David Berman (1967-2019): Toda mi felicidad se ha ido | Letras Libres
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David Berman (1967-2019): Toda mi felicidad se ha ido

David Berman, el líder de Silver Jews, se ha suicidado a los 52 años. Era un artista de culto y huidizo que dejó un puñado de canciones eternas.

A lo mejor el nombre de David Berman no les suena a muchos de los lectores de este artículo. Si se menciona su grupo, Silver Jews, algunos caerán en la cuenta de quién es. Si hablamos de aquel que formó parte del grupo paralelo de Stephen Malkmus es posible que otros pocos sepan ya de quién hablamos, aunque él habría odiado ser identificado por esto último, porque Silver Jews era su grupo. No creo, sin embargo, que le hubiera molestado que muchos siguieran sin saber quién es, al fin y al cabo nunca trató de ser famoso.

David Berman se ha suicidado a los 52 años. A tres días de empezar la gira con su nuevo proyecto, Purple Mountains, tras un silencio de 10 años. Los inminentes planes de gira aumentan el desconcierto de una noticia tan triste. Es inevitable imaginarse su sufrimiento y preguntarse por qué lo hizo, si acaso fue algo impulsivo porque se encontraba inmerso en tareas de promoción y planificación de gira, tareas prosaicas que nos llenan las horas del día y dan muchas veces sentido a nuestra existencia. El problema es que él nunca quiso hacer promoción, ni giras, nunca buscó el éxito y nunca pretendió interpelar a nadie con sus canciones. Aunque lo hizo.

Carismático y guapo, desde el principio decidió que publicaría discos, pero no daría entrevistas y no tocaría en directo, salvo algún concierto errático que dio aquí y allá, lo que hizo crecer su imagen de mito. En 2005, tras superar una depresión grave y convertirse al judaísmo siguiendo el destino que su propio nombre musical le marcaba, decidió dejarse querer por un público que lo esperaba precisamente como a un mesías. El documental Silver Jew cuenta muy bien su sorpresa al ver cómo la gente conocía y cantaba sus canciones. En ese paréntesis, en ese oasis de normalidad en la vida de alguien tan fuera de la norma, tuvimos la suerte de verle en el Primavera Sound, en el año 2008. Ese día estábamos allí, reverenciales, los que crecimos con las canciones de Silver Jews, y también las de otros músicos afines a esa actitud un poco antimainstream como Will Oldham, Sebadoh, Joanna Newsom, Smog, Songs Ohia o Elliott Smith, héroes de culto que rehuían todo lo que no tuviera que ver exclusivamente con las canciones, idealistas y libres. Es difícil imaginarse a Berman en el panorama actual de festivales, escuchas contabilizadas y selfies. Quizás él tampoco logró imaginárselo.

Un año después de su paso por Barcelona, disolvió el grupo con la intención de escribir un libro sobre su padre, un magnate de las armas y la industria alimentaria, un padre multimillonario y sin escrúpulos sociales que hacía sentir culpable y avergonzado a su hijo. No logró terminar el libro, algunos padres son muy difíciles de matar.

Sus letras brillan mecidas por sencillas melodías de pop. Como letrista y poeta, lo comparan con Leonard Cohen, habló de América, de la muerte, las borracheras y las drogas, los coches, Dallas y Nashville, el amor, Dios y la luz. Fue la voz de un personaje extrañamente ingenuo, siempre en movimiento, buscando un sitio donde sentirse mejor, donde poder entregarse a las cosas bellas y guarecerse de los fantasmas de un sistema capitalista e individualista que criticó y del que se defendió con mucho humor negro. Dejó grandes himnos indies: Random Rules, Smith and Jones, Slow Education, Suffering Jukebox

En 2018 se separó de su mujer tras 20 años de relación y su madre murió de cáncer. Nunca sabremos cuál fue el motivo último que le llevó a quitarse la vida. Sin embargo a través de su último disco sabemos que no estaba demasiado bien, en canciones como That’s Just the Way I Feel (Bueno, no me gusta hablar conmigo mismo/Pero alguien tiene que decirlo, demonios/Quiero decir, las cosas no han ido bien/Esta vez creo que finalmente me jodí/Verás, la vida que vivo es repugnante), o en All my Happiness is Gone (Donde no pasa nada y nadie pregunta/Pero el miedo es tan fuerte que te deja sin aliento/No hay forma de durar aquí así por mucho tiempo/ Toda mi felicidad se ha ido/Todo se fue a algún lado más allá), nos dejó una dolorosa nota de despedida, un puñado de canciones eternas y mucha pena por no poder cantar otra vez con él. Dijo en una ocasión que lo de tocar en directo delante de los fans le parecía adictivo y él no se llevaba bien con las adicciones. Gracias, David.