El éxito del ensayo playero | Letras Libres
artículo no publicado

El éxito del ensayo playero

¿Qué buscamos en los libros de no ficción?

En los libros seguimos buscando respuestas. Todavía hoy. En un mundo fragmentado y volátil, en el que hay múltiples opciones audiovisuales, en el que todo se atomiza en redes sociales, en el que está ese gran gurú que es internet con aliados como Google donde parece que hay entradas para todo. En este mundo, la búsqueda de la verdad radica en los libros.

A esa conclusión llegaba hace unos días el escritor y periodista Alex Preston en un artículo publicado en The Guardian acerca del éxito en ventas de ensayos como Sapiens, de Yuval Noah Harari, sobre cómo la evolución de la Humanidad se debe a nuestras habilidades para la cooperación como especie, y que ha vendido más de 500.000 ejemplares en Reino Unido. El autor también citaba otros títulos de calibre parecido, esto es, aquellos ensayos que podríamos englobar dentro de una gran etiqueta llamada “resuelva usted, de forma divulgativa y entretenida, las grandes preguntas”. Entre ellos, El emperador de todos los males, de Siddhartha Mukherjee, sobre el cáncer; El corazón del mundo, de Peter Frankopan, que recorre la historia de Eurasia y sus rutas comerciales; La sexta extinción, de Elizabeth Kolbert, sobre cómo la actividad humana, el consumo de combustibles fósiles, la contaminación y la deforestación amenazan todas las formas de vida; o Ser mortal, de Atul Gawande, sobre qué puede hacer la medicina en el final de nuestros días.

Para Preston, que estos ensayos “inteligentes” –así los han etiquetado los anglosajones– se hayan convertido en bestsellers se debe a que en esta aceleración de los tiempos actuales buscamos algo a lo que asirnos. Algo que nos enseñe la verdad de lo que ocurre. Y eso, por supuesto, no está en Twitter. Que se lo digan a Donald Trump, que algo de esto sabe y al que no se le ha visto mucho con un libro entre las manos.

Este boom de la no ficción a su vez incluye otra corriente: los libros que nos permiten construir una opinión sobre los grandes asuntos de la actualidad. Al escritor se lo contaba así la agente Karolina Sutto: “Hay una nueva generación de escritores activistas que están contando historias de género, política o raza y lo hacen en sus propios términos. Son libros audaces, bastante radicales, realmente emocionantes y escritos para lectores más jóvenes”. De ahí los éxitos de los escritores que hacen proselitismo sobre feminismo, las clases sociales y las políticas de identidad como Owen Jones (Chavs), Roxane Gay (Mala feminista) o Laura Bates (Sexismo cotidiano). Porque ya no parece válido no tener una opinión (ni en Twitter ni en ningún lado) y se considera que estos autores son la voz autorizada para que nos digan qué hay que pensar.

A España también ha llegado esta tendencia anglosajona, aunque con sus matices. Nosotros tenemos temas propios, como señalan los ránkings de los libros de no ficción más vendidos recientemente. Un recorrido rápido por las listas que hacen públicas grandes superficies como Fnac y El Corte Inglés, el gran contenedor que es Amazon o medios como El Cultural de El Mundo o la sección cultural de La Vanguardia y El Periódico mostraban que en el mes de julio destacaban Fariña, de Nacho Carretero; Morder la manzana, de Leticia Dolera; Teoría King Kong, de Virginie Despentes; los tres volúmenes sobre la historia de España en el siglo XX, de Javier Tussell; La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé; El huracán catalán, de Sandrine Morel; Homenaje a Cataluña, de George Orwell; Imperiofobia, de Elvira Roca; En defensa de la Ilustración, de Steven Pinker; y, por supuesto, Sapiens, de Harari.

Una batidora en la que entran desde las causas identitarias –el feminismo, la clase social–, esa gran ola que ha cubierto buena parte del debate político (la raza todavía no ha llegado a España, pero todo se andará), hasta los asuntos que son tan nuestros como la tortilla de patatas o los calçots: España y Cataluña. Por ahí estaban también autores que han tenido éxito en el mundo anglosajón, como Pinker o Harari, que escribe en hebreo.

El caso de Fariña es un tanto especial. Este reportaje sobre el narcotráfico de Carretero fue secuestrado por orden judicial en febrero y no se pudo poner de nuevo a la venta hasta finales de junio. En medio también se coló una serie de televisión. No obstante, según Alberto Sáez, uno de los editores de Libros del KO, “se vendió muy bien desde el momento en el que fue lanzado. Hasta antes del secuestro y de que se emitiera la serie llevaba 30.000 ejemplares vendidos”. A día de hoy ha alcanzado los 75.000 ejemplares y se acaba de tirar la 13ª edición de 15.000 ejemplares. Si hay un éxito dentro de la no ficción en 2018, definitivamente es este, pero para Sáez, más allá de las circunstancias que ha vivido este reportaje, “detrás hay un libro escrito con mucho rigor y de una manera muy amena”.

También se incluye dentro de esa corriente sobre querer saber sobre un tema. Carretero tocó la tecla precisa. “Cuando leemos un ensayo siempre es porque hay un punto de interés. Los libros nos dan un espacio de reflexión que nos permite adentrarnos de manera más serena en esos asuntos que nos interesan”, sostiene Sáez. Una vez más, la llegada reposada.

Miguel Aguilar, editor de Debate y Taurus, reconoce, por su parte, que no es fácil saber cuándo un ensayo interesará, pero da algunas pistas: “Un tema interesante, un enfoque adecuado y un autor respetable (o al menos legitimado) parecen factores no desdeñables”. Él es el editor en España de los libros de Harari, además de otros ensayos como La edad de la penumbra, de Catherine Nixey, sobre cómo el cristianismo se impuso a las ideas del mundo clásico, que también está funcionando bien en las librerías españolas. “Sapiens en español debe andar cerca del millón de ejemplares entre todos los formatos y de La edad de la penumbra llevamos más de 20.000 ejemplares editados”, confirma Aguilar.

Para él, el éxito de estos ensayos radica en que el primero es ya “un fenómeno internacional” –hasta Barack Obama lo ha recomendado–, aunque también tiene el mérito de “ofrecer una nueva perspectiva sobre la historia de la humanidad, llena de intuiciones originales e iluminadoras”, añade el editor. El caso de Nixey, a una escala menor, es parecido. “Cuenta una historia que todos más o menos sabíamos, la difusión del cristianismo como religión hegemónica a partir de Constantino, de una manera nueva, original y coherente con lo que sabemos”, indica Aguilar.

Lo que nunca falla en este tipo de ensayos es que sean instructivos y amenos: son ensayos que se pueden leer en la playa. Así son los de Harari, los de Steven Pinker, Imperiofobia, de Elvira Roca. También los que se centran en las cuestiones identitarias. Cuentan varias historias con una tesis que las sostiene y llevan al lector por un paseo agradable entre las ideas. Y nos hacen sentir mucho mejor que las redes sociales. Y eso es, quizá, lo que estamos buscando.