Yukio, el niño de las olas | Letras Libres
artículo no publicado
Karine Daisay

Yukio, el niño de las olas

El libro de Jean-Baptiste del Amo y Karine Daisay inaugura la colección de libro ilustrado infantil y juvenil de Cabaret Voltaire. No es pueril ni mucho menos pedagógico.

Durante toda la historia conocida, por diversión o por necesidad, los seres humanos nos hemos transformado en animales. Lo cuentan la literatura y la mitología de cualquier época y lugar. A veces la transformación es un castigo, a veces es un medio de conseguir lo que se desea o de cumplir una misión, a veces sirve para esconderse o pasar desapercibido, a veces es la única manera que encontramos de expresar algo muy íntimo de todos o muy universal de cada uno.

En un pez se transforma Yukio, el niño de las olas, en el libro de Jean-Baptiste Del Amo y Karine Daisay que acaba de publicar Cabaret Voltaire en España y que publicó Gallimard en Francia a principios de 2020. El libro inaugura la colección de libro ilustrado infantil y juvenil y está traducido por Lydia Vázquez Jiménez, como los libros anteriores de Del Amo también disponibles en la misma editorial.

Si este libro es para niños será por los niños que lo lean fascinados, pero no es pueril ni mucho menos pedagógico. Muchos adultos lo disfrutarán. No hay mensaje material que asimilar ni un axioma que ignorases al abrir el libro y conozcas al cerrarlo, sino el despliegue cuidadoso de una modesta historia que transcurre en una pequeña isla del archipiélago de Yaeyama, que existe de verdad y pertenece a la magnética prefectura de Okinawa.

A estas islas con cañas y piñas y muy ricas en fauna marina llega un escritor bloqueado: “El fuego sagrado me había abandonado un buen día, sin previo aviso”. A pesar de que los que se cuentan son hechos bastante extraordinarios, esta del fuego sagrado que de improviso nos somete y nos abandona es la única vez que se recurre a figuras sobrenaturales. El escritor consigue salir de sí mismo al coincidir en la playa con una mujer que escruta el mar no “pensativamente como suelen hacer los paseantes, los soñadores o los amantes desilusionados, ella parecía querer distinguir cada tonalidad de azul”. Le intriga inmediatamente. Gracias al hombre que le alquila la habitación, el escritor –y narrador del cuento– conocerá la historia de la mujer.

Por la sencillez del lenguaje, por la esencialidad de los acontecimientos, por la naturalidad con que aceptamos que un hecho vaya desembocando en el siguiente, todo el libro parece una pequeña fábula que nos está intentando revelar algo, ¿¡pero qué!?

Hay un escritor preocupado, un cantinero sabio, una madre afligida y un niño mágico. Yukio, el niño de las olas habla de todos ellos con muy pocos elementos que son todos esenciales, pero toda la resbaladiza simbología está tratada con la fuerza suficiente para que no acabe desaguándose en una moraleja. Qué mérito del escritor no querer dar una lección, y que mayor mérito aún que no se le escape ninguna. Como mucho, comprendemos que hay misterios en la vida que no podremos resolver, y lo que nos queda es una sensación melancólica y ensoñadora.

La mitad del libro es el trabajo de la ilustradora Karine Daisay. Hay la misma cantidad de imagen que de texto. Son ilustraciones en color, generalmente de escenas completas, aunque hay una doble página de detalle de un fondo marino especialmente hipnótica. Casi todas las imágenes son un poco melancólicas como lo es el libro entero, y a pesar de la belleza de la naturaleza transmiten una sensación solitaria, alejada, como si fuesen la expresión emocional de la madre abandonada que matiza la narración del escritor. Los retratos de Yukio son como los de un pequeño dios, como algo que se percibe milagroso. Al leer este libro he pensado que si lo hubiese leído de pequeña, sus imágenes (en papel mate, que las absorbe y por eso las hace más hondas que si fuera en brillo) se me habrían quedado muy grabadas. Funcionan con el texto igual que la música con la letra en una buena canción.

A propósito de esto, he visto en el Instagram de Daisay, entre sus dibujos, la foto de una playa francesa. Los contornos de esta playa real, en la que Daisay ha estado, son los mismos de la playa japonesa que ha dibujado para Yukio, el niño de las olas. Quizá es una playa en la que estuvo cuando aceptó el encargo, o quizá es una playa que conoce muy bien y le es muy querida, como todos reconocemos nuestros contornos especiales de la tierra. En todo caso, su silueta le pareció apropiada para representar ese rincón del mar de la China Oriental donde transcurre la historia de Yukio, que es playa real y playa de la imaginación.

 

Yukio, el niño de las olas

Jean-Baptiste del Amo y Karine Daisay

Traducción de Lydia Vázquez Jiménez

Cabaret Voltaire, 2020