Entrevista a Eduardo Berti: "El juego es un buen instrumento para romper formas" | Letras Libres
artículo no publicado
Dorothée Billard Monobloque

Entrevista a Eduardo Berti: "El juego es un buen instrumento para romper formas"

El escritor argentino, que pertenece al grupo Oulipo, publica un libro de cuentos en el que ha trabajado a lo largo de veinte años y cuyas piezas basculan entre dos conceptos: los círculos y la lectura.

Círculo de lectores (Páginas de Espuma) es un catálogo de lectores excéntricos y sus formas de intervenir en los libros, una forma de juego sobre la forma y los universos de la lectura y la recepción. Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) utiliza el humor y el pastiche, la inversión, la descontextualización y la parodia, y combina las alusiones a las tradiciones literarias y lo autorreferencial con el lenguaje del periodismo o la programación televisiva.

Dice que es un libro que ha escrito durante mucho tiempo.

Tiene que ver con La vida imposible, un libro de microficción, con el que también conviví mucho tiempo. Una novela es algo que haces más intensamente, son dos, tres o cuatro años. El título apareció enseguida, lo que es muy raro en mi caso. El tema, el concepto, y también la temática de los lectores y la lectura. Pensé una especie de serie de retratos o de casos de lectores, un catálogo de lectores raros o bizarros o singulares. Sentí que valía la pena seguir explorando, que daba para más. Normalmente no me gusta hacer libros que giran en torno a una idea central. Me pareció que el tema era muy vasto, falsamente pequeño. Fueron veinte años, se iba modificando, y pensé que el desafío era hacer lo contrario: una temática que es falsamente única y una gran heterogeneidad en la forma. Es lo que fui descubriendo y queriendo hacer. En esos años hubo momentos en que el libro quedó durmiendo la siesta en un cajón. Tiene secciones y textos que son más separadores. En los últimos dos o tres años hubo mucho trabajo de escritura y sobre todo de edición. Quité mucho de cada sección. Traté de dejar ecos, pero también de variar un poco las miradas.

Una de las ideas es cómo los lectores intervienen en los libros que leen, la figura del lector inspirado.

Hay dos conceptos en los que nos podemos detener. Uno tiene que ver con los círculos. Hay círculos incluso que pelean entre ellos, una guerra en dos círculos de lectores. Hay circularidad, en el hecho de reescribir un cuento com como “Continuidad en los parques”, de Cortázar, que es circular y podría no terminar nunca. Hay también una idea de circularidad y circulación en el vínculo entre el escritor y el lector. Me doy cuenta ahora de la riqueza del concepto del círculo y cómo se puede aplicar.

La lectura es el gran lugar común entre los escritores y los lectores, es una de las cosas que nos hacen humanos: la lengua, la escritura, la lectura. Si tenemos algo en común los que escribimos con los que leen pero no escriben es la lectura. Los escritores nos leemos a nosotros mismos, nos inspiramos leyendo. El libro parte de esos lugares comunes, por ejemplo del tópico de que toda lectura es singular y no hay dos libros iguales. El gran desafío era partir de lugares comunes, pero tratar de no decirlo ni con palabras, frases ideas o formas trilladas. Quería hablar de ese lugar común que nos une y separa de los lectores, abordándolo desde la singularidad, desde los casos a veces al borde de lo verosímil.

Está lleno de homenajes y juegos. Hablabas de “Continuidad en los parques”. También hay un Funes que aprende de memoria los libros pero añade unas páginas. Está Perec, están Troilo y Crésida.

Pensé que un libro que rinde homenaje a la literatura tenía que rendir homenaje a las lecturas que me marcaron. Un homenaje o declaración a la lectura que no fuera dogmático, tradicional ni moralista, ni el solemne y trillado elogio de la lectura que se hace a veces. Que fuera divertido y poco convencional. Hay miles de razones para leer y a veces nos limitamos a razones pedagógicas o académicas y el efecto es justamente el contrario al que buscamos. Lo lúdico te acerca más a los libros que la idea del discurso obligatorio según el cual la lectura te va a hacer más inteligente y mejor persona. Igual te hace saber más, no sé si te hace mejor persona. Se habla de la empatía. Pero creo que antes de esas cuestiones hay otras por suerte más difíciles de definir que tienen que ver con el goce, con el juego, con el juego en serio incluso.

