Dos manchas de sangre | Letras Libres
artículo no publicado

Dos manchas de sangre

La frase una mancha de sangre fue el nombre de un cabaret y el título de una película del cine mexicano.

En el cine

Me enteré por azar en estos días de que ese fue el nombre de un cabaret que a su vez dio título a una película que dirigió Adolfo Best Maugard en 1937 y que, rodeada de tribulaciones y censuras, fue finalmente estrenada en 1943 aunque, despojada ya de sus pecados, resultó un fracaso estrepitoso.

Hallada en alguna bodega por la Filmoteca de la UNAM, aunque lamentablemente ayuna de su último rollo (que, supongo, habría explicado el misterioso título), en 1994 la película volvió por sus fueros y pasó a ocupar su sitio en la historia y en youtube, donde puede verse

 

Curiosa por las tomas audaces, su cinematografía aventurera, la graciosa música de Gamboa Ceballos, su voluntad de reproducir hablas populares y su catálogo de estereotipos urbanos, La mancha de sangre es otra de las pioneras del en México tan gustado género del cine de “ficheras”, esas mujeres malas que en realidad son buenas, etcétera.

“La mancha de sangre” es un cabaret sui generis en el que, además de señoritas, se venden tortas de queso de puerco. Los boleros dan trapazo bajo murales licenciosos. El humo es espeso, los gángsters son abusivos, los ingenuos son ingenuos, el alcohol es nutritivo y el amor no es sincero hasta que de pronto es sincero. En la escena que causaría la ira del Estado, algunas de las pobres mujeres y sus padrotes repugnantes organizan una orgía en una recámara decorada con ropa interior de mujer (sí, menos mal). Sólo quedó de la escena una danza con desnudo escrupulosamente integral que realiza con donaire una copia de Venus de Cibeles que envidian las mujeres.

En fin, recomiendo al interesado la ficha de Hugo Lara Chávez que está en esta página y la historia que hizo de las vicisitudes políticas y morales de la película en esta otra

 

En la vida

La historia de Elena Garro y Octavio Paz se cruza curiosamente con esa película. Resulta que cuando estaba en Mérida, en la primavera de 1937, dedicado a organizar una Escuela para Hijos de Trabajadores, dando conferencias contra el fascismo, organizando mítines en favor de la república española y estudiando a Marx y a Engels con sus camaradas (como lo cuento en mi libro Poeta con paisaje)

Paz recibió una carta de Garro en la que le informaba que a ella y a su hermana Deva las han invitado a aparecer en una película y han aceptado, pues su padre está en la bancarrota y urge llevar dinero a casa.

Supongo que Paz no tardó en descubrir que se trataba de Best Maugard y de una película de ficheras. (Garro ya había aparecido en 1934 en Humanidad, cortometraje de Best Maugard al parecer dedicado a ensalzar las instituciones sociales de la revolución triunfante.) No le cayó nada en gracia la idea. No le creyó a Garro lo de la bancarrota y le exigió que, si de dinero se trataba, tomase el que ahorraban para su boda, cualquier cosa menos verla “amenazada, espiada, envuelta en mil tramas, desnuda en la boca de los canallas”.

Y luego se recrimina por haberla acercado al mundo del espectáculo, “al más sucio, infame y torvo de los mundos, al mundo de la nada, de la vanidad y el vacío; el mundo malvado que frecuentas, al mundo en que respiras y con el que me envenenas.” Y le recrimina que se dedique a frivolidades mientras él está lejos, haciendo la verdadera revolución y construyendo al nuevo mexicano. Y luego le ordena que se deje de tonterías y se ponga a escribir, pues nadie lo hace mejor que ella, y finalmente le advierte que si se empeña en salir en la película “iré a matarte”.

La frase “mancha de sangre” –fuera ya de la historia del cine mexicano– remite a uno de los mitos fundadores del amor en occidente: la herida que aparece una y otra vez en el cuerpo de Tristán, y que solamente el amor de Isolda puede restañar, es la representación corporal de los amores imposibles...

Sí, es un asunto complicado. Me refiero al de Tristán e Isolda tanto como al de “Octavio” y “Helena”, uno de los capítulos de Los idilios salvajes, tercera entrega de mis Ensayos sobre la vida de Octavio Paz, que Ediciones Era pone en circulación en estos días…