Globalistas: neoliberales en busca de un imperio | Letras Libres
artículo no publicado
Friedrich Hayek dando clase en la London School of Economics.

Globalistas: neoliberales en busca de un imperio

En Globalists: The end of empire and the birth of neoliberalism, Quinn Slobodian traza una historia del neoliberalismo y explica su enfoque global de la economía y su relación con el autoritarismo.

El recién publicado Globalists: The end of empire and the birth of neoliberalism (Globalistas: el fin del imperio y el nacimiento del neoliberalismo), de Quinn Slobodian, traza la historia del neoliberalismo desde sus orígenes bastante humildes (en términos de importancia intelectual, no en términos del nivel de renta de sus principales propulsores) en Viena y Ginebra hasta convertirse en una postura importante si no dominante en la economía, tanto en la teoría como en la política económica. Es un libro muy bien documentado que, creo, proporciona a aquellos que conocen lo esencial de la sociedad Mont Pèlerin, el ordoliberalismo y Hayek mucha nueva información fáctica y observaciones frescas de las opiniones y, a veces, posiciones políticas inusuales y compañeros de cama inesperados de varias celebridades neoliberales.

El título pone énfasis en la naturaleza global del pensamiento neoliberal. Tras reconocer, después del final de la Gran Guerra, la imposibilidad política de un solo imperio global que pudiera asegurar la libertad de comercio, y el libre movimiento de capital y trabajo (algo que proporcionó la Pax Britannica en las últimas décadas del siglo XIX), el ideal neoliberal consistió en un “gobierno doble”. En la superficie, las fronteras nacionales permanecerían y, con ellas, todo el simbolismo nacional: banderas, escudos de armas, lengua nacional, periódicos, etc.; pero en un nivel más profundo, no habría soberanía nacional en la política económica. El mundo permanecería “plano” para el movimiento de capital, trabajo, bienes y servicios. El capital tendría una posición especialmente privilegiada: sería protegido contra la nacionalización y el abuso mediante reglas internacionales, y disfrutaría de una extraterritorialidad muy amplia, como en los países colonizados o semicolonizados de Asia en la última etapa del siglo XIX.

La visión neoliberal tiene una amplitud y generalidad impresionante. Pero se encontró con muchos problemas, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los países africanos y asiáticos, recién independizados y numéricamente dominantes en Naciones Unidas, estaban dispuestos a extender su soberanía política recién obtenida en la arena económica. El choque entre los ideales neoliberales y los paradigmas dominantes sobre desarrollo que influyeron no solo a los “nuevos” países sino, a través del keynesianismo, también a Estados Unidos, era inevitable. Este choque hizo que muchos neoliberales, especialmente Wilhelm Röpke, que tiene un papel muy importante en el libro, pero también (aunque menos) Mises, Hayek y Friedman, apoyaran regímenes racistas, el apartheid, golpes militares, y que se opusieran abiertamente a la democracia de “una persona, un voto” cada vez que clases o razas “inferiores” amenazaran con llegar al poder.

Slobodian muestra cómo, paradójicamente, una ideología que fue, en sus orígenes, general y muy abstracta (que trataba en principio a cada individuo del mismo modo) y cuyos principales propulsores se opusieron al nazismo y escaparon de Alemania, se convirtió, en los años sesenta y setenta, en una postura casi explícitamente reaccionaria y a menudo racista. Por eso su apoyo a Pinochet en 1973 no fue algo extraño, sino que suponía una elección consistente, motivada por el creciente rechazo de la democracia por los neoliberales, y un énfasis cuasi religioso en los mercados libres.

El libro cobra realmente vida a partir del capítulo 3, es decir, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. En estas partes es realmente un libro que no se puede dejar. Aborda el periodo temprano de la posguerra y la descolonización, la división en el campo neoliberal respecto a la pertinencia de una Comunidad Económica Europea, la acción de retaguardia de los neoliberales contra el Nuevo Orden Económico Internacional y el Grupo de los 77 (de países en vías de desarrollo).

