto de Lourdes y los guardias civiles era mucho mayor.

Lourdes llevó la mano al pecho del hipster, donde había dado la bala. Tocó algo sólido. Lo sacó. Era un ejemplar de La España vacía, el célebre ensayo de Sergio del Molino. El libro había detenido el proyectil. El hipster miró a Lourdes y levantó la vista al cielo. Habían salido las primeras estrellas.