El Nobel de Economía: un reconocimiento al estudio de sociedades empobrecidas | Letras Libres
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El Nobel de Economía: un reconocimiento al estudio de sociedades empobrecidas

Las carreras profesionales de los premiados representan una larga lucha para suplir las necesidades básicas de los más desfavorecidos con soluciones reales; el premio reconoce también a la economía del desarrollo.

El desarrollo económico tal vez represente la rama central, si no la más noble, de la disciplina económica. Al fin y al cabo, las dinámicas que conducen al progreso y la evolución de las sociedades son casi el sustrato de la ciencia económica, y el hecho de que hoy en día coexistan sociedades con grados de desarrollo muy dispares es indicativo del inmenso potencial que tendría dominar dichas dinámicas. Los ganadores del premio Nobel de Economía de este año han dedicado sus vidas a hacer exactamente eso: a desgranar los elementos que perpetúan la pobreza y a desarrollar respuestas minuciosamente testadas a este mal, que en algunos lugares pudiera llegar a parecer endémico. El Nobel de Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer representa, pues, un reconocimiento a los éxitos de toda una comunidad académica, acertadamente crítica con muchas de las políticas de ayuda al desarrollo. El Nobel sirve para prestigiar su enfoque empírico y casi experimental de erradicación de la pobreza.

El estudio de la pobreza es fruto de una larga tradición académica, con raíces en el periodo grecorromano y cuya presencia ha sido constante desde el renacimiento contemporáneo de la economía como disciplina. Ya Adam Smith, el primero de los economistas contemporáneos, incluye en La riqueza de la naciones una explicación de la pobreza relacionada no solo con el poder adquisitivo, sino también con la habilidad de participar en la sociedad de manera digna (que Smith por aquel entonces sintetizaba en “poseer una camisa de lino”). Con el auge del proceso descolonizador, la investigación se ha centrado casi exclusivamente en países emergentes y ha resultado en el rápido crecimiento de la ayuda al desarrollo. De forma paralela, surgieron dentro de la economía del desarrollo varias tendencias intelectuales y políticas.

Entrados ya en los años noventa, numerosos economistas de alto nivel se sumaron a lo que había sido una posición minoritaria y plantearon serias dudas sobre la eficacia de las políticas de desarrollo. La solución de los tres galardonados a estas fue simple: en vez de depender de la teoría (como bien explicó Banerjee en una reciente entrevista con The Economist), optaron por testar empíricamente numerosas propuestas, hasta llegar al punto de interacción entre teoría y práctica que representa el éxito real de una medida. Así, esta habrá de estar basada en un importante conocimiento teórico, pero cumpliendo con los objetivos fijados. Concretamente, Duflo, Banerjee y Kremer han llevado a cabo numerosos proyectos (principalmente en materias de educación, salud y microfinanzas) inspirados por las técnicas utilizadas por otras disciplinas (como la medicina), principalmente las pruebas controladas aleatorizadas (Randomised Control Trials, RCTs).

Michael Kremer comenzó experimentando en colegios keniatas a principios de los noventa. Introdujo distintos métodos para mejorar los resultados de los alumnos en cada colegio y testó la eficacia de cada uno de ellos. Desde entonces, los tres han realizado estudios sistémicos con el objetivo de identificar la mejor forma de combatir problemas específicos con soluciones escalables. Algunas conclusiones pueden encontrarse Poor Economics, el popular libro de Banerjee y Duflo, repleto de hallazgos sobre la idiosincrasia de los sectores más pobres de la población que condicionan el éxito de la política de desarrollo y que averiguaron a través de dichos estudios.

El éxito de Duflo, Banerjee y Kremer tiene dos principales implicaciones para la disciplina económica. Primero, supone un triunfo para la economía del desarrollo como rama económica. La gran recesión ha dejado a la economía desprestigiada como disciplina, con los economistas siendo percibidos como individuos alejados del mundo real, despreocupados, ocupados en estudios teóricos que poco dicen de las realidades a las que se enfrentan las sociedades a diario. Duflo, Banerjee y Kremer representan el mejor antídoto contra esa tendencia (y contra la caricaturización previa). Sus carreras profesionales representan una larga lucha para suplir las necesidades básicas de los más desfavorecidos con soluciones reales. Veinte años después, el Nobel premia de nuevo a economistas dedicados al desarrollo, un triunfo público y político para un área en la que queda mucho por hacer.

A esto último se debe la segunda implicación. El éxito de las políticas de desarrollo llevadas a cabo desde la Segunda Guerra Mundial es fácil de cuestionar: a pesar de los dos billones de ayuda recibida desde entonces, la persona media en África era más pobre a final de los noventa que en 1970. Muchos estudios académicos han cuestionado el enfoque adoptado durante aquellas décadas y se han enfocado en el estudio de la realidad, con estudios principalmente empíricos. Es importante que el Nobel premie dicha evolución. Dicho esto, en materia de desarrollo, es importante acompañar el enfoque microeconómico de los ganadores de uno centrado en la adopción de reformas estructurales macroeconómicas. Así, si se implementan políticas de desarrollo que busquen tener un impacto real sobre la vida de las personas, cualquier enfoque deberá estar basado en datos. Y Duflo, Banerjee y Kremer serán los padres de dicho cambio.