España, año 92, visto por una adolescente | Letras Libres
artículo no publicado

España, año 92, visto por una adolescente

Los diarios de adolescencia de Beatriz Navas (Madrid, 1978) hablan de chicos, borracheras, conciertos, películas, pero también reflejan la España de Barcelona 92, con su corrupción y su ilusión de modernidad.

El diario. Y ahora, lo importante es el primer libro de Beatriz Navas Valdés (Madrid, 1978). Es su diario de los años 92 y 93. Habla de las salidas nocturnas, sus amigas, el colegio, los chicos, las borracheras, los porros, los conciertos y las películas. La peripecia de cómo llegó a convertirse un diario íntimo en un libro está contada en el epílogo: primero pensó en quemar todos sus diarios, pero se distrajo.

Luego encontró el cuaderno de esos años en la habitación de un novio. Él le dijo que se lo había leído del tirón y que estaba muy bien. Eso la animó a leer las confesiones de la adolescente que fue. Estuvo rumiando el diario y qué hacer con él hasta que decidió publicarlo tal cual, después de haberlo pasado por un proceso de edición, corrección, cambio de nombre y eliminación de algunos episodios para no dejar mal a los protagonistas. El resultado es un texto fresco, que se lee muy bien y que permite adentrarse en la intimidad de una adolescente: sus miedos, sus preocupaciones, sus sueños están ahí, detrás de las anécdotas sobre chicos, alcohol y conciertos. El título viene de una frase que aparece constantemente en las entradas del diario: cada vez que va a hablar de las juergas y cotilleos amorosos, después de una reflexión o un repaso por asuntos del colegio, lo anuncia diciendo que va a lo importante: salir, beber y sentirse aceptada.

La Expo de Sevilla, los Juegos de Barcelona. El diario incluye titulares de los periódicos del momento casi siempre al final de cada entrada. Se ve una España que en muchas cosas recuerda a la de hoy: la corrupción copa titulares, también el nacionalismo catalán y la presencia constante de Pujol y el paro. Hay una sensación de fin de ciclo del PSOE, se habla de Europa, los refugiados, la memoria histórica y aparece la idea del pecado original de ser español. Ver que no hemos cambiado tanto (o que los temas han seguido siendo los mismos) primero me deprimió. Luego pensé que también quiere decir que no hemos ido a peor y que muchas de las cosas que hoy nos parecen denunciables ya nos lo parecían hace treinta años. Y que algo hay de cíclico en todo, también en la negatividad y en ver siempre los vasos medio vacíos.

Girls just wanna have fun. Bea, la dietarista, solo quiere divertirse, vivir el momento, no rallarse, conocer gente, ir a conciertos y no despistarse mucho de los estudios. Ella y sus amigas salen y beben y van a fiestas, a discotecas y a bares. En verano viajan. Son más bien pijas, van a un colegio privado y a esquiar en las vacaciones de Navidad. Vuelven a casa en taxi. Son privilegiadas y lo saben. Los padres de Bea están divorciados, solo ella y otra amiga son hijas de padres separados, y eso le hace sufrir: le hace ser diferente y echa de menos a su padre, que vive en Barcelona. Bea cuenta todos los chicos con los que se enrolla y hasta dónde llega con ellos, también los rollos de sus amigas. Ese deseo de disfrute es profundamente refrescante y hasta rompedor hoy: las chicas tienen deseo, les gustan los besos, manosearse, tienen calentones y quieren ver a chicos guapos.

Bea evoluciona a lo largo de las páginas y hacia el final, después de meses sin escribir, cuenta que ya no le ve sentido a seguir escribiendo un diario. “No sé si el cambio ha sido lento o repentino o si exagero, pero de repente me he encontrado cambiada a la hora de escribir estas palabras, cambiada respecto a la Beatriz de hojas anteriores. Lo que pasa es que no sé explicar en qué consiste el cambio porque no es que sea más madura, ni pretendo serlo, soy como siempre, pero diferente. No sé expresar las cosas profundas, solo las más superficiales.” Ahí se equivoca: como escribe Ismael Grasa en su libro más reciente, La hazaña secreta, “la superficie es un medio de acceso a lo profundo”.

¿Quién quieres ser? La música es muy importante para Bea, una de las cosas que más hace es ir a conciertos. Platero y tú, Sonic Youth, Manic Street Preachers, Guns n’ roses, Nirvana, U2, Pearl Jam, Janis Joplin, Bob Marley, Radiohead… Las canciones son disparos directos con los que es posible identificarse, aunque solo sea un rato. Por eso son tan importantes durante la adolescencia, esa época en la que uno es puro sentimiento y emoción y desconcierto y la música le sirve para poner palabras a lo que siente o ver que hay otros que sienten lo mismo. Y eso es reconfortante. Bea escucha mucha música, quiere ir más allá de lo típico y lo actual. Busca en el rastro y en tiendas de discos (en los 90 no había Spotify ni YouTube) y graba cintas recopilatorias.

En realidad, este diario va sobre la construcción de la identidad. En la adolescencia la gran pregunta es quién quieres ser y por qué no eres como querrías ser. Quieres caer bien, gustar, sentirte aceptado y encajar. La risa es lo más importante, pero también sentirte comprendido y poder ser como eres sin miedo a parecer raro. Eso está en este diario. A veces, pensaba que este diario le habría hecho mucho bien a mi yo de los 13 o 14. Luego pensé que no se escarmienta en cabeza ajena.

Una pega (leve). Este libro tiene muchas virtudes, pero también una pega: el epílogo. Me gustó conocer la peripecia del diario y el proceso por el que llegó a convertirse en libro. Pero no me gustó tanto la idea que había detrás de justificación: como si fuera necesario aclarar el sentido del diario más allá de las anécdotas. Es una muestra de que las inseguridades de la Bea adolescente siguen en la Bea adulta, y en ese sentido, me alegro de que las dos se encuentren.