Esto no es otro libro sobre maternidad | Letras Libres
artículo no publicado

Esto no es otro libro sobre maternidad

En 'Las madres no' Katixa Agirre escudriña las sombras que acompañan la maternidad y se enfrenta a las versiones idealizadas.

Nueva Medea. En la tragedia de Eurípides, Medea mata a sus hijos para vengarse de la traición de Jasón. En Las madres no, de Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981), hay una madre que ahoga a sus mellizos de diez meses. La novela se abre con la niñera llegando a la casa, la única tarde de la que dispone de cuatro horas para ella, y descubriendo la tragedia. En esa escena Agirre muestra su habilidad para contar y manejar la tensión y los puntos de vista. ¿Cómo contar lo que no se puede decir? Pero la novela guarda aún unas sorpresas: la narradora está embarazada de su primer hijo; la narradora es escritora; la narradora conocía a la madre infanticida.

Madres que escriben. La novela de Agirre tiene muchos libros dentro: además de la trama del asesinato y lo que eso dispara en la narradora, reúne un montón de ejemplos de escritoras con hijos que reflexionaron sobre la maternidad y se enfrentaron a ella con diferentes resultados: de Adrienne Rich a Sylvia Plath, Doris Lessing o Muriel Spark. Hay algo paradójico en esto: es algo así como una verdad establecida que la maternidad no ha sido nunca un tema literario, pero muchas autoras están rescatando textos de escritoras madres sobre la maternidad y la bomba que supone el primer hijo. Puede que no haya sido tenido en cuenta, pero desde luego para las afectadas fue un tema. Contra los hijos, el libro de Lina Meruane, también contenía un catálogo de comportamientos frente a la maternidad de escritoras. En Maternidad, desde otro punto de vista, Sheila Heti también se dejaba llevar por la pregunta de si era compatible tener hijos con escribir.

El espejo oscuro. La narradora de Las madres no es una escritora que tiene a su primer hijo y recibe un premio importante. Entonces, decide tomarse una excedencia pero no para cuidar a su hijo, sino para escribir un libro a partir del asesinato de los mellizos a cuya madre, y autora del ahogamiento, conoció brevemente en su Erasmus. La narradora, sin nombre, ve en la madre asesina, que tiene dos nombres, Alicia y Jade, una especie de espejo oscuro, aunque esto solo se dice de manera sutil. Tiene otros espejos: su amiga Léa, que tiene tres hijos, y es quien de verdad era amiga de Alicia/Jade; las escritoras con hijos y las madres con las que coincide en el parque o en la guardería. Un poco à la Carrère, la narradora trata de reconstruir qué pasó, cómo pudo ser que sucediera lo que sucedió. Investiga sobre la depresión posparto, acude al juicio, que se celebra muy pronto, y toma notas de todo. Mientras, comparte las dudas que surgen durante todo proceso de escritura. También un poco à la Carrère, pero en el caso de Agirre es todo una ficción.

Cómo ser madre hoy. Uno de los aspectos que interesaban a Agirre es cómo te conviertes en madre y parece que eso se convierte en lo único que te define: “La identidad de madre había terminado por devorar todas las demás y había mandado a todos mis yos pasados al exilio más remoto”. Por eso, la narradora planea una escapada a Aviñón, donde vive Léa, su amiga. Por eso, se siente culpable cuando deja a su hijo en la guardería para escribir en el bar de al lado. Por eso, se pone nerviosa cuando Jakes le habla en una de las sesiones del juicio: es demasiado atractivo. Agirre trata de abordar todos los asuntos que contiene la maternidad, cómo afecta a la vida cotidiana, pero también a la mental, el cuerpo, los deseos, etc. También se enfrenta a una cierta idealización de la maternidad. Pero no se detiene ahí: trata de darle una forma literaria y combinarlo con la trama que cuenta eso mismo pero desde el lado más terrible. La novela tiene altibajos (hacia el final más bajos) pero tiene el mérito de plantearse el reto de mantener el nivel después de un inicio tan brutal.