Historias de vidas pequeñas | Letras Libres
artículo no publicado

Historias de vidas pequeñas

'Nuestras vidas' es un retablo de la vida urbana y del trepidante ritmo de las ciudades construido con historias de soledad.

La cajera del Franprix. La chica que atiende la caja número ocho del Franprix de la calle Rendez-vous, de París, en el 12, se llama Gordana. “El cuello de Gordana es largo, cremoso, sólido, carnoso. Ese cuello habitado por fuerzas imperiosas la clava en la vida como un árbol se clava en la tierra”, escribe la narradora, fascinada por la cajera. Gordana es una presencia imponente y magnética en la caja. Su contundente cuerpo es un muro, sobre todo sus pechos, “Te dejan indefenso. Te quedas ante ellos, quisieras pensar en la compra, ejecutar los gestos por orden, sacar dejar ordenar, vaciar llenar, la tarjeta el código. Nos esforzamos nos concentramos nos aplicamos, todos más o menos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes y de mediana edad; pero los pechos atraviesan, rezuman, es algo orgánico”. Lo que contiene hay que reconstruirlo, imaginarlo, inventarlo: “El cuerpo de Gordana, su voz, su acento, su nombre de pila, su pose, vienen de lejos, de fronteras negadas, de exilios forzosos, de los saqueos de la historia que aplastan las vidas a grandes golpes de tratados embastados con más o menos prisa. No se sabe si Gordana fue niña. Me imagino el final de los años ochenta, el este del Este y las últimas convulsiones de repúblicas muy moribundas”. Gordana tiene dos cosas que no se ven a simple vista: una cojera que, de haber crecido en otras circunstancias se habría resuelto, y un hijo que dejó en el este del Este.

Tres puntales para una novela. Gordana es uno de los tres vértices de Nuestras vidas, la novela de Marie-Hélène Lafon (Minúscula) que es, en realidad, la ampliación de un cuento largo al que la cajera rubia daba nombre. Los otros dos vértices son Horacio Fortunato y la narradora, Jeanne. Horacio está enamorado secretamente de Gordana y, como la narradora, siempre acude a la caja en la que está ella. Los tres encierran una historia de soledad. Nuestras vidas es en parte el relato de un amor que no ha sucedido, el de Horacio y Gordana. Y la historia de los amores perdidos de Jeanne: su novio, Karim, argelino, desaparece de la noche a la mañana sin dejar ni rastro. De él le llegarán noticias por un amigo común al cabo de los años: vive en Marsella, tiene un hijo. Jeanne no se molesta en comprobarlas. Horacio cuida de su padre. Una amiga de Jeanne, madre de cuatro hijos, descubre que su marido la engaña: tiene un hijo con otra mujer. Le dispara después de mandar a los niños a casa de amigos y parientes. La vecina de Jeanne, madame Jaladis, muere y su hijo hereda el piso. Poco a poco, con las pinceladas de las vidas de estos personajes, Lafon construye un retablo de la vida urbana y del trepidante ritmo de las ciudades –esa era una de sus preocupaciones: conseguir el ritmo de la ciudad, frente a casi todos sus demás libros, donde lo que primaba era la tensión entre el campo y lo urbano.

Historias de soledad. Por diferentes razones, todos los personajes están solos. “Este libro no cuenta una historia, anuda historias de soledad”, explica la autora en un vídeo de la Librería Mollat. Hay un momento en que la narradora se pregunta por lo que sucederá con Horacio Fortunato cuando muera su padre y se vea liberado de cuidarlo, pero estará ya solo: “Qué será de Horacio Fortunato cuando su padre haya muerto, en quién pensará en el transporte público, sobre quién se inclinará, a quién tocará, para quién elegirá los mejores productos domésticos y las carnes blancas fáciles de digerir, para quién pasará por la farmacia, quién lo esperará con ilusión, quién contará con él para cambiar la bombilla del baño o para arreglar el tirador del armario de los zapatos y regar las orquídeas y ocuparse del panteón del cementerio de Bagneaux y llamar a la peluquera a domicilio y cambiar la pila del mando a distancia de la televisión nueva. Quién, muerto ya el padre, pensará en Horacio Fortunato varias veces al día”. Marie-Hélène Lafon construye aquí una novela de novelas, hecha de historias pequeñas. La vida se revela en cada página y el afecto busca salir a la superficie como el cuerpo de un ahogado.

Nuestras vidas

Marie-Hélène Lafon, trad. De Lluís Maria Todó

Barcelona, Minúscula, 2019, 126 pp.