Entrevista a Karolina Ramqvist: “A pesar del trabajo de generaciones anteriores, aún estamos al principio de la liberación femenina” | Letras Libres
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Alexander Dahl

Entrevista a Karolina Ramqvist: “A pesar del trabajo de generaciones anteriores, aún estamos al principio de la liberación femenina”

La autora sueca publica en castellano ‘La cazadora de osos’, un libro en el que reflexiona sobre la violencia de género y la experiencia de la escritura desde un caso ocurrido en tiempos de los conquistadores.

Marguerite de la Rocque estaba en estado el día en que la abandonaron en una isla desierta cerca de Terranova y Labrador, al noreste de Canadá, en el año 1541, cuando el país se conocía como Nueva Francia. Ese fue el castigo que por engendrar un hijo fuera del matrimonio le impuso su tutor, Jean François de la Roque de Roberval, uno de los conquistadores de Norteamérica, famoso por su amistad con el rey francés Francisco I y por su muerte como mártir de los hugonotes en 1560, durante las guerras de religión. En la desgracia la acompañaron a su criada y el noble que asumió la paternidad del bebé. Luego de la muerte de ellos y de su hijo, Marguerite de la Rocque se quedó viviendo meses en ese lugar, a merced de las aves de rapiña y otros animales salvajes, como los osos. Su historia aparece en la monumental obra La Cosmographie Universelle (1557) del cartógrafo y explorador André Thevet; en el Heptamerón (1558), la versión del Decamerón hecha por Margarita de Navarra; así como en Histoires tragiques (1570), del escritor y traductor François de Belleforest. En todas las obras, la anécdota se presenta como una fábula sobre las capacidades humanas, incluso las del “sexo débil”.

La cazadora de osos no cuenta esta historia. La segunda novela traducida al castellano de las cinco que ha escrito Karolina Ramqvist (Gotemburgo, 1976) narra la investigación sobre el caso de Marguerite de la Rocque y las preguntas que esta suscita en una escritora que acaba de tener su tercer hijo, cuya situación es muy similar a la de la propia Ramqvist. Su libro anterior, La ciudad blanca (2017) es un thriller psicológico donde la maternidad permite pensar en asuntos como el asilamiento, las relaciones sexuales y los mitos sobre le cuerpo femenino a través de una protagonista cuya vida está cambiando. En la nueva novela, más que el relato de la improbable supervivencia de una aristócrata en un ambiente peor que adverso, el interés se concentra en la manera como escritores del pasado han visto el abuso contra una mujer, en la indagación sobre las diferentes interpretaciones de qué era lo que había pasado en aquella distante isla americana. Ambas obras están conectadas a través de la reflexión sobre cómo se representa a las mujeres en Occidente y cómo esto determina el papel del género en la sociedad.

“Mi deseo de escribir sobre esos temas era mucho más fuerte que la idea de que no debería hacerlo, que el miedo al contacto con lo femenino que procedía de mi aversión al biologismo, tanto al de la sociedad masculina como al propio del feminismo, que quería colocar a la mujer en primer lugar, que quería creer en la Mujer con M mayúscula, como una figura con cualidades particulares y con una bondad particular que debía premiarse con particular consideración”, escribe en un revelador pasaje de La cazadora de osos.

Ramqvist tuvo la idea para La cazadora de osos cuando trabajaba en la redacción de un guion audiovisual sobre ese caso y planeaba convertirlo en un libro –“como muchos escritores, me parece que todo lo que hago en la vida se convierte en un libro y esto me repugna”, se disculpa–. A medida que avanzaba su trabajo con las fuentes del Renacimiento francés, el libro también fue tomando cuerpo. “Mucho de la novela tiene que ver con escribir y leer, con textos, con libros impresos y palabras y nombres, con la manera de nombrar a las personas y a los lugares. La cultura de Marguerite de la Rocque, inusual para su época, es importante para la historia tanto como para la supervivencia de ella”, apunta desde Suecia la autora para quien el libro es un homenaje a la lectura y la escritura.

“Normalmente, en mis obras no profundizo en el contexto histórico, pero me interesó la alegría con la cual se representaba el acto de la escritura entonces. Esto puede verse en la manera como los textos se presentaban y los diseños gráficos de la época temprana de los libros impresos. Allí se usaban con belleza las letras y proliferaban los encabezados ornamentales o párrafos que tenían toda clase de formas”, explica. Esta actitud le interesaba como contraste a la visión contemporánea de que el libro en físico es algo anticuado y a otras discusiones sobre el libro digital.

