Peligros de leer a Marguerite Duras | Letras Libres
artículo no publicado

Peligros de leer a Marguerite Duras

'La vida material' es un libro que parte de conversaciones con el escritor Jérôme Beaujour donde aborda muchos de los temas de Duras, aparece ahora con una traducción nueva.

Muy pronto fue demasiado tarde. Marguerite Duras (Vietnam, 1914 - París, 1996) escribió novelas, hizo películas, estuvo en el PC, tuvo desavenencias con Jorge Semprún, dejó el partido, fue de la Resistencia, escribió un diario mientras su marido estaba en el campo de Dachau que se llamó El dolor. Llevó un manuscrito a Gallimard que fue rechazado, pero aun así, Raymond Queneau, lector de la editorial, le dijo “escriba, no haga nada más”. Eso hizo Duras, solo que no escribió solo novelas, también cine: hizo películas, algunas basadas en sus novelas, otras seguían a personajes que habían aparecido como secundarios en otras. Como dijo Duras en Apostrophes, “Empecé con Hiroshima mon amour a ser incorrecta [con el lenguaje]”. Esa fue la primera película que escribió, animada por quien la dirigiría, Alain Resnais. En 1984 publicó El amante, quizá su libro más conocido, con el que ganó el Goncourt y en el que tenía esa frase demoledora: “Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”.

Un libro oral. Poco después de haber entregado Los ojos verdes, el pelo negro (1986), Duras se reunió con el escritor Jérôme Beaujour. Esas conversaciones fueron transcritas y después editadas, revisadas, repasadas, corregidas, y, explica Duras, “La última parte del trabajo la dediqué a abreviar los textos, a aligerarlos y a suavizarlos”. Eso se convirtió en un libro, La vida material, que ha sido ahora reeditado en español con una nueva traducción, notas y postdata de Menene Gras Balaguer. Aquí están todos los temas que le obsesionaba: el deseo, la escritura, la casa, el alcohol; y puede valer como una guía de su obra: hay explicaciones de algunos ecos entre libros y películas. Duras explica en qué consiste La vida material: “Este libro no tiene principio ni fin, y tampoco tiene centro. Desde el momento en que no existe ningún libro sin razón de ser, este libro no es un libro. Tampoco es un diario, ni es un reportaje, emana del acontecimiento cotidiano. Digamos que es un libro al fin y al cabo. Dista de ser una novela, pero más afín a su escritura –resulta curioso desde el momento en que es oral– que a la del editorial de un periódico. He dudado en publicarlo, pero ningún formato libresco previsto o en curso habría podido contener esta escritura flotante de La vida material, estas idas y venidas entre yo y yo, y entre vosotros y yo en este tiempo que compartimos”.

Cosas que no hay que contar. El libro toca muchos temas, algunos más ligeros, como la ropa, qué hacer con los manuscritos, una cómoda que recuerda de su infancia, otros centrales en su vida, el alcohol, la escritura y el amor, y otros sorprendentes, como el texto sobre el cortador de agua, donde cuenta la historia de una familia a la que le cortan el agua durante un caluroso y sofocante agosto; esa misma tarde, la familia al completo, madre, padre y dos niños, se tumba en las vías del tren para que les arrolle. Casi todos los textos son breves, excepto dos, “La casa” y “Los hombres”, que podrían componer un díptico, la guerra de sexos vista según Duras. En “La casa” escribe: “La maternidad no es la paternidad. En la maternidad, la mujer entrega el cuerpo a su hijo a sus hijos, estos se ponen encima de ella como sobre una colina, o como en un jardín, se la comen, le dan golpecitos, se duermen encima y ella se deja devorar y a veces es ella la que se duerme con ellos encima de su cuerpo. En la paternidad no pasa nada de todo esto.”

El uniforme MD. Una de las cosas curiosas que cuenta Duras es el origen del uniforme MD: falda, jersey de cuello alto y chaleco. Dice que siempre se viste igual para que hablen de eso y no de lo pequeña que es. Cuenta también que cuando ha terminado un libro comienza a invadirle un temor al vacío. Habla de Yann Andréa, su compañero desde 1980, que era homosexual y décadas más joven. La vida material es puro Duras, las notas completan el contexto y satisfacen la curiosidad, por ejemplo, el desprecio que siempre mostraron hacia ella Beauvoir y Sartre. El único peligro de este libro breve es el que tienen todos los libros de Duras: uno no querría salir nunca del universo Duras, por autodestructivo que sea en ocasiones.