Entrevista a Miren Iza: “Un disco es como un huerto, tú plantas las canciones y van absorbiendo nutrientes y agua” | Letras Libres
artículo no publicado
Gustavo Navedo

Entrevista a Miren Iza: “Un disco es como un huerto, tú plantas las canciones y van absorbiendo nutrientes y agua”

'Ese éxtasis', el nuevo disco de Tulsa, reúne canciones que hablan de asuntos diversos, pero el anhelo funciona como elemento aglutinador.

Ese éxtasis es el sexto disco de Tulsa, sin contar con Ignonauta ni la banda sonora de Los exiliados románticos. Grabado el verano de 2020 en Daimiel, Ciudad Real, el disco reúne canciones que hablan de amor, de deseos, algunas canciones funcionan casi como advertencias y el anhelo de lo que no se tiene funciona como elemento aglutinador de unas canciones que combinan un cierto sentido trágico con la búsqueda de la belleza y la levedad. Miren Iza (Hondarribia, 1979), Tulsa, responde por correo electrónico.

¿A qué hace referencia Ese éxtasis? Lo primero que viene a la cabeza para un lector es el de Santa Teresa, pero también el amoroso y una cierta idea de trascendencia. ¿Cuál es el éxtasis al que alude?

La gracia del éxtasis es que nadie sabe lo que es. Estando en Daimiel, donde se grabó el disco, discutíamos acerca de lo que para cada cual era, cada uno tenía su propia idea del éxtasis según sus fantasías, imagino. El mío fue la pretensión de alcanzarlo con la música, pienso que algunas progresiones de notas en concreto, igual que algunas texturas de instrumentos o una voz lírica, pueden generar una sensación de éxtasis, de inmediata elevación del espíritu. Ese fue el motor inicial de este disco, su misión era básicamente lanzar belleza al mundo, pero sabemos que eso tiene un corto recorrido y que la belleza aburre enseguida, así que poco a poco se fue llenando de más cosas, por supuesto Santa Teresa y su intensidad llevada a la vertiente amorosa también.

Has citado Daimiel, donde se grabó el disco, durante el verano de 2020. ¿Cómo afecta esa cosa de campamento al disco y a las propias canciones?

La propia estancia en La Manchuela, así se llamaba la casa, fue bastante digna de éxtasis. La casualidad, y la apetencia de los madrileños por el alquiler de casas con piscina en ese momento, me llevó a ampliar el radio hasta Daimiel, un lugar especial para mí porque a mi vuelta de Nueva York hice uno de los primeros conciertos de La calma chicha. Nos sentimos muy bien recibidos por la gente relacionada con la música en Daimiel, que supieron enseguida que íbamos a grabar allí. Pienso que el lugar ha sido determinante aunque llegáramos sin cálculo. Esa planicie seca, el calor, las barbacoas, la piscina y el amor están presentes en el disco, me niego a pensar otra cosa.

El cine suele ser una de tus influencias, pero en este disco hay más referencias literarias. Por ejemplo, “Os oigo follar” es una respuesta a un poema de Elena Medel, “Autorretrato” es un guiño al escritor francés Édouard Levé, también aparece Penélope, ¿qué otros escritores están entre las canciones de Ese éxtasis?

No he sido consciente de que las referencias hayan sido más literarias que cinematográficas. En “Dinero caído del cielo” hay una referencia a La Tierra tiembla de Visconti. Se me ocurre que en “La boda” hay una pequeña referencia a la servidumbre voluntaria de La Boétie… no sé. Un disco es como un huerto, tú plantas las canciones y van absorbiendo nutrientes y agua, vives cerca de ellas una temporada, te van guiando y a la vez les aportas lo que crees que están pidiendo, ya sea una película, un libro, una conversación que pillas al vuelo… vas tomando notas y luego tratas de integrarlo todo.

También has dicho que usaste el I Ching en alguna de las canciones, no sé si has leído Maternidad, de Sheila Heti, que también usaba ese método.

