Buenas intenciones: sobre la última novela de Delphine de Vigan | Letras Libres
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Buenas intenciones: sobre la última novela de Delphine de Vigan

La nueva obra de la autora francesa, 'Las lealtades', reflexiona sobre la depresión, los malos tratos y la misoginia de la ultraderecha.

Beber sin moderación. Uno de los protagonistas de Las lealtades, la novela más reciente de la escritora francesa Delphine de Vigan, Théo, bebe. En realidad, empieza a beber, pero no para divertirse, busca algo así como anestesiarse, beber hasta apagar su cerebro, busca en realidad destruirse. El otro, Mathis, su amigo, le acompaña al principio, pero pronto intuye hacia dónde va su compañero y se asusta. Pero no sabe cómo pararlo. Tampoco sabe cómo alejarse de él, cómo dejar de hacerlo y tratar de que el otro también pare. La tutora de los chavales, Hélène, y la madre del segundo, Cécile, son las otras dos voces que componen el cuadro de esta novela a cuatro, cuyos puntos de vista se van alternando a lo largo del relato.

Mujeres y niños. La novela cuenta cuatro historias de cuatro personajes, dos adolescentes, la tutora de ambos y la madre de uno, heridos, casi rotos por diferentes circunstancias. Una está marcada por los malos tratos y los abusos sufridos en la infancia: no puede tener hijos ni podrá nunca, tras uno de los episodios de maltrato que se cuenta a medias, dejando que el lector complete lo que no se dice, ate cabos y proyecte sus terrores.

Uno de los chicos, el que bebe, en realidad está superado por todo: sus padres están separados, la madre es fría e implacable con el padre, que no sale de casa, no tiene trabajo, no se ducha apenas. Théo es el único que se ocupa de su padre, cuya depresión se está llevando su vida por delante. La otra mujer acaba de descubrir que su marido participa en foros en internet donde bajo un alias deja aflorar sus ideas ultras.

Mi padre escribe en Breitbart. Quizá la trama más original es la de Cécile, una mujer de un entorno más humilde culturalmente, cuyo matrimonio le ha proporcionado un ascenso social. Va a terapia y ha tratado de formarse, leer todo lo que su marido le decía, aprender a comportarse de otra manera para ser otra, más educada, más refinada, que vistiera mejor. Es ella la que descubre que su marido tiene otra vida en la web: dedica parte de su tiempo libre a la redacción y corrección de largos textos en los que defiende unas ideas que dejan a Cécile en estado de shock. La misoginia, el odio que alberga su marido la sorprende.

No sabe qué hacer: ¿confesar que lo ha descubierto?, ¿desenmascararlo?, ¿seguir callada? Su tendencia a hablar sola, a discutir con ella misma en voz alta, se agudiza. Su hijo sospecha que se está volviendo loca de verdad. La historia de Cécile es vieja pero es nueva a la vez: internet hace más fácil que vivamos otras vidas, pero el choque que provoca descubrir quién es de verdad el que duerme a nuestro lado es un tema literario ya conocido. Por otro lado, atrapa el ascenso del populismo de derechas, en este caso, en Europa a través de internet.

Lazos invisibles. A modo de prólogo, el libro se abre con una explicación sobre las lealtades. De Vigan escribe ahí que “Son lazos invisibles que nos vinculan a los demás –lo mismo a los muertos que a los vivos–, son promesas que hemos murmurado y cuya repercusión ignoramos, fidelidades silenciosas, son contratos pactados las más de las veces con nosotros mismos […]. Nuestras alas y nuestros yugos”.

Sin embargo, lo que va a continuación no está a la altura de lo que promete esa primera página. La novela termina por ser demasiado esquemática y a veces se queda en la superficie de lo que cuenta. Gana en el recuerdo, sobre todo al leer las entrevista de De Vigan, que la defiende y le pone el armazón que se echa de menos en el libro. Las lealtades es una novela fallida en algunos sentidos, aunque tiene cosas buenas: es ágil, maneja las tramas con soltura y construye al menos una voz compleja, la de Cécile.

Una recomendación. Si aún hay alguien que no haya leído Nada se opone a la noche, de De Vigan, es un buen momento para hacerlo.