Del mismo modo que están los homenajes, a menudo el tono del libro es el del pastiche, de la parodia de distintos géneros.

Hay un juego con el género, con la forma diría. Siempre me ha interesado, especialmente en los cuentos, ver qué pasa si uno utiliza formas que no son las de prestigio literario. Qué pasa si uno escribe un cuento usando una forma que no tiene pedigrí literario. Mucha gente lo ha hecho antes: Arreola empleaba manuales de instrucciones, Monterroso utilizó entre otros el lenguaje del periodismo. He tratado de darle una vuelta de tuerca. En el último uso la programación de televisión. En el texto más largo, “Mañana se anuncia mejor”, que es un conjunto de cuentos y microcuentos entrelazados enmarcados por una forma que sería una serie de periódicos o de noticias seleccionadas de distintos periódicos, traté de darle una vuelta a esa tradición de emplear el falso periodismo. Esto nació como lector de periódicos: a veces ves que una noticia desaparece y luego vuelve o no. Trabajé como periodista y conocía las redacciones, también las viejas, y me pareció que había algo interesante.

Y me permitió también tomar un par de cuentos y ver qué ecos se producían entre ellos. Terminé creando un país donde ocurren esas noticias y donde los libros ocupan un lugar monstruoso, incluso en la programación televisiva. Pareciera que son lo más importante y lo demás viene después. Como si los libros ocuparan el lugar que hace unos años tenía la telerrealidad. Era una forma de divertirse, de trabajar con el opuesto. Se dice que la cultura audiovisual ha ocupado el lugar que antes tenía la letrada. Yo creo que no es tan simple. Pero pensé: ¿qué pasa si juego y es al revés, y la televisión solo habla de libros?

En esa parrilla televisiva del final hay un programa que serían chistes contados por grandes maestros de la literatura. ¿Has probado a hacer eso?

Sería interesante pensarlo. Mark Crick, un escritor inglés, ha escrito Kafka’s Soup, que reúne recetas culinarias escritas a la manera de grandes escritores, y Sartre’s Lawn, con instrucciones de bricolaje. Cómo arreglar la nevera o preparar una comida pero en el estilo de Hemingway o Kafka.

Un cuento está dedicado al recientemente fallecido Stephen Dixon.

Por un lado, me parece uno de los mejores cuentistas de las últimas décadas. Un tipo de un talento absoluto, un escritor singularísimo. Me reconozco –sin compararme, obviamente– en su búsqueda de formatos y caminos nuevos, de salir del formato tradicional del cuento. Me gusta que lo hace de una forma que no es nada intelectual. Era un gran lector, daba cursos de escritura creativa, pero también era alguien que hacía una literatura muy potente y había también un gran goce cuando lo leías. Combinar eso es muy difícil y él lo conseguía. Lo leí hace quince años y quedé pasmado y no entendí por qué no estaba traducido en castellano, solo había alguna cosa. Contacté con él, porque en esa época yo tenía una pequeña editorial que duró muy poco, llamada La compañía. Cambiamos unos emails, me mandó más libros, me mandó sus novelas, por ejemplo Interestatal. Así que es la admiración y a él y a su obra, el cariño, se lo dediqué antes y que hay un guiño a un cuento de él donde utiliza esa idea. Ahora está más traducido, en Eterna Cadencia. En los dos primeros libros que se hicieron hicimos la selección con él. En el tercero creo que la selección es Ariel Dilon, el traductor, que por cierto ha hecho un trabajo excelente con los textos de Dixon.

Una de las secciones se llama “Biblioteca breve”.

