La oscuridad que iluminó el mundo: Italia según Fernand Braudel | Letras Libres
artículo no publicado

La oscuridad que iluminó el mundo: Italia según Fernand Braudel

¿Qué relación hay entre el éxito económico y el florecimiento cultural?


Fernand Braudel escribió varios pequeños (de extensión) libros que trataban sus cuestiones favoritas sobre el capitalismo y el Mediterráneo. Uno de ellos es Fuera de Italia (o en el original francés, Le modèle italien). Ninguno de los títulos es ideal porque no refleja realmente de lo que trata el libro. Es sobre el liderazgo que la cultura, arquitectura, comercio, banca, poesía, música y ciencia “italianas” jugaron en Europa entre 1450 y 1650. Hay que poner “italiana” entre comillas porque no habla de Italia, una unidad política que por supuesto no existía entonces, sino de ciudades como Venecia, Génova, Florencia, Nápoles, Pisa, Roma, Milán. Lo que los franceses llaman le génie italien.

Unas tres cuartas partes del libro son una descripción del increíble florecimiento de las ciudades italianas, que, al exportar su experiencia desde la banca a la ópera transformaron Europa y el mundo. Braudel describe la hegemonía intelectual italiana en Europa, especialmente en arquitectura y pintura. Una explicación sobre cómo el barroco italiano llegó a dominar Europa es minuciosa, repleta de cientos de nombres (de los cuales conozco como mucho un diez por ciento) y abarca la historia de Europa desde Inglaterra a Chipre. A uno le da la sensación de que Braudel hace unos deberes tediosos para persuadir a cualquiera que tenga dudas de la extraordinaria influencia cultural de Italia. En esta parte del libro Braudel no explota sus fortalezas.

Hay partes que, dependiendo de los intereses que tenga uno, son más o menos interesantes, emocionantes o aburridas. Me sorprendieron (y aburrieron) los detalles arquitectónicos o los desarrollos de pintura; pero me parece que la descripción de la evolución de la commedia dell’arte es fascinante. A otros lectores les ocurrirá exactamente lo contrario.

Pero el Braudel historiador económico entra en su propio terreno solo en las últimas cincuenta páginas, donde aborda, de manera realmente muy breve, dos grandes preguntas: ¿por qué Italia comenzó a decaer tras 1650 y cuál es la relación que hay entre el éxito económico y la influencia cultural?

Braudel descarta la explicación de la “decadencia” italiana que se basa en el éxito de la Contrarreforma. Según esta visión, la batalla por contener el protestantismo necesitaba todas las energías del papa e Italia, y el éxito externo contra las fuerzas del luteranismo debía pagarse mediante la represión de las fuerzas de la “razón”, como demuestra el juicio de Galileo, la ejecución de Giordano Bruno y las primeras quemas de libros. Italia era víctima de su catolicismo. En cierto modo esto se parece a lo que hacen muchos regímenes autocráticos: acabar con la disidencia interna para solidificar sus propias filas y obtener victorias externas. Braudel rechaza esta explicación diciendo que el enfoque del librepensamiento del norte de Europa no era mucho más tolerante que el de los católicos italianos. Desprecia por igual el intento de Max Weber de establecer un vínculo entre el protestantismo y el capitalismo. El capitalismo existía por lo menos desde el siglo XIII en Venecia y Génova. No lo inventaron los calvinistas.

Las raíces de la “decadencia” italiana, según Braudel, está en los norteños más fuertes, hambrientos, trabajadores y pobres, los neerlandeses, y después los británicos, que arrebataron el monopolio del comercio mediterráneo a las ciudades Estado italianas y después desplazaron a los comerciantes italianos del Atlántico. En la lectura que hace Braudel de la historia, esto no fue un desplazamiento “natural” provocado por la mejor posición geográfica de Europa del norte de cara a las Américas. Era tan fácil viajar desde Génova a América como desde Ámsterdam. Pero los neerlandeses se adelantaron a los italianos y a los españoles, especialmente después de obtener el control de las rutas de comercio entre el Mediterráneo y el Mar del Norte, de la misma manera en que los italianos superaron antes a los árabes. Los árabes también eran más ricos, pero eran más presuntuosos y egocéntricos, y los italianos fueron capturando sus puestos de comercio en el Mediterráneo uno a uno. El destino de los italianos cinco siglos después fue similar cuando llegaron los europeos del norte.

Las ciudades Estado italianas estaban perdiendo la batalla del comercio, pero también la batalla industrial: “Lo que le ocurrió a Italia fue una crisis industrial larga y catastrófica que vino después de una crisis comercial larga y catastrófica” (p 266). Pero la burguesía italiana era rica: ¿qué hicieron? Invirtieron: “El dinero se sacó de los circuitos nacionales y se invirtió en cualquier préstamo de gobiernos extranjeros que pareciera prometedor” y en la producción agraria en tierras cercanas. Los italianos ricos se convirtieron en caballeros granjeros y rentistas, y ya no mercaderes e industriales. Como dice Bas van Bavel en The invisible hand? (que reseñé aquí), la financiarización de la economía fue la maldición de Italia. Era rica pero producía cada vez menos, su flota se reducía y su producción industrial estaba en declive.

Braudel pregunta: imagina que un economista del siglo XXI con conocimiento completo de lo que ocurrió entre 1650 y hoy tuviera que dar consejo a las ciudades Estado italianas del siglo XVII sobre qué hacer. No habría podido convencer nunca “a los patricios venecianos de que vuelvan al comercio cuando estaban obteniendo beneficios de un 100% en sus tierras”, y algo similar concediendo préstamos. “El doctor experto habría sido recibido con una carcajada” (p. 267).Las similitudes que hay con las economías fuertemente financiarizadas y “externalizadas” de América del Norte y Europa occidental son obvias. Braudel no las menciona, quizá por una cuestión de buen gusto, o quizá porque el libro fue escrito a principios de los ochenta, cuando la economía de la ruleta en Occidente no era tan prominente como hoy.

¿Qué hay de la cuestión original de Braudel de la influencia cultural y la grandeza intelectual? Dice que están motivadas por la decadencia económica. En las fases de declive económico se produce un florecimiento cultural. Como dice la última frase del libro, “la noche cayó al menos dos veces en Italia, primero alrededor de 1450, luego de nuevo en 1600. Esto iluminó todo el cielo de Europa”.

 

Traducción del inglés de Ricardo Dudda.

Publicado originalmente en el blog del autor.