¿Cómo habría resuelto Sherlock Holmes la brecha de género? | Letras Libres
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¿Cómo habría resuelto Sherlock Holmes la brecha de género?

Claudia Goldin, galardonada con el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Economía, es pionera en el análisis empírico de la brecha de género.

Se abre el telón y en el escenario hay una silla, un atril y una sábana a modo de biombo. Es una audición y desde la primera nota del oboe el maestro queda hechizado. Deja lo que está haciendo y se acerca al sonido. La sombra que se oculta tras la tela blanca será el nuevo oboísta para la orquesta.

La escena pertenece a la serie Mozart in the jungle (Amazon Prime) y el músico elegido es una chica. Resulta que las audiciones a ciegas aumentan un 50% la probabilidad de que una mujer sea seleccionada. Lo descubrió una economista llamada Claudia Goldin (Nueva York, 1946), galardonada la semana pasada con el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Economía que otorga la Fundación BBVA.

No es el único misterio que ha resuelto esta mujer que se define modestamente como una economista detective (además de adiestradora de perros). “He tenido la suerte de trabajar con los mejores y no importarme no ser la mejor”, contaba en una entrevista. Se abrió paso en un mundo de hombres (le preocupa que la economía siga siendo tan poco atractiva para las universitarias) y se convirtió en la primera mujer en conseguir una plaza fija en el departamento de economía de la Universidad de Harvard (Estados Unidos). Era el año 1990.

Desde muy pequeña soñaba con ser científica, pero la economía y una compañera de piso de universidad que estudiaba historia se cruzaron en su camino y terminó especializándose en historia económica. En la década de los 70, algunos de sus compañeros de profesión ya estudiaban las diferencias de género en el mercado laboral. Nadie sin embargo había preguntado: ¿Y esto cómo ha evolucionado?

La pasión de Goldin por los misterios le llevó a sumergirse en bases de datos que retrocedían hasta el año 1820 y en una de esas bibliotecas, además de cifras, encontró al amor de su vida, el también economista Larry Katz.

El enfoque de esta investigadora es multidisciplinar. No solo ha documentado por primera vez el papel de la mujer en la economía estadounidense. También ha analizado el impacto de la píldora anticonceptiva en la vida laboral de las trabajadoras. Gracias a este avance en la medicina, ellas empezaron a plantearse estudios de nivel superior. Sus expectativas sobre sus posibilidades de futuro cambiaron. Empezaron a pensar que podían tener una trayectoria profesional y también una familia cuando lo decidieran.

La brecha salarial se fue reduciendo paulatinamente, pero la igualdad no terminaba de llegar. Un componente residual persistía, aun cuando hombres y mujeres habían alcanzado un nivel de formación similar. No había brecha en las cifras de universitarios. La economista detective se había tropezado con otro misterio. ¿Qué pistas necesito para resolverlo?, se preguntó.

Lo primero que encontró en los datos es que la brecha salarial aumentaba conforme las mujeres cumplían años y empezaban a tener hijos. La conciliación se convertía en una especie de “lujo” que ellas pagaban caro. Goldin lo ha bautizado como “el coste de flexibilidad temporal”. No es que las mujeres redujeran su jornada, sino que dejaban de estar disponibles todo el tiempo para la empresa. Decir que se tenían que volver a casa a determinada hora les penalizaba. ¿Conclusión?

“La brecha salarial es un reflejo de la desigualdad en el reparto de tareas domésticas. Son las dos caras de la misma moneda. Muchos de los problemas a los que nos seguimos enfrentando tienen que ver con lo que ocurre en nuestros propios hogares y eso es muy difícil de resolver”, sostiene.

Por este motivo, que una empresa adopte medidas para favorecer la conciliación no es suficiente. “El cambio fundamental tiene que ver con los hombres más que con las mujeres. Es fundamental que sean los primeros en decir a sus jefes que no están dispuestos a trabajar horas extra el domingo y perderse el partido de fútbol de su hija”.

Dime en qué sector trabajas y te diré tu brecha

Si se le pregunta sobre qué profesión tiene mayor brecha, Goldin responderá sin dudarlo: las grandes consultoras. “Estas empresas suelen contar que son muy profamilia, pero cuando les digo que me den sus datos para comprobarlo nunca me los facilitan.”

Este tipo de discriminación varía mucho dependiendo de los trabajos. Contrariamente a lo que algunos piensan, las mujeres no ganan menos porque se empleen en sectores con salarios más bajos. La investigación de esta economista demuestra que las grandes diferencias se producen cuando un hombre y a una mujer tienen la misma ocupación.

Profesiones como asesor financiero, directores generales, dentistas, cirujanos, abogados, banqueros o pilotos tienen brechas de hasta el 30%. Él cobra 100 y ella 70 por el mismo trabajo. Sin embargo en los empleos relacionados con la tecnología y la ciencia las diferencias son más reducidas.

Goldin argumenta que es una cuestión de organización: si se trabaja en equipos de manera que uno pueda ser sustituido, si se transmite la información de manera eficaz de modo que un cliente pueda ser atendido por varias personas, entonces las diferencias de salarios entre hombres y mujeres es menor. No se llega del todo a la igualdad en cualquier caso... La brecha sigue ahí. El caso no está del todo resuelto, querido Holmes.