El punto para el marido: cómo se construye una mentira | Letras Libres
artículo no publicado

El punto para el marido: cómo se construye una mentira

El mito del "punto para el marido" construye una conspiración contra las mujeres entre ginecólogos y padres.

Hace unos días se publicó un artículo en El país con el título “El ‘punto para el marido’ no es solo un mito”, en el que se describe una práctica presuntamente hecha en los partos de la que ningún profesional médico consultado ha oído hablar jamás. En el artículo solo dos matronas reconocen la práctica: Claudia Kaiser y Anabel Carabantes. Recoge el testimonio de Francisca Fernández Guillén, abogada de la asociación El parto es nuestro, que afirma que a ella se lo hicieron tras su primer parto en 2002.

El parto

Hace tiempo que la sanidad pública española incorpora de manera habitual y activa protocolos para humanizar el parto, quizá excesivamente medicalizado. Eso básicamente significa tomarse el tiempo de ver ante qué tipo de parto se está y qué medidas será necesario tomar teniendo en cuenta en la medida de lo posible los deseos de la parturienta, y siempre pensando en el bienestar del bebé. Es decir: los procedimientos invasivos como cesárea, uso de instrumental o episiotomía solo se hacen si son necesarios. Como en un cierto sentido estamos en un momento de transición entre dos maneras de entender el parto, puede ser que haya quien tenga malas experiencias o se encuentre con un equipo que no sea tan respetuoso como se recomienda. Y también, claro, puede haber mala suerte: un parto demasiado largo, un desgarro más profundo de lo previsto, distensión del suelo pélvico…

Algo de todo eso recoge el mito del punto para el marido, que desde luego no es una práctica habitual ni una broma común en los paritorios. Las cicatrices, también las de las episiotomías, pueden ocasionar molestias (la piel cicatrizada es algo menos flexible, por ejemplo). La leyenda urbana de “el punto para el marido” sugiere que un punto de más en la episiotomía estrecharía la vagina y haría que el hombre disfrutara más del sexo. En los testimonios, por cierto, se habla de ginecólogos cosiendo, cosa que rara vez sucede: quienes cosen los posibles desgarros o las episiotomías suelen ser las matronas. Por otro lado, aunque se hiciera, estrechar el hueco no haría que los músculos del suelo pélvico recuperaran la tensión, como cualquier matrona sabe.

De dónde viene la historia

En 2014 apareció en Granta el relato “The Husband Stitch” un relato de Carmen Maria Machado sobre un matrimonio (Anagrama acaba de traducir el primer libro de Machado, Su cuerpo y otras fiestas, que abre con ese cuento) en el que se hace referencia al punto para el marido o punto de más: en el paritorio, el médico se lo comenta al marido medio en broma medio en serio. En el cuento no hay ninguna referencia más a si finalmente se lo hacen o no. La escritora Jane Dykema usa el cuento de Machado en sus talleres de escritura creativa y una alumna le dijo que se lo habían hecho a su madre. En enero, apareció este artículo (aquí traducido al español), que parece ser la fuente del texto publicado en El país. El punto para el marido tiene una entrada en la Wikipedia, el artículo fue editado por última vez este mes de septiembre. Las referencias a una presunta práctica conocida así son de 1958, la más cercana.

Una hipótesis es que la leyenda urbana existía, y el cuento de Machado la trae a la conversación.

Aquí, una explicación un poco más ampliada sobre cómo el mito mezcla el desconocimiento y una broma desafortunada –y desde luego, poco frecuente– para crear la idea de una conspiración contra las mujeres entre ginecólogos y padres. El punto para el marido no es solo un mito, claro. También es una mentira.