La chica que se hizo mujer en París | Letras Libres
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JOEL SAGET / AFP

La chica que se hizo mujer en París

"Los países", de Marie-Hélène Lafon, es una novela de formación y sobre la relación del campo y la ciudad, pero también sobre la relación entre padres e hijos y con los orígenes.

Un viaje a París. Una familia viaja a París en tren, después de muchas conversaciones y en contra de los deseos del padre, para alojarse en las afueras, Gentilly, y es su primera vez en París. Viajan desde su granja, en el Cantal, y se quedan en casa de un matrimonio amigo. La esposa proviene de la misma zona, no muy lejos de Clermont-Ferrand. La familia viaja con los tres hijos, dos niñas y un niño, mientras que los anfitriones no tienen hijos aún, aunque quieren. El viaje es en marzo, y coincide con el Salón de la Agricultura, que el padre de familia aprovecha para visitar. Solo así ha consentido dejar la granja cuatro días. El viaje, los preparativos y la estancia ocupan la primera parte de Los países (Minúscula), la octava novela de Marie-Hélène Lafon (Aurillac, 1962) y la primera que se traduce al español.

La hija menor. En realidad, la protagonista de la novela es la hija menor, Claire, que aparece en la segunda parte como estudiante de letras clásicas en la Sorbona. Ahí se siente ajena a todo y todos, y a veces, también una impostora. Es diferente al resto de chicas y se le nota hasta en la ropa. Viene de estudiar durante siete años en un internado religioso. Y se avergüenza de no saber siquiera que Stendhal se llamaba en realidad Marie-Henri Beyle. No es capaz de hablarles a sus compañeros del lugar del que viene, pero no porque se avergüence, sino porque no sabría cómo. Ella llega sin las lecturas, sin saber casi nada, en comparación con sus compañeros. Acude a una fiesta que organiza el profesor de griego en su casa y charla con otros alumnos más avanzados en la carrera: “Así pues, una vida como la que monsieur Jaffre llevaba en aquella casa era posible, se sostenía por los libros.”

Una vida en París. De la vida de Claire como estudiante en París conocemos algunas cosas: se hace una amiga, Lucie, después otra, Véronique, conoce a un bibliotecario que proviene de su zona y pide repetidamente un traslado a Clermont-Ferrand, ciudad para siempre ligada a Mi noche con Maud para los rohmerianos. Como todos, admira a Jean-René, el alumno más carismático de la facultad y que desaparece de un día para otro. Vive en el distrito XIII, el barrio chino, entre la puerta de Choisy y la puerta de Italia. Dos lunes al mes pasa la tarde en la lavandería, donde conocerá a Gabriel, un estudiante australiano. Al principio, París es una ciudad ajena: “Las calles la dejaban perpleja, tenían algo demasiado volátil que se le escapaba; los primeros meses pensó que todo aquello apestaba, sencillamente, que París apestaba, sin matices, salvo en el barrio chino de la colada, donde en las aceras se amontonaban bolsas de compra, hierbas, frutas sin nombre.” Hasta el césped de los jardines de Luxemburgo le parecen ajenos a la hierba a la que está acostumbrada. Sin embargo, construirá su vida en París: conseguirá un trabajo en un banco, terminará la carrera, se preparará las oposiciones y ganará su plaza. Pero eso no nos lo cuenta porque una de las cosas que demuestra Lafon es un manejo envidiable de las elipsis y de cómo contar sin contar. Construye escenas aparentemente intrascendentes que encierran mucho más de lo que parece: por ejemplo, esa escena en la que Claire acude a comprarse unos pantalones rojos que lleva tiempo viendo en el escaparate de una tienda. No sabe su talla, calcula dos por encima de la que le corresponde, y al llevárselos es como si ya fuera otra Claire, la que será.

Historia de una educación. Los países es la historia de una adaptación, de un cambio y de cómo se construye una vida. A veces recuerda a El lugar, de Annie Ernaux, en ese deseo de entrar en un mundo que no es el propio; pero también a Memoria de chica, también de Ernaux, en el relato del paso de la adolescencia a la edad adulta, en el paso de chica a mujer. Pero a diferencia de los libros de Annie Ernaux y su estilo a cuchillo, la novela de Lafon se construye con un estilo marcado, exuberante, con un narrador en tercera persona que se adentra en la conciencia de los personajes. La lectura en clave autobiográfica es posible: como Claire, Lafon proviene del mundo rural, como la protagonista de la novela, estudió en un colegio católico y, como ella también, es profesora de letras clásicas. Sin embargo, la novela no subraya ese aspecto. De hecho, se aparta de él cediendo en la tercera parte el punto de vista de la narración al padre, al que recupera en su viaje anual a París para visitar a su hija. Acude con el sobrino, el hijo de su hermana mayor, Claire no ha tenido hijos. Tampoco tiene televisor. Y el padre, poco a poco, asume que su hija ha elegido esa vida. Los países admite múltiples lecturas: la novela de formación, la relación del campo y la ciudad, pero también con el origen, la relación entre padres e hijos y el cambio generacional, entre otros. El viaje que abría el libro se terminaba con una visita al Salón de la Agricultura; el que lo cierra, con una visita al Louvre. Lo que sucede en medio es, quizá, toda una vida.

 

Los países

Marie-Hélène Lafon

Traducción de Lluís Maria Todó

Barcelona, Minúscula, 2018, 144 pp.