Rafael Berrio. In mémoriam | Letras Libres
artículo no publicado
Gema Amiama

Rafael Berrio. In mémoriam

El cantautor donostiarra (1963-2020) combinó con naturalidad en sus letras el cinismo con el canto al amor, lo popular con lo culto, el humor con la angustia existencial.

Cultivaba una cierta idea de sí mismo que no se correspondía con la realidad. Explicaba que era “el cantante de la gente corriente que añora una vida a la bohemia, que es lo que creen ver en mí, lo cual no es del todo cierto, aunque yo hago todo lo posible por que lo parezca”. Hablo del cantautor Rafael Berrio (San Sebastián, 1963-2020), fallecido ayer, martes 31 de marzo. Muchos se creían esa imagen de rockero maldito y decadente que él cebaba de manera casi paródica, porque en realidad era un hombre culto hasta la erudición, pulcro en su haceres y costumbres, un “hombre rutinario y sedentario”, con su compañera Gema; con sus amigos de la tertulia, Ramón Eder, Karmelo Iribarren, Javier Aguirre. Un título de su canción puede explicarlo todo: “El truco era un resorte”. No era un maldito, si acaso minoritario. 

“El hombre de la multitud”, como canta en “No solo de amor”, de Deriva, formó parte de UHF, después de Deriva, al que siguió Amor a traición. Hasta que con 1971 dio el paso y firmó solo con su nombre. Ese álbum, y el siguiente, Diarios, los produjo Joserra Senperena, con quien versionó una ópera chica con libreto de Pío Baroja hace tres años, Adiós a la bohemia. Antes había vuelto al rock guitarrero con Paradoja y después siguió con Niño futuro, un disco continuista en lo musical, pero más luminoso. Y le había dado tiempo también a hacer un espectáculo alrededor de textos de Cioran. Entre sus referencias musicales están Barbara, La Velvet Underground o Jacques Brel.

Se movía siempre entre el nihilismo y la búsqueda de la felicidad, en una convivencia que podría parecer imposible, pero que él hacía fácil. Muchas de sus canciones tienen palabras o expresiones casi en desuso (“La tía Satur parece una miss”; “Yo admito / que no todo son leyendas / pero no me duelen prendas”; “y usted que lo vea”, “deshabillé”, “lacre”, “tergal”… ) que relucen como gemas, sin estridencias ni pedantería, sino como la expresión de su gusto por la precisión.

Nada le gustaba más que la literatura, al placer y a la aventura de leer les dedicó una canción, “Insomne”, “Leyendo en las horas sin nombre / Leyendo en el alma de otro hombre”. Creía que los libros eran importantes y creía en las palabras: está entre los mejores letristas en español, hay pocos capaces de mezclar con esa naturalidad el costumbrismo con el rock; el humor con la angustia existencial; el cinismo con el amor; y todo en métricas impecables. Su muerte estaba más o menos anunciada para su círculo cercano. Pero eso no le detuvo: estaba preparando una selección de sus letras, con edición de Jonás Trueba, que será publicada en La Veleta próximamente, y un EP con unos vals que se editarán a partir de la maqueta que había dejado grabada. Con Jonás Trueba tenía una complicidad especial que se plasma en La Reconquista, entre otros proyectos.

Podría usar muchos versos suyos para este momento, líneas que funcionaran como epitafio o despedida –“Tristes. Estamos tristes, Saturno”; “Puedes ahorrarte el trance de morir matando, / considerando que no estoy vivo del todo”; “El mundo real / sigue en sus trece: / Incontestablemente amanece. / No sé para qué amanece”; “El alba dará mi hora y con el último suspiro / entonaré un salmo antiguo rescatado de la infancia. / Pero no dejaré preguntas en el aire ni reproches. / No me abrazaré a la vida tan desesperadamente”–. En “Inanimados” hacía una lista de objetos materiales que presumiblemente dejaremos al morir. “Serán reliquias de ti. / Reliquias mudas sin sentido. / Dirán de ti que has vivido / y que ya no estás aquí. / O das al fuego con todo / o de otro modo... te van a sobrevivir”, canta. Sus reliquias sonoras siguen aquí, afortunadamente. Hace unos días,me vino a la cabeza “El mundo pende de un hilo”, canción que cerraba Paradoja: me parecía que era perfecta porque habla de la fragilidad de todo lo humano, pero en el que lo que permanece es el amor: “Solo el amor que me has dado / no muere conmigo”. En el libro que contiene sus letras hay alguna inédita, como la que cierra el volumen: “Tan insulsa fue mi vida que jamás vestí un frac”. Berrio ya vuela, y la felicidad hasta la carcajada que me han dado sus canciones no muere con él.