Eileen Myles camina alrededor de las montañas | Letras Libres
artículo no publicado
Ken Lund

Eileen Myles camina alrededor de las montañas

'Yo soy tu presidenta' reúne los poemas de Myles. El título está tomado del último verso del poema más largo, un himno-biografía-programa de 1991, cuando Myles se presentó a las elecciones presidenciales.

Creo que la antología Yo soy tu presidenta, que acaba de publicar Kriller71, es el primer libro de Eileen Myles que aparece en España. Myles tiene 70 años, pero a otros los publican después de que hayan muerto, así que no está tan mal. La cantidad de poetas que quedan por traducir, no solo estadounidenses, es ingente, pero me da la sensación de que últimamente se traduce a más poetas y de que se ha vuelto a abrir un conducto que, como se ensancha y estrecha periódicamente obedeciendo a quién sabe qué criterios sociológicos o astrológicos —en realidad a los gustos de los editores—, tiene que llevar en su torrente no solo a los poetas de su generación sino a los de las anteriores también. Así llegan las influencias mezcladas y así escriben las generaciones.

Como introducción a la poesía de Myles la traductora del volumen, Camila Assad, ha seleccionado algunos poemas representativos de distintos libros publicados entre 1978 y 2016. Menciono aquí que Myles habla de sí misma en they/ them, que es el pronombre que utilizan los anglófonos para no usar ni el pronombre femenino ni el masculino, y que ahí me ha chocado la elección de ese verso como título en lugar de otro más ambiguo. Pero “And I am your president” es el último verso del poema más largo del volumen y probablemente el más famoso de Myles, An American poem, que es como una especie de presentación, un himno-biografía-programa publicado en 1991, meses antes de que Myles concurriese mediante el sistema de write-in a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos a las que también se presentaban Bill Cinton, George Bush padre y Ross Perot. An American poem comienza con una niñez en Boston, continúa con la fuga a Nueva York a principios de los setenta y hace un repaso a los desajustes de su país (“… Sí, / soy una Kennedy, / y espero / vuestras órdenes. / Vosotros sois los Nuevos Americanos / Los vagabundos deambulan / por las calles de la ciudad más grande / de nuestro país. Entre ellos, / hombres sin techo / y con SIDA. ¿Os parece bien?...”). El tono es el más civil del libro, el alegato va calentándose y acaba en la mencionada declaración.

Otros poemas tienen un tono más instantáneo, como de echarle el guante al momento fugaz y aparentemente anodino que –a veces lo vemos: ¿se puede ejercitar, o será un regalo?– está lleno de sentido y de identidad con nuestro estado emocional. En eso tienen algo oriental, como en el haiku en que la superficie objetiva del mundo revela una corriente interior. Escenas minúsculas que se asocian unas a otras a través de un estado de ánimo: como hay muchas al aire libre, y Myles muestra una gran disposición a zambullirse en la corriente de la vida, por mucho que a veces confiese su miedo o su rabia, la sensación de vitalismo es constante en el libro (“…Nadamos / desnudas en / estanques y / yo escribo a / tus / espaldas…”; “…Oh, Gloria para todos & todo / aquello que volveremos a pescar una & otra vez / & buena suerte…). Aunque al hojearlo otra vez encuentro momentos oscuros, me ha dejado una impresión de aventura luminosa.

El caso es que leyendo Yo soy tu presidenta no he podido evitar acordarme de los libros de poetas americanos que editaba Visor cuando era Alberto Corazón, o de la colección Espiral de la editorial Fundamentos. A primera vista, por algo tipográfico, en esos versos cortos tan llenos de efecto precisamente por ser tan cortos y en esos & en el lugar de “and”, y también en lo que se cuenta, en la consecución de vistas como postales que se despachan rápidamente porque las siguientes ya están llegando, reconozco un impulso adolescente de leer en busca de pistas para averiguar cómo vivir sin que todo sea un aburrimiento, y me he acordado de Gregory Corso o de Allen Ginsberg, que por cierto fue uno de los primeros poetas que Myles conoció cuando llegó a Nueva York, en el Poetry Project de la iglesia de Saint Mark que más tarde dirigiría. Veo también parte de la herencia de esta contracultura en el hecho de que Kriller71 componga las portadas sin una letra mayúscula.

Yo soy tu presidenta lleva un prólogo del poeta Ángelo Néstore que tiene a su vez un tono de poema exaltado, en el que dice que ve la obra de Myles, incluyendo sus novelas, sus artículos y performances, como “un largo poema inacabado e inacabable”, y es cierto que el mismo libro se lee como un fluir de imágenes que a cada momento se van sustituyendo por otras, como si todas conviviesen y Myles se dedicase a señalar detalles del inabarcable conjunto mientras se fuma un cigarrillo. Su poema Arrogante dice: “Caminos alrededor de las montañas / porque no podemos / atravesarlas / Eso es Poesía / para Mí”.

 

Eileen Myles

Yo soy tu presidenta

Traducción de Camila Assad

Kriller71, 2021