Entrevista a Elsa Drucaroff: “En Argentina a las escritoras ahora se las está tomando en serio porque están exigiendo que se las tome en serio” | Letras Libres
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Entrevista a Elsa Drucaroff: “En Argentina a las escritoras ahora se las está tomando en serio porque están exigiendo que se las tome en serio”

En su libro de cuentos 'Checkpoint' la escritora argentina reflexiona sobre cómo nos relacionamos con nuestro yo pasado y se centra en los momentos en que se producen los cambios vitales.

La argentina Elsa Drucaroff acaba de publicar su primer libro de cuentos, Checkpoint, que publica Páginas de Espuma. Son relatos que abordan aquellos momentos vitales en los que se produce algún cambio, recuerdos de lo que fuimos y preguntas sobre si en el presente hemos llegado a ser aquello que queríamos ser. Drucaroff es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y ha participado activamente en los diferentes movimientos y manifestaciones feministas de los últimos tiempos en Argentina. Es autora también de cinco novelas y seis ensayos.

¿Ha llegado a ese momento en el que una se encuentra con aquella persona que soñaba ser de joven? O ese momento no existe…

Yo tengo algo que me produce alegría y paz: miro para atrás a la adolescente que fui y digo, esta que soy le gustaría a esa jovencita. No la traicioné. No sé si llegué donde quería porque uno nunca llega donde quiere. No sé si todo lo que me pasó es lo que quería que me pasara así tal cual… En la vida hay cosas que a uno le salen muy bien y otras que le salen muy mal. Pero en términos generales tengo esta enorme paz conmigo misma. Esta que soy le hubiera gustado a esa chica.

Y, al revés, ¿cómo se ve desde aquí a aquella chica? ¿Demasiado utópica e idealista?

Era idealista y utópica, pero nunca hay demasiado. Cuando se es muy joven es importante no negociar. Ya habrá tiempo para las negociaciones, para entender que no todo lo que uno cree es tan fácil de hacer. Sería terrible que esa jovencita hubiera tenido ciertos saberes que yo tengo ahora. Y hay algo de esa fiebre de esa chica que yo mantengo.

El cambio de opinión, de hecho, se considera sabio.

Claro que se cambia, pero una cosa es cambiar y otra prostituirse, traicionarse, venderse. Cuando yo tenía 16 y 17 años pensaba que el socialismo era una cosa facilísima, perfectamente producible y que además iba a venir e iba a ocurrir. Luego me di cuenta de que los socialismos reales distaban mucho de lo que yo pensaba que era el socialismo, que no era tan fácil y que nada estaba escrito. En ese sentido no pienso lo mismo. Pero te juro que si en este instante hubiera una mínima oportunidad de subirme a algún tren de la historia que me llevara a un lugar mejor, yo me seguiría subiendo, aunque a diferencia de los 17, ahora sé que no va a ser tan fácil, no es mágico y lo más probable es que no lleguemos a ningún lado, pero no voy a dejar de subir porque eso no me lo voy a perder.

En sus cuentos cobra mucha importancia el cuerpo. Cuando nos cambia la vida, también nos cambia el cuerpo.

Por supuesto, y eso las mujeres lo sabemos muy bien. El cuerpo tiene inteligencia, voz, afecto. En mis cuentos es muy fuerte el lugar que tiene el cuerpo porque este tiene mucho para decirnos y enseñarnos. Yo no creo que haya emoción importante ni checkpoint importante en la vida donde no participe el cuerpo. Hay una feminista belga, Luce Irigaray, que plantea precisamente que las mujeres tenemos brutalmente inscrito el tiempo del cuerpo: los ciclos menstruales, hasta el himen, que es un paso de quiebre feroz. Puede romperse de muchos modos, pero hay un momento en el que se rompe. Luego los embarazos, la menopausia… No podemos ir a ese tiempo abstracto de que una hora es igual a una hora. Los hombres también tienen marcas del paso del tiempo en su cuerpo, pero pueden vivir mucho más alienados a este respecto.

Nosotras vamos mucho más al médico por nuestro cuerpo que los hombres, prácticamente desde la pubertad, aunque estemos sanas.

Pero eso nos da una sabiduría mucho más particular. Si nos juntamos con eso en vez de con las siliconas que nos venden y las operaciones para disimular el tiempo. Si nos juntamos con el orgullo de las estrías que salieron porque nuestro vientre se amplió para tener un hijo o con el orgullo de las arrugas que la vida te hace, yo creo que podemos tener una conciencia muchísimo más armónica con el tiempo vital.

Otro de los aspectos es el compromiso político que hay en sus textos, sus personajes. Es la sempiterna cuestión: ¿hasta qué punto el escritor debe postularse políticamente en sus novelas?

