Entrevista con Isabel Bono: “No comprendo que no escriba todo el mundo. No creo que haya nada mejor” | Letras Libres
artículo no publicado

Entrevista con Isabel Bono: “No comprendo que no escriba todo el mundo. No creo que haya nada mejor”

En su última novela, 'Diario del asco' (Tusquets), la escritora malagueña narra la historia de un suicida incapaz de suicidarse.

Isabel Bono (Málaga, 1964) es una escritora singular: novelas, libros de poemas, libros de poemas hechos con recortes de periódicos o un libro perequiano sobre su padre. Entre sus escritores de referencia está la húngara Agota Kristof. Su novela más reciente, Diario del asco (Tusquets, 2020), es un libro sobre el suicidio, pero también sobre las relaciones familiares, las expectativas y el amor.

Cuando escribiste Una casa en Bleturge (Siruela, 2017) dijiste que la habías mandado al Premio Café Gijón, que finalmente ganaste, para saber si habías escrito una novela. Con Diario del asco, ¿sabías que habías escrito una novela?

Con Diario del asco tuve más sensación de novela que con Una casa en Bleturge, pero, de todos modos, hace tiempo que dejé de preguntarme qué es lo que escribo. Porque si escribo un mail me dicen que es un poema, si escribo un poema me dicen que es un aforismo, si escribo una novela me dicen que es un poema. Te diré lo mismo que le respondí a mi sobrina Elena cuando me preguntó si los Reyes Magos existían: ¿Tú qué prefieres?

¿De dónde surge la idea de la novela?

Me gustan los temas donde se puede hurgar. Allá por el 95, alguien que conocía se tiró por el viaducto, y mirándolo pensé: Alguien tuvo que verla caer. Esa frase se me enquistó, tenía que escribir algo que la incluyera. Pensé en un matrimonio separado que vuelve a verse en el funeral de su hijo adolescente (que se ha lanzado por el viaducto). Eso era el germen de Una casa en Bleturge. Como soy lenta (aunque parezca lo contrario), la historia fue cambiando. Pero el viaducto seguía ahí. Otro día vi cómo una señora se sentaba en una silla y su perro debajo. Si la silla se rompe el perro se muere, pensé. Y mi cerebro hizo ¡Pop! y comencé a escribir al dictado. Te estoy hablando del 95-96. Bleturge la di por terminada en 2016, y verla publicada me dio el empujoncito necesario para retomar la del viaducto. Así de lenta soy.

¿Por qué el último capítulo vuelve al cero?

Creo que porque me gusta lo simétrico. Y las historias circulares. Los necesitaba para sostener el ir y venir errático de la historia de mateo. Mateo te cuenta su vida mezclando presente recién pasado y pasado completamente pasado. Quería que los capítulos Cero encajaran las historia en un presente inmediato. Pero al final ese presente inmediato, al tratarse no de acción, sino del pensamiento de Mateo, también tiene eco de pasado. Así que lo que pretendía ser un par de soportes (como los que usamos para mantener los libros sin que se tumben), al final ha sido prólogo y colofón platónico, digamos. Mejor vamos a dejarlo en que me gusta lo simétrico.

Diario del asco es la historia de un suicida incapaz de suicidarse, y en su camino al suicidio parece que se le adelantan siempre mujeres que ama. ¿Qué es lo que te interesa del suicidio? ¿Qué significa que el protagonista no sea capaz de acometerlo: que no hay más remedio que vivir?

Estoy convencida de que Mateo, como cualquier suicida “sensato”, quiere vivir. Pero entre que no tiene demasiada curiosidad, ni demasiado carácter, aburrido de vivir como mero trámite, la única salida que se le ocurre es el suicidio. Digo suicida sensato porque Mateo no es precisamente impulsivo, no lo mueve un arrebato, lo medita todo (afortunadamente). En el fondo quiere que aparezca algo/alguien que lo saque de esa monotonía, de esas arenas movedizas en las que lleva demasiado tiempo. Pero parece que la vida no está de su parte. También te digo que a la vida hay que ponerla de nuestra parte, y no al revés. Eso a Mateo no se le ha ocurrido (y si se le llega a ocurrir, habría sido otra novela). El suicidio me interesa como me interesa lo que comprendo completamente y no comprendo nada, a la vez.

Me explico: respeto totalmente a los suicidas. Uno pone la tele, ve cómo está el mundo (Facundo), y le entran ganas de desaparecer (o de no haber nacido). Pero por otra parte, si de verdad alguien cree que lo ha perdido todo, absolutamente todo, como para quitarse la vida, yo le diría: Oye, tú, pilla una mochila, los euros que te queden y vete a recorrer mundo. ¿Qué cosa tan mala, o peor que la muerte, te puede pasar? Pero claro, cuando vives en la más tremenda oscuridad (como imagino que viven los que están a punto de suicidarse) esa salida ni se contempla. Por eso debería haber medios con los que esas personas pudieran contar. Existe el teléfono de la esperanza, existe la asociación de supervivientes, pero yo hablo de un plan nacional serio para prevenir el suicidio. Piensa que en España se suicidan 8-9 personas al día. Y tenemos la tasa más baja de Europa, ojo.

