Varda, que estás en los cielos | Letras Libres
artículo no publicado

Varda, que estás en los cielos

La cineasta, fallecida en marzo, dejó una película por estrenar, Varda par Agnès, que recoge su legado en el cine.

La paradoja francesa. Pasa con algunos iconos franceses que en realidad son belgas, como Jacques Brel o Agnès Varda. Varda es un icono reciente: desde que hizo Los espigadores y la espigadora en el año 2000, que fue algo así como una segunda oportunidad después de un proyecto que no salió bien del todo: Les cent et une nuits de Simon Cinéma, donde Michel Piccoli interpreta a Monsieur Cinéma. El elenco estaba formado por estrellas como Catherine Deneuve, Robert De Niro o Marcello Mastroianni. La cinta era un homenaje al cine que se aproximaba a su centenario (se estrenó en 1995).

La ocupación. Agnès Varda nació en Ixelles en 1928. Su padre era griego y su madre francesa. Con la ocupación nazi de Bélgica, la familia (cinco hijos y el matrimonio) cruzó el país y después Francia en coche para instalarse en Sète, un pueblo de pescadores en la costa mediterránea francesa. Ese viaje en coche huyendo del terror me recuerda al que tuvieron que hacer muchos y han contado otros: me acordaba de Rita Levi-Montalcini, por ejemplo, que antes de la ocupación nazi de Bélgica fue a Bruselas huyendo del fascismo; me acordaba de Natalia Ginzburg, cuyo padre también pasó un tiempo allí por esa época y por las mismas razones. Durante la guerra, la familia Varda estuvo en París. Sète es además el pueblo donde está el cementerio marino al que alude el poema de Valéry; también el pueblo en el que Georges Brassens quería pasar la eternidad, según “Supplique pour être enterré à la plage de Sète”. Era también el pueblo de Jean Vilar, quien contrató a Agnès Varda –que estaba trabajando como fotógrafa en las Galerías Lafayette– para que hiciera las fotos oficiales del Festival de Avignon, y más adelante para que se ocupara de las de promoción de los espectáculos de la Compañía Nacional. Se había comprado un estudio en la calle Daguerre, que convirtió en su casa y fue donde murió el pasado mes de marzo. Sus fotos de Jean Vilar son magníficas. Hace cinco veranos estuve en Sète y como entonces no lo sabía, no pude ir a la calle que el pueblo dedicó a Varda.

El cine. Agnès Varda –que había estudiado literatura en la Sorbona y fotografía en la Escuela de Bellas Artes e historia del arte en la Escuela del Louvre– solo había visto diez películas cuando decidió dedicarse al cine, según ella ha contado. Rodó su primera película en Sète. Era un relato a la manera de Faulkner en Palmeras salvajes: dos historias que se van intercalando. La película se llamó Le pointe courte, como el barrio de los pescadores en el que transcurre, y durante el proceso de montaje contó con la ayuda de Alain Resnais, del que aprendió mucho sobre cine. Un productor le preguntó si ella podía hacer algo así, barato y un poco parecido a la película de Godard que había sido un éxito, Al final de la escapada, y ella no lo dudó. Fue el germen de Cléo de 5 à 7 (1962).

El amor. Cuando Agnès Varda conoció al que sería el amor de su vida, estaba enamorada de otro, un actor, padre de su primera hija. Jacques Demy y Varda se casaron en 1962 y tuvieron un hijo en 1972. Estuvieron separados y después se reconciliaron. Pasaron de 1968 a 1978 en Los Ángeles: se perdieron el Mayo francés, pero fueron testigos del estallido hippie y los Panteras Negras. Allí Varda hizo películas más o menos experimentales sobre los grafitis, los Panteras Negras y un pariente lejano cuya existencia desconocía. Demy cayó enfermo: tenía sida pero no quería contarlo, así que lo mantuvieron en secreto. Demy se acordaba de su infancia feliz en Nantes y escribía las cosas que recordaba. Varda las leía por la noche. Ella le dijo que había material para un buen guion. Él le dijo que estaba demasiado cansado para hacer una película. Ella le preguntó si quería que ella la hiciera por él. Jacquot de Nantes (1991) es una película sobre la infancia de Demy, sobre cómo algunas escenas de su infancia acabaron en sus películas, y sobre todo es un intento de atrapar a Demy en la vida para siempre. Demy murió pocos días después del fin del rodaje.

El cine. La trayectoria de Varda contiene un montón de películas de diferentes tonos, géneros y temas: ficción, documental, videoinstalaciones, ensayo… El feminismo, los personajes marginales, las patatas, el miedo al cáncer, el arte callejero, la destrucción de la familia idílica… Su última película, Varda par Agnès (2019), algo así como su testamento fílmico, es en realidad una conferencia filmada sobre su trayectoria y por qué hizo las películas que hizo. No hay mejor guía para las películas de Varda que Varda. En 2008 rodó un ensayo biográfico, Las playa de Agnès, que es un autorretrato. Allí cuenta su historia familiar, y algunos de los hitos de su mitología íntima: que se fugó de casa unos meses y estuvo trabajando con los pescadores en Córcega; o que su nombre de nacimiento era Arlette. Explica que todos tenemos un paisaje dentro y el que ella encierra es una playa. En realidad, el cine de Agnès Varda –galardonada con el Oscar honorífico en 2017– es sobre todo un acto de curiosidad por los demás, la mirada de Varda sobre los otros dota de dignidad hasta a los que viven rodeados de miseria. Ese es el valor de su cine.