La vergüenza de ser clase media: sobre El corazón de la fiesta, de Gonzalo Torné | Letras Libres
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La vergüenza de ser clase media: sobre El corazón de la fiesta, de Gonzalo Torné

Quien se pregunte si 'El corazón de la fiesta' es una novela sobre el procés, quedará decepcionado. Pero contiene algunas pistas para entender algo.

Nada hace temblar tanto las dinastías como un hijo bastardo cansado de serlo. En El corazón de la fiesta, Gonzalo Torné imagina cómo se gesta la Cataluña fin-de-siècle a través de la andadura de una familia, los Masclans, que se hace con el poder político durante más de veinte años. El patriarca, Pere Masclans, patea todo el territorio catalán, gobierna los resortes del poder y de su partido, crea el vocabulario político de toda una época y, junto a una esposa xenófoba, engendra unos cuantos hijos insoportables. Se erige, así, en rey in pectore de Cataluña. La realidad siempre requiere un poco de imaginación para parecerse a ella misma.

Todo funciona bien –es decir, mal– hasta que el hijo bastardo se enamora de una desclasada de provincia. Afloran entonces las contradicciones soterradas, las infamias depositadas en el subsuelo de las vidas de los protagonistas, el papel de subyugación de las mujeres en las dinastías, las mentiras patrióticas.

El corazón de la fiesta es una novela moralista, no porque Torné busque absolver o condenar a los protagonistas, ni siquiera porque de ella se pueda extraer una parábola moral, sino porque busca ampliar nuestra comprensión moral. El corazón de la fiesta honra la moral cultivando sus virtudes imperfectas: la piedad, la lealtad, el amor. Torné es un moralista que no enjuicia. Como Ishiguro, Murdoch, Marías o Philip Roth, Torné sabe que es en la escuálida grieta que separa el pensamiento moral de la prescripción moral donde descansa la comprensión de una época y un lugar a través de sus personajes.

Y lo que arroja su meditado examen de Cataluña es descorazonador: una fascinación enfermiza por el dinero y el poder que necesariamente desemboca en la corrupción. Todo ello mientras Pere Masclans, el gran hacedor de la Cataluña fin-de-siècle, se encarna en el país y se envuelve en su bandera. Como dice uno de los personajes respecto de la obra política de Masclans: “es indiscutible que metió la mano en la caja, pero dígame, ¿quién construyó la caja?”.

La contraparte de los Masclans es el padre de Violeta Mancebo, la choni con la que el hijo bastardo de Masclans se ennovia. Mancebo padre, llegado a Cataluña de algún lugar de España buscando trabajo como tantos cientos de miles de personas, confunde la honradez con mantenerse deliberadamente en la pobreza, cultiva una especie de mística obrerista absurda, como si aspirar al bienestar propio de la clase media involucrara irremediablemente corromperse. Al igual que les ocurre a los Masclans, su relación con el dinero es fetichista, pero se expresa de una manera distinta: donde los Masclans buscan amasarlo con discreción pero con voracidad, los Mancebo lo repudian como el supersticioso Luis Aragonés se alejaba del color amarillo en cuanto lo veía. En la Cataluña de los Masclans, ya sea por la mística obrerista –que nada tiene que ver con la noble conciencia de clase– o por el arribismo que provoca el ansia de dinero fácil, no hay mayor vergüenza que la de pertenecer a la clase media.

Se requiere una destreza peculiar para que algo que no aparece en la novela sea su protagonista. Un poco como ocurre en Pálida luz en las colinas, donde el protagonista es el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki del que Ishiguro no habla en la novela, la verdadera protagonista de El corazón de la fiesta es la única que no aparece en la novela: la clase media. Algo parecido ocurre en Cataluña, la clase media es la protagonista absoluta de la vida social, política y cultural, pero existe una incapacidad retórica para reconocerse y presentarse como tal.

Tal incapacidad deriva tal vez de la pinza que ejerce en una franja de la población la fascinación por el dinero fácil y en otra franja el dispensador de crédito moral que supone presentarse como oprimido o víctima (ya sea en su vertiente social o en su vertiente nacional). Si las épocas tienen espíritu, Torné ha cazado uno: la vergüenza de ser clase media en la Cataluña fin-de-siècle.

Quienes se pregunten si El corazón de la fiesta es una novela sobre el procés, quedarán decepcionados y, si son gente mentalmente sana, aliviados, al saber que no lo es. Sin embargo, la novela contiene algunas pistas para entender algo del procés. Primero, es probable que nada explique mejor el contraste entre la retórica unilateralista e inflamada que dominó el procés y el comportamiento casi siempre burgués que esa vergüenza de ser clase media. Segundo, que como más hurgue el independentismo en el conflicto España-Cataluña, más supurará y más se evidenciará el conflicto latente dentro de Cataluña. Y tercero, que en el principio de toda identidad nacional o cultural siempre hay una mentira para intentar facilitarse un poco la vida, una debilidad humana que nos reconcilia con “el otro” y nos provoca una malévola risa momentáneamente reparadora.