La primera parte (los capítulos 1 y 2) trata del inicio del movimiento hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Creo que esa parte es más floja porque se concentra exclusivamente en los neoliberales sin situarlos en un contexto intelectual más amplio. Aprendemos mucho sobre la evolución temprana del neoliberalismo, incluidas sus estrechas conexiones políticas y financieras, principalmente a través de Mises, con cámaras de comercio nacionales (y luego internacionales), al igual que sobre su breve flirteo con la estadística económica y el empirismo. Pero no vemos la relación de los neoliberales con otras ramas de pensamiento: la economía clásica de Marshall, los keynesianos, los marxistas, los fascistas. No nos queda muy clara la importancia de los neoliberales ni de su interacción intelectual con el resto del mundo. Esto es desafortunado porque el periodo fue intelectualmente notable, fértil y lleno de polémicas. Sin embargo los neoliberales, en esa época, eran una facción muy pequeña y muy poco influyente, incluso en su “sede” en Viena, donde los socialdemócratas, los comunistas y los fascistas reunían mucho más apoyo.

Es muy desafortunado que el debate de Mises con Oskar Lange y Abba Lerner sobre la (im)posibilidad del cáculo económico en una economía socialista ni siquiera se mencione. Y sin embargo no solo fue un acontecimiento importante en la historia del neoliberalismo (e indirectamente, del socialismo), sino que fue un presagio de las posiciones posteriores de muchos neoliberales, incluido el trabajo seminal de Hayek sobre la naturaleza de la información económica. (En este último punto, Slobodian deja al lector en una disyuntiva sobre quién fue el verdadero innovador en esto. El libro de Walter Lippman An Inquiry into the Principles of the Good Society, publicado en 1937, del que Slobodian cita gran cantidad de pasajes, parece contener las observaciones clave -dispersión del conocimiento económico, un Estado con un rol muy limitado pero poderoso centrado en el imperio de la ley- que Hayek formularía en sus últimos años. Habría estado bien aprender un poco más sobre la procedencia intelectual de esto y de otras muchas cosas).

Otra parte en la que el libro, creo, no explica debidamente la interacción (el intercambio de ideas) entre neoliberales y otras ideologías es en la discusión del modelo de federalismo de los neoliberales. Como he mencionado, consistía en un “gobierno doble” o, por decirlo de otra manera, “imperio”, que gestionaba cuestiones políticas, culturales y simbólicas y era completamente autónomo, y un “dominio” controlado internacionalmente que tenía que ver con la economía. Pero la idea de una federación política que permite autonomía cultural completa tiene unos orígenes en los austromarxistas que, antes de la Primera Guerra Mundial, lidiaron con exactamente el mismo problema, aunque lo vieron desde otra perspectiva: cómo organizar una federación socialdemócrata en un Estado multiétnico (como el Imperio Habsburgo).

Tanto los austromarxistas como los neoliberales llegaron a defender un diseño federal básicamente idéntico compatible con libertades culturales y religiosas pero, por supuesto, discrepaban en la parte del “dominio”. Para los austromarxistas incluía una fuerte implicación del Estado en la economía, y para los neoliberales no incluye nada de implicación estatal, solo el imperio de la ley. Habría sido útil encontrar más información sobre las influencias mutuas de los dos grupos, al igual que el rol de otros como Schumpeter, que se movió en el espacio que hay entre los neoliberales y los marxistas.

La calidad de la prosa es desigual. Hay partes del libro que hacen la lectura agradable, y que cubren eventos históricos de cerca. Pero también hay partes, especialmente en el capítulo 7, que es una “larga exégesis” (por citar al propio Slobodian) de los trabajos de Hayek, que son repetitivas, aburridas y en ocasiones incluso extrañas. Estas partes se parecen a una disertación doctoral en la que un estudiante impaciente demuestra que controla cientos de citas de los autores que critica (probablemente más de lo que él mismo podría recordar) pero que tiene poco que ver con el tema en cuestión.

A uno le hubiera gustado aprender más de la influencia de Hayek en la revolución de Thatcher (que queda sin mencionar) que de las reflexiones de Hayek sobre epistemología, leyes, psicología, cibernética, teoría de sistemas, neurología y temas así, completas con sus innumerables neologismos griegos e innumerables metáforas (¿es la sociedad humana más parecida a una bandada de gansos, o como un banco de peces?, ¿o son “limaduras de hierro unidas por un imán bajo una hoja de papel en la que las hemos colocado”?).

Globalists es un libro excelente pero si hubiera sido más corto, más centrado a veces y menos preocupado por proporcionar las citas correctas, habría ganado, a mi juicio, en legibilidad y probablemente en influencia.

Traducción de Ricardo Dudda.

Publicado originalmente en el blog del autor: glineq.blogspot.com