Ali Smith pone al individuo frente al mundo | Letras Libres
artículo no publicado

Ali Smith pone al individuo frente al mundo

El humor, la ternura y el extrañamiento son solo algunas de las razones para acercarse a este libro de cuentos magistral.

La vida de los libros. El primer relato, que da título al volumen, es una historia de historias. Todo empieza en un escaparate de una librería de viejo. Hay una mosca y alguien que entra y quiere comprar todos los ejemplares que haya de El gran Gatsby. Está la historia de ese ejemplar de la novela de Fitzgerald y todos sus dueños antes de llegar hasta esa librería de segunda mano. Y está la historia de para qué quiere el cliente todos los ejemplares que haya de la novela. Y por qué tiene el maletero lleno de ellos. Y eso sin olvidarnos de la mosca, de la librera, y así. Este cuento que abre el libro, que recorre un año entero empezando en febrero, es hipnótico y divertido y da el tono del volumen: hay experimentación formal, juego metaliterario, sentido del humor y preocupación por los personajes.

Amor, sexo y mentiras. ¿Puede alguien enamorarse de un árbol? En los relatos de Ali Smith sí. No solo puede, sino que lo cuenta sin amago de burla. Y entonces cuando parece que has entendido el mecanismo del cuento y crees que eres capaz de predecir lo que va a suceder, con un movimiento rápido e imperceptible, Smith cambia la perspectiva del relato para convertirlo en lo contrario de lo que parecía: no una historia de ruptura, sino de amor y entrega.

“Créeme” es un juego amoroso y sexual de una pareja, y lo bonito de ese cuento es que es solo eso, dos mujeres en la cama, jugando y hablando y haciendo el amor. Hay rupturas y situaciones muy extrañas, por ejemplo en “El principio de las cosas”, el relato que cierra la colección. O en “Rápido”, donde una mujer cree reconocer a la muerte en la estación y luego el tren en el que viaja se estropea y ella se queda sin batería en el teléfono y ya no se sabe bien qué sucede de verdad o qué es sueño.

Las tres hermanas. “Paraíso” es el cuento más largo del libro, y seguramente el mejor. Sucede en un pueblo, cerca del lago Ness, y cuenta la historia de tres hermanas cuyos padres han abandonado a su suerte. La mayor trabaja en el turno de noche de un centro comercial, la mediana es camarera en el barco que recorre el lago, la pequeña va a emborracharse al cementerio. La historia de cada una de ellas está contada desde su propio punto de vista y tiene su voz, pasa de una a otra con fluidez. En este relato, casi nouvelle, aparece claramente uno de los temas del libro: la relación entre el individuo y la comunidad. También cuenta de manera emocionante qué es ser una adolescente y desear sin saber muy bien qué, pero desear algo, que pase algo.

Como en “Rápido”, hay elementos simbólicos cuyo significado no termina de quedar claro. Y eso es una marca de estilo: Smith juega siempre con la ambigüedad, en la resolución de las tramas, cuando las hay. Este cuento tiene un eco en “Al calor de la historia”, también protagonizado por tres mujeres. En este caso, sin vínculo familiar. Las tres se cuelan juntas y borrachas en la misa del Gallo para resguardarse del frío. Una se olvida de dónde están y enciende un cigarrillo. El sacerdote las echa, pero después de que haya acabado la celebración. El cuento parece cómico al principio, pero poco a poco la conversación entre las tres va cambiando la atmósfera y, de nuevo, hay un encuentro cuya resolución queda en suspenso.

Todos los tiempos a la vez. Smith maneja el tiempo y el punto de vista de manera extraordinaria. En “El club de lectura” la narradora se acuerda de una niña desaparecida y encontrada descuartizada un verano (tenían la misma edad), de cuando su madre se suscribió a una especie de círculo de lectores de libros sobre la realeza, y todo mientras un taxista, orgulloso de su navegador GPS, la lleva a casa mientras le enseña todas las funciones del aparato.

“Una frase inacabada” es un cuento montado a partir de una conversación escuchada solo a medias en la puerta de una galería que acoge la obra de dos siameses separados al poco de nacer. La narradora imagina que le diagnostican “intolerancia a los ácaros, al pelo de gato y de caballo, al marisco, a los metales de la familia del níquel, a varias formas de expresión cultural”. El humor, la ternura y el extrañamiento son solo algunas de las razones para acercarse a este libro de cuentos magistral.

Ali Smith

La historia universal

Traducción de Magdalena Palmer

Madrid, Nórdica Libros, 216 pp.