Retorno a Birkenau | Letras Libres
artículo no publicado

Retorno a Birkenau

“La última vez que volví a Birkenau era primavera. Los campos se cubrían de flores, la hierba era verde, el cielo limpio y se oía cantar a los pájaros. Era bonito. ¿Cómo puedo usar esa palabra? Y sin embargo, dije esa palabra, la pensé: ‘Qué bonito’."

Ginette Kolinka (París, 1925) es una superviviente del mayor campo de exterminio, Birkenau. Desde el año 2000 se dedica a hacer visitas guiadas al campo para estudiantes de secundaria (que le preguntan agitados si alguna vez vio a Hitler). En Retorno a Birkenau, libro escrito con la ayuda de la periodista Marion Ruggieri, recoge el testimonio de su paso por allí. Cuenta su detención, el viaje en tren y la llegada. También habla del funcionamiento del campo y de cómo logró sobrevivir. Allí Kolinka coincidió con Simone Veil y con Marceline Loridan-Yvens, que aparecen en el libro. Cuenta también el viaje de vuelta: la huida de Birkenau y su regreso a Francia. En apenas unas pinceladas consigue contener el relato de la readaptación y el silencio en que mantuvo su pasado hasta que un día abrió la puerta de la Asociación de deportados de Auschwitz, en la calle Parmentier, cerca de su casa.

Kolinka, hija de francés veterano de la Gran Guerra y rumana, era la pequeña de seis hermanas hasta que siete años después nació su hermano Gilbert. Eran judíos no practicantes. Kolinka cuenta que hasta 1942, a pesar de la guerra, vivieron más o menos normalmente. Fue entonces cuando sus hermanas tuvieron que dejar el trabajo en el mercado y alguien les avisó de que debían abandonar París por ser judíos. Consiguieron llegar a zona libre y se instalaron en Avignon. Un día de abril, la Gestapo entró en la casa y se llevaron a Ginette, a su padre, a su hermano de 12 años y a un sobrino de 14. Ahí empezó el viaje hacia el infierno. Cuando Ginette regresó a Francia después de la liberación de los campos no sabía qué había sido de su familia: ¿se habían llevado también a su madre y a sus hermanas? ¿Y a dónde?

Pero el testimonio de Kolinka empieza por el final, por su vuelta a Birkenau muchos años después: “La última vez que volví a Birkenau era primavera. Los campos se cubrían de flores, la hierba era verde, el cielo limpio y se oía cantar a los pájaros. Era bonito. ¿Cómo puedo usar esa palabra? Y sin embargo, dije esa palabra, la pensé: ‘Qué bonito’. A lo lejos vi una silueta que subía por la pradera. Al principio, no podía creerlo y me dije: ‘no es posible’, pero era eso: una corredora. Corría aquí. En esta tierra grasienta e irreconocible que tantos muertos ha visto, en este aire que olía a mañana fresca, a rocío. Corría tranquilamente. Tuve ganas de gritarle: ‘¿Estás loca?’”. La historia de cómo llega Kolinka a hacer esas visitas por el lugar en el que pasó su infierno es el hilo invisible de este libro.

Como muchos supervivientes, Kolinka no le había hablado de su experiencia a nadie. No había dado detalles ni siquiera cuando le preguntaban. Resumía el horror insoportable en una frase: “Si tengo un hijo y esto vuelve a empezar, lo estrangulo con mis propias manos”. A la vuelta del campo, Kolinka creía que no encontraría el amor, pero se casó y tuvo hijos.

Este libro es, además de otro testimonio sobre el horror de los campos de exterminio nazis, un libro sobre la degradación y la deshumanización que operaban en los prisioneros, una desmitificación de algunas cosas (por ejemplo, no llevaban trajes de rayas), a la vez que pone el foco en otras que a veces se pasan por alto (por ejemplo, el hambre terrible que se les hacía pasar en los campos y lo degradante que era) mientras subraya otras que ya se conocían (como esa mezcla de perplejidad e incredulidad de los prisioneros al descubrir el destino que les esperaba). Retorno a Birkenau es una reflexión sobre la memoria y el pasado y sobre la necesidad de que se sepa lo que sucedió. No solo cumple la función de recoger y contar al mundo qué fue la Shoa; también contiene una defensa de por qué hay que hablar, por qué es importante que se sepa. Por supuesto, también se pregunta sobre la ambivalencia de la memoria: el museo de Auschwitz se ha convertido en un lugar donde se hace turismo.

Es un libro breve, contundente y muy contenido. Es sutil y no busca la belleza: su fuerza está en lo que cuenta y en que lo hace de manera sencilla y directa. Rehúye el morbo pero captura el horror. Retour à Birkenau es la aportación de Ginette Kolinka a la construcción de la memoria colectiva del Holocausto, y también es una fuerte defensa de la necesidad de seguir contando qué pasó.