En la ficción cada escritor o escritora tiene que hacer lo que se le cante. Tiene que escribir de lo que quiera y si la política es algo que se conecta con su imaginación y creatividad, adelante y si no, también. En la vida personal mi ética sí pasa por tomar partido en ciertas situaciones. A mí no me gusta la gente que es completamente indiferente al mundo que la rodea, al dolor y las injusticias. En resumen, que la gente cree como quiera, pero la gente a la que el dolor humano le es indiferente y no tiene posición… No me gusta.

Ahora hay un fuerte posicionamiento de las argentinas, también muchas escritoras, contra la violencia de género, a favor del aborto… Y sus voces son relevantes. ¿Qué ha ocurrido?

Las mujeres tienen una participación en la literatura, y eso no es nuevo. Lo que es nuevo es que ahora se las está tomando en serio. Ser mujer era prueba de que no podías ser tan talentosa. Ahora se está empezando a tomar en serio a las escritoras porque las escritoras también están exigiendo que se las tome en serio.

¿Y qué fue lo que cambió para que ahora se las tome más en serio como usted dice?

A mí país llegó un feminismo de golpe, como un alud. Yo soy feminista desde mi veintena y lo he sido toda mi vida. Ahora hay un montón, pero cuando yo era joven sufrí muchas agresiones al decir que era feminista. E incluso era una manera para que no me tomaran en serio, no me leyeran y me miraran con condescendencia. Ahora todas somos feministas. Por suerte. ¿Y qué cambió? Hace cuatro o cinco años, frente a la oleada de feminicidios, hubo una iniciativa muy interesante. Yo presto muy poca atención a las redes sociales, pero vi que había una serie de correos por Facebook de un grupo de gente que quería hacer algo al respecto. Y de pronto de ese pequeño grupito, donde había gente que conozco y que es amiga, se llamó a una concentración a la que sí fui bajo la consigna “ni una menos”, que tanto éxito tuvo. El primer “ni una menos’” tuvo un éxito que asombró incluso a los que lo habían convocado. El segundo tuvo más de 100.000 personas a partir de un feminicidio particularmente tremendo. Y a partir de eso se empezó a construir un movimiento de mujeres espontáneo y crítico. Yo creo que hubo una conciencia de la fuerza social que podemos tener todas cuando decimos basta. Y además, una gran inventiva, como esta huelga de mujeres, que es una idea extraordinaria.

Ahora hay escritoras argentinas muy reconocidas internacionalmente, como Mariana Enríquez, Samantha Schweblin, Leila Guerriero… ¿es un movimiento como el del boom de hace cuarenta años, pero en femenino?

Sin ponerme sexista al revés y sin sacar a los hombres de juego, la narrativa más visible en mi país y probablemente la mejor ahora está representada por mujeres. Tiene que ver con cuando destapas una olla y después de mucho tiempo en el anonimato y falta de legitimidad y humillaciones, de pronto se empieza a ver que esto existe. Samantha Schweblin o Mariana Enríquez son excelentes, pero no tuvieron tanto tiempo de discriminación, aunque también la hayan sufrido. Pero, por ejemplo, Patricia Suárez es una extraordinaria narradora que ganó el premio Clarín a comienzos de los años 2000 y todos se asombraron porque ya tenía 8-10 libros publicados en el anonimato más completo. Las mujeres hace muchos siglos que estamos trabajando, pero muchas novelas, diarios, manuscritos no se publicaron y fueron tirados a la basura porque sus descendientes no les dieron ninguna importancia. La tradición en el arte y la producción que tenemos nosotras es enorme, pero se conoce muy poco y lo que se conoce es casi por azar. ¿Qué hubiera sido de toda la producción de las hermanas Brontë si Charlotte no hubiera logrado con Jane Eyre ser importante?

Hablando de mujeres, vuelve al poder Cristina Kirchner, a la que ha criticado en alguna ocasión.

La he criticado, pero también la he elogiado. He tenido una posición de apoyo crítico al kirchnerismo. Ella va a ser la vicepresidenta del Senado. Es un animal político. El kirchnerismo tuvo cosas buenas, errores graves y algunas cosas malas. Yo he apoyado lo que creí que tenía que apoyar cada vez, pero sí hay algo que tengo muy claro: yo no soy kirchnerista, pero sí soy antiantikirchnerista. Los motivos por los cuales el kirchnerismo ha sido criticado no han sido sus cosas malas, sino en general sus cosas buenas, salvo excepciones que también existen y no son menores. Yo no creo que Cristina Kirchner vuelva exactamente al poder. Hay un nuevo líder político que es Alberto Fernández, que veremos qué hace, aunque sin ninguna duda va a ser mejor que Macri porque estamos en el fondo del pozo, y del fondo del pozo solo hay un camino.