Mujeres duras, caballos salvajes y novios que se reencarnan en perros | Letras Libres
artículo no publicado
Dirty Works

Mujeres duras, caballos salvajes y novios que se reencarnan en perros

'Madres, avisad a vuestras hijas' es el nuevo volumen de relatos de Bonnie Jo Campbell, un viaje a Kalamazoo, Michigan, lleno de personajes acostumbrados a vivir en el borde del abismo.

Kalamazoo, Michigan. Kalamazoo está en Michigan, al sur del estado, debajo de Grand Rapids. En el mapa parece que no esté muy lejos de Chicago ni del lago Michigan, pero es un mapa, y por mucho que haya escala, las complicaciones de la vida no salen en los mapas. Casi todos los cuentos de Madres, avisad a vuestras hijas, de Bonnie Jo Campbell transcurren en Kalamazoo o cerca o tienen personajes de la zona. Todos los cuentos tienen como protagonistas a mujeres, aunque no solo, también hay perros, caballos, exmaridos, novios y hermanos o amigos. Hay ciertas semejanzas entre los cuentos –el paisaje, las vidas complicadas, el punto de vista de mujeres– y también variedad de asuntos –embarazos no previstos, alimentar con biberón a un burro, violaciones o un viaje en bicicleta en Rumanía–. Los cuentos no son autobiográficos, pero es probable que Bonnie Jo Campbell se inspire en algunas cosas de su vida: trabajó como vendedora de granizados, subió en bici a los Alpes y organizó viajes de aventura por Rusia, los países bálticos y Europa del Este. Como informa la solapa de la traducción (de Tomás Cobos), en Dirty Works, “puede que sea una de las únicas beneficiarias de una beca Guggenheim que sabe cómo se castra un cerdo”.

Madres e hijas. El cuento que da título al libro, “Madres, avisad a vuestras hijas”, es un monólogo de una madre que, a punto de morir, emprende el relato de su vida, pero solo en su cabeza, ya no puede hablar y espera que su hija sea capaz de leerle el pensamiento de alguna manera. “Tengo la cabeza llena de historias que todavía tienes que oír, empezando por mis costillas, terminando por mi vida entera”. La mujer ha criado a seis hijos sola y es probable que no fuera contundente con uno de sus novios cuando se sobrepasó con su hija, y en parte es un intento de explicar por qué hizo eso, aunque no comprende por qué tanto tiempo después se lo sigue reprochando. Le pide que organice su entierro y que llame a doce hombres para que se rían muy fuerte. No es el único cuento en que se trata la relación entre madres e hijas: está también “Un lugar cálido”, “Hijas del reino animal” o “Cuéntate”. En algunos aparece el temor de que el novio se propase con la hija, en otros, hay hasta fuga.

Hijas y madres. Si hay una madre, hay una hija, y muchos de los cuentos sobre madres exploran también qué es ser hija y cómo las hijas ven a las madres. En algunos casos, están más centrados en las hijas, como en “Prueba de sangre” o en “Hijas de Transilvania, 1983”, un cuento en el que tres hermanas recorren Rumanía en bici y sobre la menor pesa haber dejado a la madre en una residencia.

Madres. “A ti, como mujer” es un cuento terrible: una mujer acude al hospital después de haber sido violada por un grupo de hombres, a los que conoce, y ha dejado a sus hijos pequeños en casa de un vecino que siempre tiene demasiados caramelos. “Desastres naturales” tiene como protagonista a una embarazada que empieza a pensar que el único lugar donde puede proteger para siempre a su bebé es en su vientre, fuera hay demasiados peligros. “Un multitud de pecados” es la historia de una mujer que habla con su hijo a escondidas de su marido y que ahora, después de años de maltratos y vejaciones, está postrado en una cama y requiere de cuidados.

Segundas oportunidades. En “Mi perro Roscoe”, una mujer embarazada cree reconocer en el perro que ha recogido al que era su prometido, que se acostaba con todas las que podía y que murió en un accidente. Cree que en su nueva vida perruna tal vez le sea fiel, desde la cárcel, su hermana le dice que son bobadas. “El fruto del papayo” cierra este volumen, y es un acierto, porque es el de los cuentos más luminosos, en el que el futuro aparece como una posibilidad, no solo como una repetición del duro presente. La protagonista descubre el amor a la vez que la papaya: “Dio otro mordisco y se preguntó cómo era posible que hubiera vivido sin esa fruta todos aquellos años”. Y eso me pregunto yo, cómo es posible que haya vivido sin Bonnie Jo Campbell todos estos libros.