La biblioteca sumergida de Félix Romeo flota | Letras Libres
artículo no publicado
Daniel Gascón

La biblioteca sumergida de Félix Romeo flota

En los años noventa había un proyecto para crear un pantano en Lechago, que sumergiría el pueblo. Romeo habló de crear la biblioteca bajo las aguas. Ahora que se acerca el décimo aniversario de la muerte de Romeo, sus amigos y le rinden este particular homenaje.

Unos minutos antes de las cinco de la tarde del 21 de agosto, una comitiva de coches avanzaba junto al pantano de Lechago, una localidad de poco más de cuarenta habitantes cercana a Calamocha (Teruel). A la izquierda, a la orilla del embalse, había dos coches de bomberos y una Zodiac. Ahí estaba la escultura de José Azul, una hormigonera decorada llamada Félix. Bomba de amor que contiene más de 140 libros firmados por autores como David Trueba, Irene Vallejo, Julio Llamazares, Ignacio Martínez de Pisón, Bernardo Atxaga y un texto escrito ex profeso por Mariano Gistaín: el fondo bibliográfico de la biblioteca sumergida del escritor Félix Romeo, de cuya muerte se cumplen 10 años este mes de octubre.

Dos guardias civiles con mascarilla desviaban el tráfico a la derecha: allí los coches se aparcaban y la gente -que venía de los pueblos cercanos, de Zaragoza, de Madrid, de Mora de Rubielos, de Alcorisa- caminaba hacia el puente, a unos centenares de metros, para ver la inauguración. La temperatura pasaba de los treinta y cinco grados, hacía sol y todo tenía un aire levemente felliniano.

Los periodistas -un coche de Aragón Televisión, otro de Radio Calamocha, un reportero de El País, un periodista de El diario de Teruel- rondaban por la zona de la lancha y la escultura. El cineasta Jonás Trueba, nominado a los premios César por La virgen de agosto y primer editor de Amarillo, el libro que Félix Romeo escribió sobre Chusé Izuel, era el encargado de grabar el extraordinario acontecimiento.

En los años noventa había un proyecto para crear un pantano en Lechago, que sumergiría el pueblo. Romeo habló de crear la biblioteca bajo las aguas. El padre de Félix, que se llamaba como él y había sido policía, era de Lechago. El embalse no sumergió el pueblo finalmente. Pero el aniversario propiciaba el homenaje: hacer realidad un chiste. O un sueño, si es que hay alguna diferencia. El organizador y maestro de ceremonias era el cineasta, escritor y socialite Luis Alegre, gran amigo de Félix y a quien Eloy Fernández Clemente definió como lechaguino universal.

El público se asomaba al puente. Había sombrillas. Entre los espectadores estaban los escritores Irene Vallejo, Ismael Grasa y Eva Puyó, la vicerrectora de actividades culturales de la Universidad de Zaragoza Yolanda Polo, el editor Chusé Raúl Usón, las periodistas Lara López y Beatriz Pecker (que trabajaron con Félix en La mandrágora de Televisión española), el escritor y bibliófilo José Luis Melero, el novelista y periodista radiofónico Miguel Mena (que contó más de cien coches), el pianista Juan Fernando Moreno Gistaín y la diseñadora Beatriz Gimeno, la escritora Aloma Rodríguez, el informático David Barreiros, los fundadores de Los Portadores de Sueños Eva Cosculluela y Félix González, el productor y profesor Kike Mora, el novelista Rodolfo Notivol y la pintora Mari Burges, el novelista, viajero y poeta Fernando Sanmartín, el alcalde de Lechago José Manuel Roche, el presidente del Centro Aragonés de Barcelona Jesús Félez, la teniente de alcalde de Calamocha Sonia Palacio, la presidenta de la asociación de amigos de Lechago María Jesús Soriano, Agustín Martín Soriano (autor de Historia de Lechago y sus gentes), los actores Jorge Usón y Carmen Barrantes (que llegaron tras actuar en Mora de Rubielos y se marcharon pronto para estar en el Festival de Comedia de Tarazona), un fiscal zaragozano, la periodista Cristina Palacios, el camionero y taxista Salvador Alegre, José Luis Campos (que lleva la Denominación de Origen Cariñena y Radio Calamocha), una docena de niños entre los que estaban Simón, Lea, Sabina y Pedro, y el cantautor Ángel Petisme, que intentaba hacerse oír entre el ruido del viento y un generador eléctrico. Félix Romeo escribió en los ochenta la crónica de un concierto del primer grupo de Petisme, que se llamaba ¿Qué es el optimismo? También sugirió un título para un recopilatorio del cantante: Éxitos secretos.

Había conversaciones, reencuentros. Algunos amigos se habían visto el día de antes y otros llevaban años sin verse. El pantano era muy azul, el paisaje marrón y agreste.

-¿Crees que estará herméticamente cerrado de verdad? -preguntaba Fernando Sanmartín.

-Bien, chico -respondió alguien. (Significa no.)

La idea es que dentro de 47 años, en 2068, cuando se cumpla el primer centenario del nacimiento de Félix, vuelva a abrirse la escultura y aparezcan los libros intactos. Podrán introducirse nuevas obras. El tiempo de préstamo, por tanto, es espaciado.

