El tiempo apremia, de Zygmunt Bauman | Letras Libres
artículo no publicado

El tiempo apremia, de Zygmunt Bauman

 

Que el mundo ha tomado un rumbo equivocado, un camino peligroso que puede desembocar en una catástrofe irreversible, es una de esas ideas recurrentes que vemos formulada, con mayor o menor énfasis y retórica, en casi todas las épocas históricas, particularmente a partir de la primera revolución industrial. El precio del progreso y de la tecnificación parece haber sido la renuncia a unas relaciones más humanas entre los hombres y su hábitat, y sin embargo el progreso y la tecnificación perseguían  aparentemente todo lo contrario: facilitar al hombre su paso por el mundo. Los cambios que el progreso y la tecnificación han provocado en la conducta de los hombres, y –en último término– en su moral, son sin embargo un fenómeno relativamente nuevo, que las generaciones actuales están viviendo con naturalidad, como algo sin duda positivo frente a la represión de los instintos y el oscurantismo con que se suele caracterizar al pasado.

Zygmunt Bauman es quizás uno de los autores contemporáneos que mejor ha diagnosticado este problema y estudiado sus implicaciones, muchas de ellas difíciles de percibir a simple vista, y este –su último libro hasta la fecha– es sin duda una de las mejores aproximaciones a sus ideas y teorías. El tiempo apremia, título significativo, está compuesto por ocho entrevistas con la escritora mexicana Citlali Rovirosa-Madrazo, autora también de la introducción al libro. Todos los temas objeto de su reflexión, la mayoría de los cuales ha cristalizado en libros anteriores, (particularmente en El arte de la vida, Modernidad y Holocausto, Identidad y Vidas desperdiciadas) reaparecen aquí al hilo de las entrevistas, y permiten al autor revisitarlos, puntualizarlos, e incluso salir al paso de algunos malentendidos a que han dado lugar en ocasiones. El Estado de Bienestar, la globalización, la posmodernidad, la biotecnología, el cambio climático, la trivialización del sexo o el fundamentalismo religioso son algunos de los temas tratados en este libro de una manera coloquial, pero también en profundidad, e incluso con ese característico y cáustico humor inglés que parece habérsele pegado al autor.

Uno de los indiscutibles méritos de Bauman es que sitúa históricamente el origen de la actual, y para él más que evidente, “crisis de valores”; a la vez que sabe ver las conexiones entre los distintos fenómenos, sus implicaciones y consecuencias previsibles, y sin embargo no previstas, y las reveladoras realidades sociales que el lenguaje de la crisis ha puesto de manifiesto.

Nada más fácil, sin embargo, que acusar al discurso de Bauman de catastrofista. A fin de cuentas la humanidad ha superado todas sus crisis anteriores y todavía seguimos vivos y coleando. Pero ¿significa esto que lo va a seguir haciendo en el futuro? ¿Superó las crisis realmente o únicamente las dejó atrás? Que una parte de la humanidad vive hoy más y mejor es algo que no admite discusión, pero ¿podemos considerar esto un argumento? Para Bauman es indiscutible que no: “la solidez y los recursos de una sociedad se miden por el bienestar y los recursos de sus sectores más débiles, y sólo aumenta si su situación mejora”.

Pero Bauman habla sobre todo de libertad, de “la fatiga de la libertad”, que es en el fondo lo que está en juego y en trance de desaparecer. El problema, según él, es que las libertades (la libertad política, religiosa, sexual, económica, etc.), la mayoría conquistadas con grandes esfuerzos, son libertades de derecho pero no de facto. “Cuando la libertad de elección está garantizada teóricamente pero es inalcanzable en la práctica, al dolor de la desesperación se sumará necesariamente el de la humillación y la desventura.” Y no es infrecuente que los sectores privilegiados de la sociedad global, es decir la minoría, perciban las libertades de la ciudadanía, y por añadidura la democracia, como un obstáculo para sus intereses. De modo que las actuales dudas sobre la “capacidad de nuestras instituciones democráticas para promover la igualdad, la cooperación y la libertad” son más que razonables. Porque la democracia fue la respuesta ideal – siempre según Bauman– a la sociedad de productores en la época de la fundación de los Estados-nación, pero ¿lo sigue siendo en la sociedad de consumidores de la era global?              

Nada ha sucedido como se esperaba, o se decía esperar. Ha aumentado la pobreza, el paro, la marginación social, los vínculos humanos se han degradado y se ha impuesto un feroz individualismo suicida. Hemos entrado en una nueva era en la que solo las soluciones globales pueden garantizar la integridad y la seguridad del planeta. La etapa anterior culminó con la aparición de los Estados-nación. La futura deberá culminar en otro modelo, un modelo integrador que pueda dar una respuesta conjunta, coherente y eficaz a los problemas que ya no es capaz de resolver ningún Estado-nación. El “estado social”, concluye Bauman, ya no es viable; solo un “planeta social” puede asumir sus funciones. Pero, paradójicamente, las sociedades desarrolladas siguen empeñadas en su huída hacia delante, en crear nuevos mercados, en inventar nuevas necesidades que garanticen los beneficios de las empresas de los que, supuestamente, depende en última instancia el buen funcionamiento de la sociedad. En este contexto, la manipulación genética se perfila como el producto ideal, puesto que ofrecerá solución a todos los problemas de los consumidores. Pero ¿es realmente una solución a los problemas, o se trata más bien, como piensa Bauman, de una especie de cirugía estética aplicada a la sociedad, una técnica especializada en resolver falsos problemas y falsas  necesidades?

La última entrevista gira en torno al amor, un tema que el autor ya ha tratado en varias ocasiones, particularmente en Amor líquido y en El arte de la vida.
Bauman habla de la percepción que las nuevas generaciones tienen sobre el amor; pues, aunque la percepción no modifique los hechos, sí modifica la experiencia que tenemos de ellos, sí su comprensión o incomprensión, lo que en cierto modo equivale a modificarlos realmente. Bauman no augura muy buen futuro al amor: para él, el amor es un aprendizaje que desde hace tiempo ha desaparecido del programa educativo de los niños y jóvenes. De acuerdo con su dicotomía recurrente entre productores y consumidores, los jóvenes de hoy consumen el amor, mientras que sus padres, es decir las generaciones anteriores, lo producían. Sometido a la ley de la oferta y la demanda, el amor se ha convertido en un objeto de consumo más, de modo que ya no constituye un espacio de encuentro (y de posible conflicto o de trauma) con otro individuo, sino simplemente una manera segura, fácil, garantizada de satisfacer un capricho, o una necesidad individual.

En resumen: este libro no solo es una excelente introducción al pensamiento y las ideas de Zygmunt Bauman, sino también un complemento esencial a sus libros mayores, en la medida en que sale al paso de algunas objeciones, y confronta sus originales y fecundas hipótesis sociológicas con los últimos acontecimientos mundiales. Y, todo hay que decirlo, en una traducción impecable. ~