Catherine Meurisse ya se fue al campo antes que tú | Letras Libres
artículo no publicado

Catherine Meurisse ya se fue al campo antes que tú

En la novela gráfica 'Los grandes espacios', la ilustradora francesa, que sobrevivió a la matanza de Charlie Hebdo, cuenta su infancia en el campo.

La ruptura que le salvó la vida. Catherine Meurisse (Niort, 1980) trabajaba en Charlie Hebdo, pero la mañana del 7 de enero de 2015 llegó tarde a trabajar porque se había dormido: una ruptura amorosa se lo estaba haciendo pasar mal, estaba deprimida. Pero salvó su vida, porque para cuando llegó a la redacción los hermanos Kouachi ya habían emprendido la masacre. Philippe Lançon, superviviente del ataque, cuenta todo lo que sucedió aquella mañana, y la recuperación posterior, en El colgajo. También Meurisse hizo una novela gráfica a partir de su experiencia, La levedad, publicada en Impedimenta.

Irse al campo. Los grandes espacios es la historia de su infancia, que transcurrió en el campo, porque los padres de Catherine Meurisse decidieron dejar la ciudad. Escribe: “Fue el ambiente que escogieron nuestros padres para criarnos a mí y a mi hermana. Tenían una intuición. -El campo va a ser nuestra oportunidad, niñas. Se ve que nuestra oportunidad era un pueblo de doscientos habitantes, como mucho”. Los padres de Meurisse tienen una idea muy concreta de lo que tiene que ser el campo, están en contra de la uniformación y, paradójicamente, de un cierto progreso que consideran una desnaturalización del campo. Al mismo tiempo, se dan cuenta de que hay un choque entre las expectativas y la realidad. El choque a veces viene en forma de hedor: cuando el mal olor de la matacía llega hasta su casa, el padre de Meurisse exclama: “¡Et in Arcadia ego!”. La niña Meurisse no sabe qué significa eso, y el padre le explica: “Que hasta en los remansos más bellos siempre llega un momento en que todo apesta”.

El problema del campo. El problema del campo en realidad siempre ha estado ahí, nadie sabe bien cómo parar la despoblación, y a veces las buenas intenciones resultan ridículas –la representación de Madame Butterfly en la que la soprano se atraganta con una polilla–, frustrantes –un parque temático sobre el futuro en el que básicamente se pasan el rato haciendo cola–, disparatadas –una piscina que se llena de algas antes de la inauguración– y pueden ser un reclamo para el conservadurismo más reaccionario.

Una vocación. Los grandes espacios es la historia también del nacimiento de una vocación, y del reconocimiento de que a veces uno tiene que encontrar un equilibrio entre lo que quiere hacer y lo que sabe hacer. Eso aparece casi al final del libro, cuando cuenta que después de haber ganado un concurso en el colegio finalmente retiran su dibujo porque la consejera, Segolène Royale, podría ofenderse. La niña Meurisse canaliza su cabreo haciendo caricaturas de todos los profesores que tienen un éxito tremendo entre sus amigos. Es un triunfo, pero no el que ella querría: después de haber descubierto a los grandes pintores y una nueva manera de ver el campo a través de sus cuadros, ella querría hacer eso, cuadros. El libro está lleno de referencias a cuadros y a escritores –Meurisse es autora también de La comedia literaria, una historia de la literatura francesa desde la Edad Media–, la madre de Meurisse critica el desconocimiento de las flores de Zola y al mismo tiempo el matrimonio fomenta una especie de fetichismo floral de los escritores que les lleva a recoger esquejes de plantas que cita Stendhal o de las que tenía Montaigne. Proust también aparece, claro, además de Pierre Loti.

Vive la France. En Los grandes espacios Meurisse convierte a Luis XIV en el amigo imaginario de la niña Meurisse, cuyo tiempo es compartido con el típico enano de huerto francés, una especie de Pepito Grillo sarcástico que intenta darle claves sobre el sexo que la niña aún no entiende. Meurisse es una dibujante excepcional, que combina el dibujo suelto y de caricatura con la profundidad y el detalle de los paisajes, los grandes espacios. Además del relato humorístico de su infancia y su relación con el campo, es la explicación de por qué dibuja y para qué, además de un reconocimiento a la mejor herencia de sus padres: los grandes espacios y los esquejes de todas las plantas que hay en su huerto.