Entrevista con Cristina Sánchez-Andrade: "Escribir es un modo de interpretar la vida y de aportar esa interpretación al mundo en que se vive" | Letras Libres
artículo no publicado
Cortesía de Cristina Sánchez-Andrade

Entrevista con Cristina Sánchez-Andrade: "Escribir es un modo de interpretar la vida y de aportar esa interpretación al mundo en que se vive"

'Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro' es un libro-conversación sobre la literatura y las técnicas narrativas.

En Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro (Triacastela), la escritora Cristina Sánchez-Andrade y su exalumno –ahora también escritor– Alberto Echevarría conversan sobre las técnicas narrativas.

Estamos en un momento en el que la literatura como forma artística tiene menos relevancia social (no digamos económica) que otras expresiones narrativas. Además, a menudo hablamos de la literatura de ficción por su relación con la actualidad, como si hubiera perdido autonomía. ¿Por qué tanta gente quiere escribir una novela?

Se ha puesto muy de moda toda la literatura del “yo” o autobiográfica, libros como los del noruego Karl Ove Knausgard, por ejemplo, no sé si te refieres a esto. Estas novelas se nutren principalmente de la vida cotidiana y de la vulnerabilidad del que narra la historia. Desde mi punto de vista, se explotan, a veces demasiado, estos elementos, como si todo lo que nos pasara (desde que me levanto hasta que me acuesto, pasando porque me tiro un pedo), fuera material literario.

Hoy todo el mundo quiere escribir una novela, como si fuera algo fácil, o al alcance de todos. Mucha gente no ha escrito nada en su vida y acude a los talleres porque de repente quiere escribir una novela. Yo siempre lo desaconsejo. Es como pretender dirigir una orquesta sin tocar ningún instrumento. Y lo peor es que muchas veces esa gente ni siquiera lee, ni siquiera le gusta leer. No quieren escribir bien, solo quieren ser escritores y sobre todo publicar. Publicar jamás debería ser el fin. Esto ha generado un mercado de editoriales de autopublicación que son una auténtica estafa porque juegan con las ilusiones de la gente. Uno debería publicar solo cuando hay un reconocimiento y una apuesta por parte de un editor que, además, se compromete a promocionar y distribuir el libro. Sacar un libro para satisfacer el ego y para quedar bien con los familiares y los amigos es un error garrafal, jamás lo recomendaría. ¿Qué sentido tiene? El libro sale y en dos meses se pierde y se olvida entre los miles y miles de libros publicados todos los años. Este anhelo por escribir y sobre todo por publicar tiene que ver con un tema de realización personal, como tener un hijo o algo así (de ahí el título de nuestro libro Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro que juega con esto). Escribir una novela requiere tesón, talento, una preparación y formación previa, tiempo y una fuerza de voluntad que no tiene todo el mundo.

¿Te parece que se puede enseñar a escribir? ¿Qué piensas de los talleres literarios? A veces se ve en libros, sobre todo de autores estadounidenses, pero no solo, la huella de la escritura de “taller” y de los departamentos de escritura creativa. Los clichés, cierto manierismo, cierta homogeneización. ¿Hay riesgos en esa escritura de taller y cómo se pueden evitar?

Sí, muchas veces cuando lees algo tienes esa sensación de que “huele a taller literario”. Pero mira, te contesto con este texto de David Foster Wallace: “Están dos peces nadando uno junto al otro cuando se topan con un pez más viejo nadando en sentido contrario, quien los saluda y dice: Buen día muchachos, ¿cómo está el agua? Los dos peces siguen nadando hasta que después de un tiempo uno se gira hacia el otro y pregunta: ¿Qué demonios es el agua?” Y es que, el talento, está claro, no se puede enseñar. A menudo, el que lo tiene, es incapaz de explicar en qué consiste, como esos dos peces que nadan perfectamente sin siquiera saber qué es el agua. También hay otra cosa imprescindible que el escritor debe tener, y que nadie te puede enseñar (tal vez sí la puedes entrenar), que es una mirada. Todos, salvo que estemos ciegos, vemos cosas a nuestro alrededor. Pero no todos nos detenemos a pensar en eso que vemos. Lo importante es la manera de observar y de interpretar el mundo. Porque se escribe como se es, y escribir es un modo de interpretar la vida y de aportar esa interpretación al mundo en que se vive. Lo que dices de la homogeneización en la escritura es verdad; o más bien, mi sensación es la de pensar “esto no me aporta nada nuevo”. Dicho esto, también digo que solo con talento y mirada, y sin técnica ni unas nociones básicas, tampoco se llega a ninguna parte. Cuando un bailarín o un cocinero dice que ha estudiado en esta o en esta otra escuela, nadie lo cuestiona. Se da por hecho que tiene que aprender una técnica antes de poner en práctica su talento. Creo que con la escritura ocurre exactamente igual. Y mira, ya que mencionas a los autores estadounidenses y la huella del taller, te pongo el caso de Flannery O’Connor. Ella podría ser el mejor ejemplo de una escritora salida de un taller (en su caso fue el prestigioso taller de Escritura de Iowa). De hecho, todos sus cuentos siguen el mismo patrón, que sin duda aprendió allí. Y sin embargo, es única.

En el mundo anglosajón forma parte de la academia, parece que en el mundo español no tanto. ¿Por qué? ¿Es una ventaja o un inconveniente?

Ahora aquí hay algún máster de escritura, por ejemplo en la Complutense, pero es verdad que es bastante reciente. Creo que se debe simplemente a una cuestión de tradición. Pero estoy segura de que cambiará y que llegará un momento en que se pueda estudiar también como carrera universitaria, vamos hacia eso. No sé decirte si es una ventaja o no. A lo mejor aquí somos más autodidactas y si pensamos en esa homogenización o ese manierismo que comentabas, entonces tal vez incluso es mejor la situación que tenemos. En todo caso yo creo que, esté o no esté en la universidad con un plan de asignaturas, el proceso de formación del escritor no debería ser otra cosa que leer, leer y leer. Y también, aunque de manera secundaria: dedicarle muchas horas porque la inspiración surge trabajando, equivocándose y tirando mucho trabajo a la basura.

¿Qué aprende un escritor dando clases de escritura creativa?

Muchísimo. Yo siempre he sido autodidacta y cuando empecé a dar clases, tuve que empaparme de la técnica para explicarla. Recuerdo que según leía todo eso de los manuales para contárselo a los alumnos, empecé a aplicarlo yo a mi escritura. Me ha ayudado y me sigue ayudando a ordenar las ideas y a no dejar todo en manos de la intuición. Soy una defensora a ultranza de la intuición, pero muchas veces falla o es insuficiente. En los talleres también se aprende mucho de la gente. Cada persona es un mundo. Cuando leemos una novela, a mí me encanta que todo el mundo comente algo. No te imaginas lo distintas que pueden ser las lecturas, en lo que se fija cada uno. Esto me parece fascinante.