Entrevista con Nadia Terranova: “No tenemos autoridad sobre el deseo: solo podemos elegir entre complacerlo o no” | Letras Libres
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Basso Cannarsa

Entrevista con Nadia Terranova: “No tenemos autoridad sobre el deseo: solo podemos elegir entre complacerlo o no”

En 'Adiós fantasmas', la escritora italiana construye una historia sobre el peso del pasado y de las heridas sin cerrar en nuestras vidas; es también un libro sobre la comprensión de los demás.

Adiós fantasmas (Libros del Asteroide, traducción de Celia Filipetto), de Nadia Terranova, está protagonizada por Ida, que escribe historias para la radio y cuyo matrimonio es fuerte aunque no haya deseo. La novela comienza con la llamada de su madre para que acuda a la casa de su infancia para ayudarla con las obras de reparación de un tejado antes de venderla. La vuelta a casa es la vuelta al pasado y a todas las heridas que quizá nunca se cerraron: la desaparición del padre, la incomprensión entre madre e hija, el alejamiento de su amiga de adolescencia. Está todo eso, y también la sombra del suicidio y la tragedia acechando en cada esquina de esta novela sobre el peso del pasado.

Ida, protagonista y narradora de la novela, vuelve a la casa de su infancia para ayudar a su madre a arreglarla. Pero lo que lleva tiempo en ruinas es también su relación con su pasado, y con su madre. ¿Quería hablar de nuestra relación con los episodios más dolorosos de nuestra vida?

La relación con el dolor siempre es conflictiva: sentimos dolor cuando lo recordamos, pero también alivio porque ha pasado; aunque no lo hayamos dejado ir, igualmente se ha pulverizado; el tiempo pasa aunque no queramos, aunque dentro de nosotros sea inmóvil. A menudo he sentido una distancia enorme entre el presente que corría y un pasado que se quedaba, inmóvil, dentro de mí, en ese caso no se puede hacer nada, solo vivir los altibajos como si estuvieras en un columpio.

Ida está marcada por la desaparición de su padre, la vuelta a casa es la vuelta a esa herida. Uno de los objetivos de Ida es recuperar una caja en la que guarda las reliquias de su padre…

Dado que Ida ya no tiene el cuerpo de su padre, sobre el que llorar, el único cuerpo que tiene es la caja con aquello que le recuerda a él. Tendrá que hacerle un funeral a esa caja, no para liberarse sino para enterrarlo, hacerle una tumba.

La vuelta a casa es una vuelta al pasado, pero también a una ciudad que ha dejado de ser la de Ida. Ahora instalada en Roma, vuelve a Messina, su ciudad, que es a su vez una ciudad cargada de pasado: “Treinta siglos de historia nos permiten contemplar con soberana piedad algunas doctrinas de allende los Alpes”. ¿Cuál es la importancia de esa ciudad en la novela?

Esa inscripción es de la época fascista y por lo tanto habla de la manera que tuvieron los regímenes totalitarios de contar el pasado, idealizándolo, convirtiéndolo en algo puro. Pero el pasado nunca es puro y el camino de Ida va en dirección opuesta, es un camino hacia la verdad y la complejidad.

A partir de ese punto de partida se disponen varios temas en juego: la memoria y la relación con el pasado, pero también con el dolor de los demás, como se ve en el reencuentro con su amiga o con la historia trágica que le cuenta Nikos. ¿El dolor propio funciona como antídoto del de los demás?

Nuestro dolor puede hacernos egoístas si no lo conectamos con el de los demás. Ida realiza un largo y decisivo recorrido de apertura de la mirada sobre el mundo que la rodea.

Otro de los asuntos centrales de la novela es la relación madre-hija. Ida, que es una hija sin hijos, dice en un momento que una madre es “algo de lo que no hay cómo protegerse”.

Elsa Morante se preguntaba quién se salva de la madre, visto que de otras mujeres nos salvamos solas... Es una escritora que amo y que creo que tenía razón. El amor de una madre puede hacerte sentir desnudo, es terrible y hermosísimo al mismo tiempo.

El deseo es otro de los temas de la novela: el deseo perdido de la protagonista; el deseo perdido de su padre, a causa de la depresión, y el deseo vivísimo de Nikos, a pesar de que su objeto de deseo haya muerto. ¿Qué es el deseo y por qué le interesa?

No tenemos autoridad sobre el deseo: podemos elegir entre complacerlo o no, pero no podemos dejar de desear ni imponernos hacerlo. Y mientras seamos capaces de saber qué deseamos y qué no, estaremos vivos. El luto, la pérdida son formas vehementes del deseo.

Y más o menos relacionado con el asunto del deseo, está la entrada al sexo de Ida, que es casi traumática o al menos poco deseable: en un coche con un hombre mayor sin que ella tenga el control de la situación…

Ella no lo vive como un trauma, así que no lo es. Para ella es simplemente la manera de medir su cuerpo, yendo más allá del límite imaginario de la protección paterna que no tiene. Pone en práctica una pregunta: ¿somos cuerpo o tenemos un cuerpo?

El padre de Ida tenía una depresión bastante severa, eso le sirve para explorar el tema de la salud mental, que es un tabú, como se ve en la novela.

Aún hay muchos prejuicios sobre la depresión, es una enfermedad en la que se tiende a culpabilizar al enfermo: estás enfermo porque no eres capaz de ser feliz, de salir adelante. Pero no es así, y eso no hace más que complicar las cosas y empeorar la situación.