La mujer maravilla | Letras Libres
artículo no publicado

La mujer maravilla

La combinación de lo popular y lo moderno, de melodías sencillas con letras complejas, que ocultan siempre un as en la manga, hace de Lorena Álvarez la heredera más clara del espíritu de las Vainica Doble.

Una cinta. Lo primero que hizo fue grabar su maqueta en una cinta de la que hizo 150 copias que se distribuyeron con un walkman, porque ya nadie tiene dónde escuchar cintas. Esa primera maqueta tenía ocho canciones, que luego aparecieron en su primer disco, Anónimo (2012). Es Lorena Álvarez, que por entonces fingía ir acompañada de una banda, “su banda municipal”. La idea surgió después de encontrar un bombo de una banda municipal, y le pareció –según contaba a Ariel Rot y Jorge de Ilegales en Un país para escucharlo– que era una manera de agrupar a los músicos que la acompañaran según el día, y también que era gracioso tener una banda municipal propia.

Ese primer disco no se parecía a nada de lo que se estaba haciendo en el pop en español: era folclore, pero con letras sorprendentes (por ejemplo, en “Sin título”, una canción de despecho amoroso hecha de reproches incluye uno de otro tipo: “dijiste que aguantarías y te corriste”). Una guitarra y percusiones, ritmos populares y melodías sencillas en dieciséis canciones bastaron para convertirse en el disco de moda. Tocó en el Primavera Sound, todo el mundo hablaba de ella, Nacho Vegas le dedicó una canción, y ella decidió pararse, dar un paso atrás y tomar aire, después de sacar cinco canciones con el coro de la dinamo, Dinamita, en 2014.

La nube. Desde entonces, ha estado trabajando, mudándose, formando parte del coro de Soleá Morente, componiendo canciones y pasando por algo así como una crisis, no tanto creativa como de preguntarse todo esto para qué, y sobre todo con qué medios: no tenía discográfica. Entonces, tuvo una revelación al fijarse en un dibujo que colgaba de su pared desde hacía tiempo, era un dibujo de trazo infantil, pero que le había hecho su abuela. Así lo canta en “La nube”: “Mi abuela me envió / un mensaje al futuro / en forma de dibujo/ en el que salía yo / con cara de tonta / tocando la guitarra / con un vestido de colores / y rodeada de flores / bajo un sol de justicia / y un árbol frondoso / y una nubecilla flotando en el cielo / sobre mi cabeza / que no era negra / sino celeste y ligera”. Entendió que no necesitaba nada para hacer lo que quería, salvo tiempo: grabaría el disco en su casa, sin las presiones del estudio, ni la inversión, a ratos, y podría controlar al máximo cada detalle, de la producción al diseño. Así nació Colección de canciones sencillas, de Lorena Álvarez, ya sin la necesidad de una falsa banda municipal. El diseño de los discos es suyo, como los dibujos que acompañan las letras de las canciones.

El adelanto. El adelanto fue un vídeo en el que Lorena Álvarez luce un mono copiado al de la cantante rubia de ABBA con agujero en forma de corazón a la altura del ombligo. La canción se llama “Si tú eres mi hombre”, y es un relato de un amor tóxico (“me agarraste la mano / y me chafaste los dedos / no me llegaba la sangre al cerebro”) y patético (“me compraste / un ramito de flores / que me dieron alergia, / sarpullido y picores”). En el vídeo, la cantautora se va librando a golpe de cada hombre que la asalta en su camino por el albaicín, como una especie de superheroína cañí. Cómo logra esquivar el kitsch, el tópico combinando elementos conocidos para convertirlos en algo nuevo y sorprendente debe de ser su secreto.

Superpoder. Lorena Álvarez hace canciones sencillas, de melodías directas y letras que cubren un amplio abanico: un cierto existencialismo, la deconstrucción de los dichos (en “Soy un olmo”, por ejemplo), el amor, la amistad, las raíces, y también los fantasmas interiores en “El bosque tenebroso de mi mente”, una de mis canciones favoritas del disco. Me gusta cuando, dando un paseo, en medio del bosque tenebroso de su mente, encuentra un claro, “el lugar donde nace la belleza”, y entonces hace rimar “divino” con “bocadillos”, no sea que nos pongamos estupenditos. Todas sus canciones tienen sentido del humor y verdad, no se la da de nada pero se toma en serio su trabajo. Esa combinación de lo popular y lo moderno, de melodías sencillas con letras complejas, que ocultan siempre un as en la manga, hace de Lorena Álvarez la heredera más clara del espíritu de las Vainica Doble.