No lo conocía, pero lo acabo de pedir en la librería del barrio al leer la sinopsis: quiero ser madre, pero mi pareja no. ¿Qué hago? La respuesta no te la dará el I Ching, pero la buscarás en él. Con suerte escribirás un libro o un puñado de canciones.

De los escritores suele decirse que en su primer libro ya están todos los hilos de los que irá tirando más adelante. En tu caso, el camino en el sonido y también en la manera de cantar es más claro, no sé en cuanto a los temas…

Prefiero pensar que no, que mis obsesiones van cambiando, pero me temo que se repiten algunos con testarudez, como la falta o la pérdida, del amor, del hogar… Lo que intento, por diversión y por encontrar nuevas verdades –mías–, es cruzar temas, crear recovecos y nuevas formas sin salirme de la estructura sencilla del pop, ese es el reto. Por ejemplo, en “Autorretrato”, con la excusa de hablar de mí misma, hablo del amor, lo mismo en “Dinero caído del cielo”, aunque ahí el amor es más maternal. En este disco he tratado temas nuevos para mí, la furia, la desigualdad, la espera…

Te he escuchado decir que uno de los compositores que más admiras es David Rodríguez, de La Estrella de David, por su capacidad de pasar de lo pequeño y cotidiano a lo universal. Me parece que hay algo de eso en versos como los de “La boda”: “Para qué me he hecho un moño italiano siguiendo un tutorial de Youtube”. ¿Es un intento de quitar gravedad a las canciones?

Sí, si echo la vista atrás y oigo Espera la pálida, me avergüenzo un poco de la gravedad que imprimía a todo, sufría el adanismo de creer que nadie antes había hablado del fin del mundo o de la depresión en una canción, menuda idiota. Me divierte mucho más utilizar un código de lenguaje más leve. Suele resultar más emocionante, las metáforas engoladas no emocionan a nadie, solo a su dueño.

David es muy descreído, siempre le quita valor a lo que hace, y esa actitud le ayuda a aventurarse con el lenguaje y tratar temas de forma muy despreocupada, encajándolos en melodías gloriosas, que otra persona se encargaría de llenar con textos más elaborados por miedo a quitar valor a la melodía, con un resultado final más insípido. Lo que hace David es muy único, en el fondo lo sabe.

Esa levedad está también en lo musical, en “Destrucción mutua asegurada” o “Gran fuerza domadora”.

Angel Luján, el productor, y yo solemos tener muchas discusiones en este terreno, él intenta evitar que me zambulla demasiado en la oscuridad, porque en realidad no es interesante si no hay tregua, y además en realidad me gusta el baile y la alegría, así que yo también debería tender a esa levedad, pero a veces me veo defendiendo con mi vida los acordes menores y el tormento. Eso está en mí, qué duda cabe.

Dices que el disco no es coherente ni pretende serlo, pero dices también que la voz narradora está como fuera de lo que sucede en todas las canciones, ¿es un disco sobre el anhelo? ¿Es ese tu tema en realidad?

En realidad sí quería que fuera coherente, pero quizá mi tema sea la incoherencia y la contradicción, mi entorno familiar hace bromas con mis vaivenes. Quizá por supervivencia me veo obligada a despreciar la coherencia como valor intrínseco.

Me gusta esta conclusión tuya de que mi tema es el anhelo, lo añadiré a la nota de prensa. El anhelo es el tema de la humanidad, diría.

Cuando salió Centauros dijiste que no creías haber encontrado tu sonido, pero sí el lugar desde el que escribes. ¿Cuál es ese lugar? ¿Has encontrado ese sonido con Ese éxtasis?

El lugar, voy a decir una tontería, es desde dentro y desde fuera. Antes solo escribía desde dentro, no sé si esto aclara algo. También me siento bastante segura con las letras, noto los años de oficio. Musicalmente he buscado el sincretismo de mis gustos, la tensión de que me gusten a la vez Otis Redding, Mari Trini o Dua Lipa. A veces me veo en aprietos, pero es bastante divertido discutir sobre esto y retorcer las canciones hacia sitios diferentes. No he encontrado mi sonido, cuando consiga grabar el éxtasis, espero saberlo. Y el disco se llamará El éxtasis, no Ese Éxtasis.