Jane Smiley y el misterio de los hijos | Letras Libres
artículo no publicado

Jane Smiley y el misterio de los hijos

'Un amor cualquiera' transcurre en un fin de semana pero se remonta veinte años atrás, cuando la narradora tuvo una relación con otro hombre que precipitó la ruptura de la familia.

Reunión familiar. Una mujer se prepara para el regreso de uno de sus hijos, que ha estado un par de años en la India dando clases de matemáticas en un instituto en Benarés. Michael, el hijo que vuelve de la India, es “el gemelo idéntico de Joe”, el hijo que está pasando el verano en casa de su madre. Al poco de llegar, su novia lo dejó, después de mandarle unas cuantas cartas. Joe y Rachel están inquietos por la vuelta de Michael y ninguno quiere que se le note demasiado: “No hablamos de Michael. Es un ritual en nuestra familia: no mencionamos a la persona que está de viaje mientras esté todavía en camino. Normalmente nos conformamos con no pronunciar su nombre, pero esta vez Joe ni siquiera ha dicho ‘él’ o ‘mi hermano’”, escribe Smiley en boca de Rachel. Los gemelos son los pequeños de los cinco hijos que tuvo Rachel en cinco años. Además de los gemelos aparece Ellen, la hija mayor, que vive relativamente cerca. Hay otros dos hijos: Daniel y Annie. Rachel tiene cinco hijos y cuatro nietos. “Mis caderas estaban hechas para llevar niños en brazos, era capaz de abrirme paso entre juguetes y chiquillos sin tambalearme, sin apenas mirar al suelo salvo para admirar pintarrajos. Para mí, cuatro tronas alrededor de la mesa de la cocina y dos labradores retriever dando vueltas al acecho de la primera sobra que cayese al suelo era pan comido”, dice Rachel.

Ver crecer a los hijos. En Un amor cualquiera, publicada originalmente en 1989, Jane Smiley disecciona la familia y las relaciones y afectos que la conforman, como ya hizo en su novela más celebrada, La edad del desconsuelo. El amor del título se refiere al que dice sentir Rachel hacia sus hijos. Las reflexiones de Rachel sobre lo que supone ver crecer a los hijos salpican la novela: “Trato de aceptar el misterio de mis hijos, la inexplicables formas en que se alejan de las expectativas paternas, de cómo, por mucho que los conozca no los recuerde, algo en ellos no termina de encajar del todo”; “Mientras observo cómo Joe observa a Michael devorar la comida, el hecho de que nunca más volveré a verlos como inocentes bebés me atormenta”.

Hijos en crisis. Los hijos de Rachel que acuden a su casa a pasar el fin de semana están en crisis: el que llega de la India, el que no termina de superar la ruptura, la que discute con su marido; están los tres en un momento de suspenso, pensando qué hacer con sus vidas; los motivos por los que cada uno se siente perdido parecen diferentes, pero hay un origen común que Rachel está a punto de descubrir, solo después de revelar ella misma su propio secreto, la razón por la que se rompió su matrimonio con el padre de sus hijos. Rachel se enamoró de otro, de un escritor que vivía cerca, y tuvieron una relación el verano en que los gemelos empezaron la guardería. Se lo contó a su marido, un metódico investigador que disfrutaba de la vida familiar, y su reacción fue despiadada: se llevó a los niños a Inglaterra sin decirle nada. Rachel perdió a sus hijos, su amante dejó de hablarle y ella concentró todos sus esfuerzos en saber dónde estaban sus hijos y en tratar de recuperarlos, cosa que terminó por suceder. La relación con los niños se recompuso y, al menos eso ha creído siempre Rachel, las heridas no dejaron cicatrices profundas.

Cosas que no hay que contar. Rachel les cuenta a sus hijos lo de la relación con el vecino que precipitó el desastre familiar en casa de su hija mayor, que responde con una historia que habían mantenido en secreto y que rompe la idea que tenía Rachel sobre el tipo de padre que era su exmarido. A pesar de todo, han sobrevivido “a todo hasta la fecha. No es mi intención hacer un mundo de esto”. Pero Rachel se ha dado cuenta esa noche: “Les he dado a mis hijos los dos regalos más crueles: la experiencia de una felicidad familiar perfecta y la certeza de que tarde o temprano se acaba”.

*La foto de la portada es de Julie Blackmon, cuyas fotos pueden verse aquí.

 

Un amor cualquiera, de Jane Smiley

Traducción de Francisco González López

Madrid, Sexto Piso, 2020, 126 pp.