Hay dos secciones que tienen algunos elementos en común. Son autorreflexivos, en el sentido de que el título y el contenido son casi lo mismo. Es un cuento que se autopresenta. Hay otra sección, "Método fácil y rápido para ser lector", que trabaja las instrucciones, los consejos, burlándose un poco de la forma. Si bien son muy distintas, tienen un humor parecido. Me gusta la forma de la instrucción, de las falsas instrucciones. El arte contemporáneo lo ha usado de forma muy interesante: por ejemplo las vanguardias, el surrealismo o el grupo Fluxus, donde uno no termina de entender bien a quién se dirigen las instrucciones. Esa forma es muy generosa porque permite mezclar narrativa con reflexión o cosas un poco más vanguardistas, pero presentadas de una forma más ligera o más fácil o más divertida.

Este libro tiene muchas cosas lúdicas. Conforme avanzaba me di cuenta de que el juego es un buen instrumento para romper formas y para que el resultado no sea hermético o solo para una minoría para de lectores entendidos. Cuando uno juega pierde, gana, se arriesga, pero se divierte y generalmente, si no juega al solitario, se divierte con alguien. El libro tiene mucho de recreación en muchos sentidos: al jugar, al reescribir y luego ya cuando el lector incorpora su visión. Cada lector de La metamorfosis tiene su monstruo.

Esa idea del juego, de asumir una limitación formal que en cierto modo puede liberar, me hace pensar en el Oulipo, al que perteneces. A veces se critica el formalismo, que se quede en eso.

La crítica más trillada y tradicional que se le hace al Oulipo, por resumir el tema, porque no es el único movimiento, pero es el ejemplo que lo resume, es que no hay emoción y que es muy artificioso. Mi respuesta a esto es que una de las formas románticas por excelencia es el soneto y nadie piensa que el soneto es de formalistas y carente de emoción. Y el soneto está lleno de reglas. Hay más reglas ahí que en muchas formas oluipianas. Oulipo no quiere ser más formalista que los demás; quiere salir de las formas de siempre.

Además, no hay una poética o una estética compartida. Los escritores de otros grupos tienen estéticas muy parecidas. En el surrealismo era un problema si alguien hacía algo distinto. En cambio, si comparas lo que hace Ian Monk o Bénabou o lo que escribo yo, no tiene nada que ver. Pero tenemos una mirada muy parecida sobre la aproximación a la literatura, sobre la desconfianza en ideal romántico de la inspiración y sobre cómo usar las formas para romperlas. No para respetarlas de manera purista. Perec, que es el que lleva las restricciones del Oulipo al extremo del tour de force, al malabarismo más arrojado, donde casi parece llegar hasta el callejón sin salida, incorpora en sus libros el momento donde la restricción no se cumple, y lo hace todo el tiempo, luego lo descubre o no el lector. Por tanto, es una crítica perezosa.

No creo que explorar formas distintas lleve a lo frívolo. Tampoco me parece que lo haga el juego. Primero, no creo que el juego sea frívolo. En Borges o en el Quijote hay juego. Y luego, si pienso por ejemplo en La disparation, que no es mi libro favorito de Perec, no deja de asombrarme. Pero quizá lo más llamativo es que entre tantas cosas que cuenta ese libro, El secuestro en castellano, cuenta también la desaparición de la familia de Perec con el nazismo. Es el modo que encontró para hablar de algo muy difícil. Por supuesto que hay casos donde ese formalismo es un camino estéril, como hay casos de libros que no tienen búsqueda de libros de nuevas formas y sin embargo maravillosos. Los miembros del Oulipo también escribimos libros que no son oulipianos y yo leo de todo, pero en este libro me interesaba esta estética.

Cita una teoría de Ford Madox Ford: Cuando dudas sobre leer o no un libro, para evaluar su calidad sin perder tiempo, lo mejor es ir a la página 99.

Se atribuye a Ford Madox Ford aunque hay quien dice que no es suya, como los escarpines de Hemingway. Tomé el mito urbano.

La cita empieza en la página 66, que es la 99 al revés.

No me había fijado. Pero voy a usarlo.