La megafonía anunció que “el del bar” ponía cervezas y refrescos al principio del puente. Valían un euro más la voluntad. Había quintos de Ambar, las latas estaban calientes (había hielo y al cabo de un rato estaban frías, como pudo comprobar este corresponsal). Algunos niños querían bañarse en el pantano. Algunos adultos también.

Con las bebidas la gente podía quitarse un poco la mascarilla.

Luis Alegre subió al puente y susurró a Ismael Grasa y Pepe Melero:

-Que no se hunde la hijaputa.

El diseño de la hormigonera-escafandra tenía algunos problemas. El principal era que resultaba insumergible. El artista José Azul acostumbra a pintar de azul las piedras que sacan de los campos los agricultores para que no se les rompa la maquinaria. A lo largo de la semana había viajado y recogido algunas de esas piedras para meter peso y hacer que la escultura se hundiese. Pero no lo conseguían.

José Azul y su amigo Guillermo habían estado horas por la noche pensando en las dificultades del proyecto. José no había podido dormir. Pero ¿quién podía imaginar que pasaría esto?

-Arquímedes. Cualquier cuerpo sumergido experimenta un impulso igual al peso del volumen de agua que desaloja -dijo un bombero.

Probaron varias veces, como en un sueño. Llenaron unos bidones de arena. Pensaron llevar la hormigonera hacia el centro, en la lancha y soltarla allí con los bidones. Estaban subiéndola.

-Bueno, no hace falta subirla… Porque flota -dijo uno.

En el puente se pronunciaron los discursos. Jonás Trueba grababa imágenes de la gente, con aire acalorado. Luis Alegre contó la historia del proyecto -Félix como factoría de ideas, la biblioteca sumergida como respuesta rebelde ante la angustia- y recordó que en Teruel nacieron el rey de la fantasía, Segundo de Chomón, y el rey del surrealismo, Luis Buñuel. Bajo esos auspicios se inauguraba la biblioteca: quizá nadie sabe hasta qué punto. Contó también que 26 años después de que Fernando Trueba rodara con una cámara Lumière la Salida del preso insumiso Félix Romeo de la cárcel de Torrero, su hijo Jonás Trueba -que estuvo en ese rodaje- estaba registrando el homenaje al autor de Dibujos animados.

Hablaron el alcalde de Lechago, la teniente de alcalde de Calamocha. José Luis Melero leyó un texto donde decía que “Félix fue un hombre apasionado, vehemente y esencialmente bueno. Entre los muy buenos, él fue el mejor”. Habló de su “personalidad arrolladora, su carácter vehemente, su independencia de juicio y criterio, que hicieron que fuera ingobernable para aquellos que en todos los tiempos y bajo todos los regímenes aspiran a convertir a los intelectuales en servidores dóciles y paniaguados”. Recordó la inteligencia fuera de lo común de Félix, la generosidad que llegaba a la prodigalidad, la alegría que le producía que a sus amigos les fuera bien. Hizo escritores a muchos de sus amigos, dijo; no señaló que hubiera contradicción entre una cosa y otra.

En su discurso Irene Vallejo repasó algunas bibliotecas sumergidas en la ficción, y señaló que no tenía constancia de una biblioteca sumergida en la realidad. La idea le parecía digna del protagonista de Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal, un autor -dijo- que había descubierto por Félix, y habló de la fiesta y la biblioteca como una alianza de la amistad y los libros. Luis Alegre, que cuando no hablaba aguantaba el micrófono de los oradores, cantó el célebre himno de Lechago, acompañado por el público:

¡Viva Lechago oe,

Tus mujeres son bonitas como rosas!

¡Viva Lechago oe,

Tus mujeres son bonitas y preciosas!

¡Viva Lechago oe

Tus mujeres son orgullo de Aragón!

Ángel Petisme, con armónica y guitarra, cantó dos canciones: la primera era Una vela en la oscuridad, dedicada a Félix Romeo, y la segunda una nueva composición, creada para la inauguración. En el estribillo el público tenía que responder diciendo “Romeo Pescador”, un poco al estilo gospel, pero las condiciones climatológicas eran adversas, como con la Armada Invencible en el Canal de la Mancha y con el arca de Félix en el pantano de Lechago.

Se gritaban vivas a Félix Romeo.

-¿Se ha hundido? -dijo uno volviendo.

-Parece que sí.

-No, mira, mira, está ahí, cerca de la orilla.

Había aplausos cuando la lancha se acercaba.

Después invitaron a los asistentes a tomar y beber algo en la plaza del pueblo. Llegaron José Azul y los bomberos, entre aplausos.

Un bombero le dijo a Aloma Rodríguez que se había hundido, pero no se sabía por cuánto tiempo.

-Pero si estaba allá lejos al lado de la orilla.

-Habrá que ver lo que pasa esta semana. Si se hunde o no al final.

-Lo más fácil es que venga un cazador del pueblo y le pegue un tiro para que se hunda.

-Tenía que haberlo hecho la guardia civil, como cuando se escapa un toro.

-Lo malo es que eso estropea lo del cierre hermético y también es una pena -dijo José Azul.

-Pero habría sido bueno para la película.

-Sí, una cosa compensa la otra.