Los mejores libros del año que no he leído | Letras Libres
artículo no publicado

Los mejores libros del año que no he leído

Un repaso a algunos de los libros del año a los que la autora de la lista no ha llegado.

Me gustan las listas, es una manera de ordenar lo que he hecho, de contarme lo que ha sido mi año y de tratar de recordarlo y fijarlo. Especialmente, me gusta hacer listas de libros, películas y discos. Antes de la lista de lo mejor del año está la lista de lo del año. Para hacer la lista de lo mejor del año hay que tener en cuenta de lo que te acuerdas que has leído, de lo que te acuerdas que no has leído, de lo que no te acuerdas que has leído y de lo que no te acuerdas que no has leído. Es decir, las listas, en realidad, están llenas de huecos y ausencias. Por eso, mi primera lista del año es de los libros que no he leído y (creo) me habrían gustado.

1. El tiempo regalado, Andrea Köhler (Libros del Asteroide)

Tiene todo lo que me puede gustar: citas y referencias a lo que pensaban y escribieron otros antes que ella sobre la espera y reflexiones que se presentan fragmentadas sobre la cantidad de tiempo que pasamos esperando.

2. En un café, Mary Lavin (Errata naturae)

Según dice la solapa, los cuentos pueden leerse como capítulos de una novela en marcha más o menos autobiográfica, y ese es uno de mis géneros favoritos. Otra de las cosas que me seducen del libro es que dice Alice Munro que los cuentos de Lavin siempre le han producido “una sensación de asombro y seguridad; seguridad por cómo su punto de vista se amplía con absoluta soltura y autoridad, y asombro porque es, en definitiva, tremendamente intrépida, original y extraordinaria”.

3. Operación Masacre, Rodolfo Walsh (Libros del Asteroide)

En 2010 estuve en Buenos Aires, en la Feria del Libro, y pude escuchar una magnífica conferencia que dio Ricardo Piglia sobre el libro. Desde entonces he querido leerlo y sigo queriendo hacerlo. Por una razón u otra, no he encontrado aún el momento.

4. Río revuelto, Joan Didion (Gatopardo ediciones)

Es la primera novela de Didion, y aunque no la leí, sí pude hojearla. Me pareció intuir un clima similar al de La última película, de Larry McMurtry, en la historia de un matrimonio infeliz, pero à la Didion, es decir, con sentido del humor y una mirada lúcida sobre las vidas vacías.

5. Pelea de gallos, María Fernanda Ampuero (Páginas de espuma)

Ha sido uno de los libros revelación del año. Es un libro sobre las relaciones familiares, según destacan las reseñas, y eso siempre es interesante.

6. Su cuerpo y otras fiestas, Carmen Maria Machado (Anagrama)

Suponía que iba a ser uno de los libros del año, pero no se ha hablado tanto de él como yo pensaba que sucedería. Solo leí el primer cuento, “El punto para el marido”, y me gustó cómo mezclaba lo cotidiano con lo fantástico, el sexo con el terror.

7. Un andar solitario entre la gente, Antonio Muñoz Molina

Aunque me abruma la cantidad de páginas, me interesa el método de trabajo y la acumulación de todo tipo de materiales para tratar de atrapar la vida que se escapa entre las manos.

8. Compórtate, Robert Sapolsky (Capitán Swing)

El monumental trabajo de este neurólogo se centra en tratar de explicar por qué hacemos las cosas que hacemos. Solo he leído uno de los capítulos, que publicó como adelanto Letras Libres, en el que explica por qué nuestro cerebro tiende a hacer grupos entre un nosotros y un ellos, es decir, explica por qué nuestro cerebro está preparado para odiar.

9. Teenage. La invención de la juventud, Jon Savage (Ediciones Desperta Ferro)

En este libro, Savage recorre siete décadas, de 1875 a 1945, cuando teenage pasa a ser de uso corriente, pero lo que Savage rastrea es la invención de la etapa vital diferenciada de la niñez y la edad adulta. Puede que no lea el libro, pero sí puedo ver el documental que hizo Savage a partir del libro.

10. Nada de nada, Hanif Kureishi (Anagrama)

Puede que no sea uno de los libros del año –no lo he leído–, pero quien tuvo retuvo y donde hubo llamas… Kureishi fue uno de mis escritores más admirados durante una época, volvería a él como se vuelve a los lugares en los que uno ha sido feliz.