Liv Strömquist y la vuelta del amor | Letras Libres
artículo no publicado
Liv Stromquist

Liv Strömquist y la vuelta del amor

El cómic 'No siento nada' es un análisis del amor hoy. Explica por qué nos cuesta sufrir por amor y cómo el narcisismo hace que veamos al otro como un espejo. Es también una reivindicación del amor como algo inexplicable y complejo.

El amor es una cosa rara. El amor es seguramente el asunto al que más páginas se han dedicado. No al amor feliz, sino a tratar de dar con sus mecanismos, deshacer sus caminos caprichosos y comprenderlo. Se cantaba al amor arrebatado como una exploración de los sentimientos propios. El amor cortés, la novela decimonónica, la poesía romántica, la mitología… casi toda la literatura habla de lo mismo. Rafael Berrio escribió una canción repasando definiciones del amor que han dado diferentes poetas tratando de entender algo del amor y, dice, “solo hallé una verdad sencilla y clara / que el amor es una cosa rara”.

Leonardo Di Caprio somos todos. En su cómic más reciente, No siento nada, en Reservoir Books, Liv Strömquist (Lund, 1978) parte de la aparente intercambiabilidad de las novias conocidas de Leonardo Di Caprio –misma franja de edad, todas modelos– para llegar a Byung-Chun Hal y la idea de que en la era narcisista el otro queda “degradadado a la condición de espejo del uno, al que confirma en su ego”. Dice Strömquist que Di Caprio es un ejemplo de la humanidad en ese comportamiento: “todos empezamos a sentirnos un poco como él”. Strösquist cita a Byung-Chul Han: “El narcisismo no es ningún amor propio […]” y resume: “Para el yo narcisista, el mundo se presenta solo como proyecciones de sí mismo”.

Nueva sociología del amor. Lo que hace Strösquist en este cómic, que parece mucho más ligero de lo que es en realidad, es trazar una sociología del amor. Con mucho sentido del humor y capacidad de síntesis, se apoya en filósofos, además de Byung-Chul Han, Eva Illouz, Søren Kierkegaard, Erich Fromm o Roland Barthes, busca ejemplos en Hilda Doolittle en la tradición cuentística hindú, en la mitología griega o en las canciones de Beyoncé y Lovie Austin, expurga revistas en busca de consejos y test para conservar el amor y llega a esbozar una teoría sobre por qué no sentimos nada. Illouz citada por Strömquist: “La experiencia amorosa va incorporando y exhibiendo cada vez más un proyecto utilitarista del yo, cuyo fin es obtener un máximo de placer y bienestar. Al mismo tiempo, el sufrimiento va quedando afuera de este nuevo léxico cultural del amor”. Así se entiende la canción que un grupo de letristas noruegos escribió e interpreta Beyoncé, “Irreplaceable”, que precisamente dice “reemplazarte es tan fácil”.

Quién habla de sentimientos. Para Strömquist, siguiendo a Illouz, se ha producido un cambio: en el siglo XIX eran los hombres los que hablaban de sentimientos: “En el siglo XIX la masculinidad se manifestaba mediante la estabilidad emocional y la exhibición casi ostentosa de la capacidad para formular y cumplir promesas”. Pero ahora eso ha cambiado: “La masculinidad moderna no se expresa mediante una demostración de los sentimientos, sino mediante una retención de estos”, y son las mujeres –no todas, advierte Strömquist todo el tiempo que está generalizando– sobre quienes recae la expresión de sentimientos y el deseo de formar una familia, etc.

Una defensa del amor. Strömquist carga contra la esterilización del amor. “Estar enamorado es como estar completamente indefenso, sin brazos ni piernas, como un trozo de kebab que gira en un puesto callejero grasiento, incapaz de hacer nada, solo cocinarse, impotente, uno no puede hacer nada, solo es una especie de lugar, un lugar que alberga un un deseo, un único deseo, que es poder estar cerca de un chico idiota que se llama Kevin (o quien quiera que sea).” Strömquist carga contra el ideal del empoderamiento. Para Kierkegaard “Lo que despierta el amor es inexplicable. Es fácil de decir, pero imposible de entender”. En la era del capitalismo tardío “el amor no es algo mágico/inexplicable/divino, sino algo que tiene que ver con el rendimiento y el control de uno mismo”. Aquí sigue a Byung-Chul Han y su idea de que vivimos en una sociedad del rendimiento, en la que el poder ha sustituido al deber y somos nosotros mismos los que nos imponemos la productividad y cuando fallamos solo queda culpa. “He fracasado en mi intento de ser una guapa mamá autónoma”, se lamenta un personaje en una viñeta. “¡¿Con quién hablas?! –responde un pájaro– Eres la única responsable de tu fracaso. No existe perdón. No hay excusas. Solo tu propia culpa”.