La maternidad es el tema central en su novela La ciudad blanca y en La cazadora de osos, uno secundario. ¿Cree que es un inevitable aspecto de la experiencia femenina?

Sí, pero ¿no es también un aspecto inevitable de la experiencia humana? No todas las mujeres serán madres, pero todos los seres humanos vienen de una mujer. Ahora creo que hay más obras con ese tema que antes: cuando escribí La ciudad blanca [en 2015] quería encontrar más descripciones de la maternidad en la ficción contemporánea. Es difícil pues estamos aún al principio de la liberación femenina y en estos tiempos muchas cosas parecen tener un precio.

La hermenéutica parece ser la metodología que las protagonistas comparten en sus novelas para interrogar al mundo. ¿Se trata de una declaración sobre el papel de la literatura?

Normalmente hay algo en las experiencias de los personajes que me interesa descubrir. La protagonista de La cazadora de osos necesita escaparse y reconectar con algo más grande que ella misma y que su tiempo. Se siente asilada y quiere romper con esa soledad a través de su trabajo y yendo atrás en el tiempo.

A lo largo de la novela, la narradora se debate con la idea de escribir sobre Marguerite de la Rocque desde la perspectiva de género, pero cree que la herramienta ha sido utilizada demasiadas veces. ¿Opina lo mismo?

Cuando el feminismo es mercantilizado de la manera en que lo ha hecho la cultura popular en los últimos años, hay un riesgo de que la perspectiva de género se use de forma mecánica y se cargue a situaciones que, en realidad, se refieren a asuntos distintos y necesitan discusiones más complejas. Las estructuras de poder también son complicadas. En un país como Suecia, en donde hay una equidad de género relativamente alta, las categorías como hombre y mujer son inútiles si nosotros no consideramos otros asuntos como la clase social y la raza; necesitamos desarrollar perspectivas más interseccionales sobre estos problemas. En la novela, la narradora está preocupada con asuntos de feminismo y de la violencia machista, y anhela un punto de vista inmaculado sobre esos temas que le permita liberarse de preconcepciones y descubrir qué fue lo que realmente pasó con Marguerite de la Rocque.

¿Piensa que las editoriales hacen más esfuerzos ahora por publicar libros escritos por mujeres?

Entre los lectores, la mayoría son mujeres y quizá ellas prefieren las obras de las escritoras. Las novelistas fueron mayoría durante los primeros tiempos de ese género literario, pues la escritura era un vehículo de expresión accesible, barato y poco pretencioso. Solo necesitaban una pluma y un tema sobre el que escribir. Quizá pase lo mismo ahora. Quizá, las mujeres que se deciden por la literatura lo hacen porque leer y escribir son actividades que pueden hacer solas, sin salir de casa y no implican muchos colaboradores ni las enormes inversiones de dinero que requieren artes como la cinematografía, la música, la pintura o la escultura.

Tiene fama de ser un referente del feminismo sueco. ¿Cómo ha contribuido esto a cambiar su percepción del mundo?

Nací dentro de ese movimiento porque mi madre y sus amigas eran feministas y me criaron cuestionando constantemente mi entorno, así que para mí, cuando crecí, se trataba más de indagar en mis propios dogmas feministas y en tratar de ver qué faltaba allí.

¿Cuál ha sido el cambio crucial en la situación de las mujeres desde L’Ancien Régime y qué prejuicios se mantienen?

Poder tomar parte en la sociedad como los hombres, trabajar, votar y tener derechos de propiedad sobre cosas y dinero son logros importantes del género, pero aún deben conseguir la autoridad sobre sus cuerpos: la potestad para decidir por ellas mismas si quieren tener sexo o quedarse embarazadas. A pesar de todo el trabajo de las generaciones anteriores, aún estamos al principio de la liberación femenina, y no solo en lo político. Aunque todas las mujeres del mundo tuvieran los mismos derechos que los hombres, los cambios no se apreciarían de la noche a la mañana. Es frecuente que las mujeres lleven la subordinación dentro, sin darse cuenta. Están acostumbradas. Por eso, siempre deben trabajar en lo psicológico y lo personal tanto como en lo social para lograr la igualdad.