Barcelona era una fiesta | Letras Libres
artículo no publicado
EFE

Barcelona era una fiesta

El polémico pregón de las fiestas de la Mercè de Barcelona, pronunciado por Javier Pérez Andújar, es un retrato festivo y melancólico de la Barcelona de la literatura, la edición y el cómic.

El anuncio de que el pregonero de las fiestas de la Mercè en Barcelona sería el escritor Javier Pérez Andújar fue recibido con protestas desde una parte del independentismo. Lamentaban que el autor fuera crítico con el procés.

La polémica proporciona un nuevo ejemplo de la perspicacia del Diccionario del diablo de Ambrose Bierce, donde el patriota se define como “aquel a quien los intereses de una facción le parecen superiores a los de todos”.

El argumento -una de cuyas versiones más escatológicas emitió Pilar Rahola, que acusó a Pérez Andújar de “defecar sobre el independentismo”- decía más o menos que unas fiestas exigían una figura de consenso. Una figura de consenso significaba, para esa parte del independentismo, alguien que estuviera de acuerdo con ellos. Según esa interpretación, mantener una oposición democrática y progresista al nacionalismo, articulada en una crítica irónica, te convierte en una persona que está fuera de lo aceptable, que debe ser excluida de la conversación pública y que no debe aparecer en actos institucionales. Te transforma en alguien que, en el mejor de los casos, pertenece un poco menos a la comunidad.

Como han señalado algunos independentistas, esa actitud hacía que el independentismo no solo pareciera “antipático”, sino también débil. Quienes no toleran la disidencia parecen frágiles y paranoicos. También es una muestra más de que la independencia no sería solamente una ruptura con el resto de España: hay un intento de amputación de determinadas sensibilidades y elementos de la realidad de Cataluña. Ese país soñado sería más pobre.

Algunas veces desde el independentismo se recibe con escepticismo la idea de que el movimiento ha generado una fractura en la sociedad catalana. El episodio, sin embargo, parece confirmarlo. Varias entidades alternativas anunciaron un pregón que daría el actor Toni Albà, disfrazado de Felipe V.

No es raro que uno se acabe pareciendo a lo que más detesta. Los argumentos a favor de la exclusión de Pérez Andújar ya los conocemos: se parecen a los de la derecha española más rancia contra los malos españoles. La doble manifestación recuerda, en una versión menos dramática y quizá directamente farsesca, a los momentos en los que había dos manifestaciones para homenajear a las víctimas del 11-M.

El pregón de Pérez Andújar es emocionante, inclusivo, un homenaje a una ciudad diversa, “a los autorizados y los desautorizados”. Destaca el papel de la gente común en la transformación de la ciudad, reivindica la importancia de los barrios y la periferia, denuncia el desmantelamiento de los paisajes de la memoria obrera y recuerda la importancia de Barcelona en el mundo de la edición, en la literatura, en el cómic y en las novelas de quiosco, desde Cervantes a El Víbora, José Cabrero Arnal y Víctor Mora y Purita Campos, desde Josep Escolar a Manolo Escobar, desde la cultura más prestigiosa a la contracultura, desde la rumba al punk.

El retrato es festivo y a veces melancólico, lleno de energía, memoria e imaginación verbal, y defiende el derecho a ser de Barcelona cada uno a su manera. Esa reivindicación -que es válida para otros lugares- es una de mis partes preferidas del discurso. Eso es, al final, una ciudad: un lugar donde uno pueda ser de la manera que quiera. Esa observación se combina con el retrato rico y concreto de Barcelona, el recuerdo de personas memorables y a veces olvidadas, y al leerlo lo que más apetece es irse allí inmediatamente a brindar por ellas, por la ciudad y por los amigos.