Entrevista con Pedro Mairal: "Me gustan las escenas sexuales que salen como medio mal" | Letras Libres
artículo no publicado
Augusto Starita / Ministerio de Cultura de la Nación.

Entrevista con Pedro Mairal: "Me gustan las escenas sexuales que salen como medio mal"

El escritor es conocido en España por las novelas 'La uruguaya' y 'Una noche con Sabrina Love', aunque ha tocado muchos otros géneros. Dice que si tuviera que quedarse con uno, elegiría la poesía.

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) inicia la conversación en cuanto llego al lugar de la cita y antes de que pueda encender la grabadora y la camarera tome nota, ya hemos avanzado en la entrevista. Me esperaba a un escritor cansado, harto de contestar las mismas preguntas (los periodistas podemos creernos originales cuando ni siquiera nos acercamos al adjetivo). Aunque solo soy la segunda de la mañana, él lleva tres días en España presentando Una noche con Sabrina Love, la primera novela que escribió, hace ya dos décadas, reeditada ahora por Libros del Asteroide. Pero le gusta hablar.

La misma editorial importó de Argentina La uruguaya en 2017, ganadora del premio Tigre Juan y todo un triunfo entre público y crítica. Un año después de su publicación, el título aún resuena y la promoción continúa. Tendría que estar acostumbrado a estas cosas aunque dice: “Cuando acaba de salir un libro no sé qué decir. Según me van preguntando cosas y voy contestando, al día siguiente pienso que debería haber dicho algo más.”

Mairal entró en el circuito editorial por la puerta grande. En 1998 obtuvo con su debut narrativo el Premio Clarín, dotado con 50.000 dólares. En el jurado estaban Cabrera Infante y Bioy Casares, que fue el encargado de presentarle en la ceremonia. Tenía 28 años y la vorágine en la que entró le dejó en un estado cercano al shock, si bien el galardón le convirtió en un escritor “profesional”. “Si no hubiese ganado hubiese seguido escribiendo, pero me hubiera costado más entrar en el mundo de las editoriales de narrativa. Salté de mi librito de poemas a publicar en Anagrama en un año, imagináte. Pero tengo fe en que lo hubiera logrado de alguna u otra manera.”

Tanto Una noche con Sabrina Love como La uruguaya pueden definirse como novelas de formación. En el caso de la primera no hay duda: el protagonista es un joven virgen de diecisiete años que viaja sin dinero desde su pueblo en una provincia de Argentina a la capital para pasar una noche con una porn star y entrar de cabeza en la edad adulta. Y pese a que el de la segunda ya tiene cuarenta años su viaje también es iniciático. Deja atrás, por fin, su síndrome de Peter Pan en una escapada a Uruguay de la que planea volver con dinero y el deseo cumplido de acostarse con la joven que le trae loco desde hace mucho tiempo.

“Los dos personajes regresan transformados de su viaje, atraviesan la distancia entre lo deseado y lo real y encuentran otra cosa, por supuesto. Creo que hay continuidad entre las dos novelas, aunque confieso que no lo pensé cuando escribí La uruguaya. Si hubiese intentado vincular las dos historias no sé si hubiese funcionado. Ambos vienen de trasfondos sociales distintos. Pero sin duda hay una mirada parecida.”

En España, Pedro Mairal es conocido principalmente por sus títulos de narrativa, pero con su trabajo ha tocado muchos más géneros: la poesía, la crónica periodística o el guion cinematográfico. “Sería raro que me limitara a hacer una sola cosa, pero si me encarcelaran en un género me gustaría quedarme en la poesía. Me parece que incluye a todos los demás. Es la esencia de la literatura. Con un poema se puede contar un cuento, hacer una canción e incluso he escrito una novela a través de sonetos que se llama El gran surubí. Desde la poesía puedo contrabandear con cualquier otro género.”

La charla continúa navegando por las vicisitudes del oficio de escritor, con pequeñas pausas que Mairal hace para hacer una observación sobre algo de lo que sucede a nuestro alrededor, como cuando vierto la taza de café en un vaso con hielo. “Nunca lo había visto esto. Es como un té helado pero con café. Qué bueno.” Esta mera anécdota podría haber sido un detalle de los muchos de La urugaya, que transcurre en un solo día que el narrador reconstruye minuciosamente para su pareja: “Me dijiste que hablé dormido. Es lo primero que recuerdo de esa mañana”, comienza.

¿En un día cabe toda una vida, como escribió Elena Fortún? “Sí. De algún modo el Ulises de Joyce es eso, demostrar que la experiencia humana tiene un nivel de complejidad que si realmente te pusieras a mirar con lupa todo lo que le sucede mentalmente a una persona en un solo día es extensísimo, puede ser una historia de mil páginas. Te remontas a la infancia, te adelantas al futuro con sus deseos y los miedos. El truco de este formato es que te permite poner un marco.”

En estas dos novelas el sexo es el motor evidente que impulsa a cada personaje a emprender su particular travesía. Es un tema que está muy presente en sus obras, no solo de narrativa. En su bibliografía también se encuentran una serie de poemas bautizados como “Pornosonetos”, que firmó con el seudónimo Ramón Paz.

Se ríe ante la pregunta de por qué tiene tanta importancia en su escritura: “¿Por qué no? Lo que pasa entre dos personas que se están acostando es infinito: lo que sienten, sus inseguridades, si hay un desnivel de algún tipo, expectativas, la posibilidad de salir muy lastimado, contagiarse algo, un embarazo… está lleno de posibilidades narrativas. Me gustan las escenas sexuales que salen como medio mal, la felicidad sexual me parece difícil de describir, siempre queda como cursi. Es un gran tema que aún no terminé de explorar y me gustaría seguir escribiendo sobre esto.”

La primera persona, la carga erótica del relato y la trama truculenta de La urugaya provocan que el público especule sobre cuánto de autobiografía contiene la novela. Es algo habitual, pero en esta ocasión se lo ha puesto en bandeja de plata a los lectores con detalles como el ukelele que el protagonista compra en Montevideo, instrumento con el que Mairal acaba de arrancar su carrera musical.

“Me hago cargo de que yo jugué, juego, con esa idea. Lo que no hago es arruinarle el libro a la gente marcándole con rotulador fosforescente qué es lo que hice y lo que no. Está muy bien que el lector de alguna manera te intuya, te invente un poco. Hay un lado chismoso, se pregunta qué es lo que le habrá pasado y lo que no y uno no tiene por qué entrometerse en ese vínculo que tiene con la novela.” Pero confiesa irónico que su hermana le espetó: “¿Pero tenía que tocar el ukelele el personaje?”

Ya casi levantándonos para despedirnos le pregunto qué será lo próximo que publicará en España. Comenta que la misma editorial reeditará su libro de crónicas Maniobras de evasión. “Tiene prácticamente una coautoría con Leila Guerriero, editora de lujo ¿verdad? Ella lo formó. Me dijo: “Mirá, esto es una especie de autobiografía no autorizada y hay unos saltos que tienes que rellenar.” Me hizo escribir sobre la enfermedad de mi madre, sobre el premio Clarín –que es el prólogo que le puso ahora Luis Solano a Una noche con Sabrina Love–, me tiró textos y gracias a ella que existe este libro. Será para el año que viene”.