Pauline en la playa: el espíritu de los veranos | Letras Libres
artículo no publicado

Pauline en la playa: el espíritu de los veranos

El dúo asturiano ha sacado un nuevo disco, El salto, lleno de canciones juguetonas y delicadas, pero de sonoridad rotunda.

Las hermanas sister. Mar y Alicia Álvarez, hermanas, formaron Undershakers, un grupo en el que todos los miembros eran mujeres, en los noventa, en Gijón, en aquello que se llamó el Xixón sound. Con Undershakers sacaron tres discos y aterrizaron en Subterfuge. Pero también iban haciendo otras canciones que no encajaban en el grupo y para las que montaron una banda paralela, Enfants terribles, con la que se presentan a un concurso de maquetas que ganan. Ahí estaba el germen de lo que iba a ser Pauline en la playa. El primer disco, Nada como el hogar, es de 1999. Desde entonces han publicado cinco más. El más reciente, El salto, salió hace unos meses. Llevaban seis años sin un disco nuevo, desde el melancólico El mundo se va a acabar (2013). Mantienen otros proyectos paralelos, como Petit pop –un grupo de pop para niños–, en el caso de Mar, o el libro disco Pulgarina, en el caso de Alicia. Una advertencia: llevar el título de una película de Éric Rohmer como nombre es una declaración de intenciones, en mi caso, ya tienen ganado la mitad.

Ballenas, verano y un bosque interior. La canción que abre el disco, de manera rotunda y ambiciosa, “Un bosque”, habla de un bosque interior, “con árboles frondosos / y osos enormes / que abren sus bocas / y dejan que el aire / les saque las moscas”, también “con ciervos y con zorros / de rojos pelajes / que abren sus ojos / y dejan que el pecho / les lata furioso”. Le sigue “Verano inmenso”, una canción que tiene algo de la PJ Harvey de Stories from the city, stories from the sea. Hay juegos conceptuales, como en “Atardece por el este”, o en “La mujer barbuda”, donde una larga espera hace que le crezca barba; y juegos de palabras y sonidos, a los que son aficionadas, como “Tricotar” o “Pin, pan, pun”. Hay también una emocionante canción dedicada a la alpinista francesa nacida en Argelia Catherine Destivelle. Cierra el disco “Una gran ballena azul”, que es un tema delicado que crece sin que lo parezca y que es un homenaje a Vainica doble, a través de “La ballena azul”, que a su vez homenajeó Le Mans con “Perezosa y tonta”. Y ahí está trazada la tradición en la que se inscribe Pauline en la playa: la de melodías sencillas cubiertas con una sonoridad trabajada en las que las letras, de apariencia sencillas, encajan a la perfección. La escritora y locutora Lara López ha escrito de ellas que son “Frescas, inteligentes, capaces de divertirse diciendo, tanto en lo musical como en esas letras peculiares que irremediablemente se inscriben en un acervo que trasciende géneros”, y no le falta razón.

El salto es un disco delicado y elegante, con un gusto exquisito. Las ilustraciones que acompañan las canciones son también sutiles y aparentemente sencillas. Lo que hacen Pauline en la playa, y una de las cosas que las emparenta con Vainica doble, es conseguir que todo parezca sencillo y sin artificios, desde las letras a los juegos vocálicos y las sonoridades. No se me ocurre una manera mejor de terminar agosto que tarareando “Verano inmenso”: “En este verano inmenso / y a punto de terminar / Me haré bien alta la coleta / para que puedas ver el mar / que hace ya tiempo que asoma / tras mi cuello al pasear”.