Al leerlo pensaba en Suicidio, el libro de Édouard Levé en el que cuenta el suicidio de su amigo. Lo curioso es que una vez mandó el manuscrito a su editor, Levé se suicidó… No sé si estaba entre tus lecturas…

No lo he leído. Pero sí, me llaman muchísimo la atención esas personas que pasan por situaciones terribles, como Primo Levi o Jean Améry que después de haber sobrevivido a un campo de concentración, finalmente se suicidan. Digo que me llama muchísimo la atención, pero también es de esas cosas que entiendo perfectamente. Sobrevivir a algo que supera en terror y dolor cualquier cosa que podamos imaginar supongo que te hace no querer saber más de nada ni de nadie. Quizá cuando has visto todo lo malo que puede dar se sí el ser humano te vuelves incapaz, no digo ya de disfrutar sino de apreciar lo bueno que tengas delante. Supongo que se llega al “no compensa”. Entonces solo queda desaparecer.

La novela tiene muchas cosas, casi un estudio sobre el suicidio, pero también sobre la familia y las tensiones que genera.

Bueno, te lo agradezco, pero decir que es un estudio sobre el suicidio me parece demasiado. Es una novela, solo he intentado ponerme en la piel de alguien que no quiere más (¿más de qué?, más de nada). Como te digo, entiendo y respeto a los suicidas, vivir con esa sombra permanente al lado debe de ser horrible. Cuando hablo de suicida sensato, también entra el suicida que aguanta la vida por no causar dolor a su familia. El suicida sabe lo que es el dolor, y el suicida sensato/responsable no desea dolor para nadie. Por eso Mateo cuando no tiene ya nada, lo intenta por última vez. La familia es un tema maravilloso porque no tiene fondo, siempre podemos sacar otra y otra historia, a cuál mejor. Las familias idílicas no tienen ningún interés literario.

Es curioso que el personaje más luminoso de la novela, Micaela, sea el que más sufre en realidad…

Micaela es luminosa porque es joven. También emana esa luz de los que han decidido algo (sin vuelta atrás) y sabe que está viviendo sus últimos meses. Esa misma decisión en un adulto aportaría oscuridad. A los 17 años, eres luz hagas lo que hagas. Micaela sufre más que nadie porque con 17 años no sabe el porqué de su sufrimiento y tampoco lo comparte con nadie, ni siquiera abiertamente con Mateo. Le da pistas, pero Mateo se entera a medias o no se quiere enterar o no llega a creerla del todo.

La novela transcurre en Málaga, y eso me gusta, porque parece que todas las novelas pasan en Madrid o Barcelona, me gusta la descentralización. ¿Es consciente?

Bueno, la verdad es que no quería que apareciera ninguna ciudad, pero por el mar y por el tren de cercanías, se deduce que es Málaga. Me pasó una cosa con Bleturge y es que se me coló la palabra Torremolinos. Me sentó muy mal, pero como soy partidaria de sacarle brillo a las cosas, me dije: Si Berlanga siempre colaba Imperio austrohúngaro en sus películas, yo voy a colar Torremolinos en mis novelas. Ya ves lo “consciente” que soy.

Hay una cosa que me llama la atención: tus dos novelas son una exploración de la tristeza y de los traumas, algo que contrasta con la alegría de tu escritura.

Esto... ¿De verdad crees que mi escritura es alegre? Me alegro, conste, pero no me veo alegre en poemas ni en prosa. Ya sabes que siempre estoy haciendo el payaso y que si no hago reír no me quedo tranquila. Pero mi escritura... ojalá. Me das una alegría, la verdad. Siempre intento sacar algún tono irónico por muy suicidas que sean todos los personajes. Para mí la ironía es fundamental en la vida. La vida sin sentido del humor... uf, entonces soy la primera que se tira por una ventana. Una vez, Alejandro Luque, cuando todavía no me conocía mucho y viendo lo payasa que era, me dijo muy serio: Veo que las tristezas te las dejas para los poemas. ¡Pues claro! Las tristezas son para cuando te quedas sola en casa con tu nube negra sobre la cabeza y te dejas llover. Para los amigos, para la vida, siempre hacer reír.

En la novela hay muchas citas de libros, o listas, que te gusta mucho hacer. ¿Qué te dan esos juegos literarios y cómo los encajas?

No me gusta hablar de lo que no conozco, así que les presto algunas de mis cosas a los personajes. También tomo de los amigos y amigas que me cuentan cosas extraordinarias que me da pena que se pierdan. Cuando me cuentan algo les advierto: Esto lo meto en la próxima novela. Vivo amenazando, lo sé, pero es que las vidas de los demás me resultan interesantísimas. Y ya sabes que padezco cierto Diógenes mental que provoca que lo apunte todo. Los personajes hay que construirlos con verdades (propias o ajenas) para que la historia sea creíble. Quizá es que soy muy coherente a la hora de elegir amistades y las anécdotas que me cuentan y después uno, encajan perfectamente. Después solo hay que buscar un escenario, un paisaje donde transcurran, donde mover mis títeres.

Eso es lo más maravilloso de escribir, ese rato de no estar en el mundo, de solo estar jugando a hacer un puzzle maravilloso sin un modelo de referencia, encajar piezas sin que se note que te ha costado. No comprendo que no escriba todo el mundo, de verdad. No creo que haya nada mejor. Por cierto, dice mi tía Mari (mi mayor fan), que Diario del asco no es una novela, es un ideario. Y creo que tiene razón. No te digo que Mateo coincida 100% con lo que pienso, pero algo hay. A mí me salva que soy más curiosa que Mateo. También hay algo de mí en su exmujer y hasta en su hermano. Cuando di el libro por terminado pensé que estos dos personajes se me habían quedado cortos. Tanto es así que cuando terminé Diario se pusieron a hablar entre ellos. Y ahí me tienen (a mí y a mi querido Diógenes), apuntando todo lo que dicen. Si siguen así serán los protagonistas de mi siguiente novela. Bueno, novela, es un decir.