Así contamos la crisis económica de 2008 (en el cine) | Letras Libres
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Así contamos la crisis económica de 2008 (en el cine)

Se cumplen diez años del estallido de la crisis. Desde Hollywood al cine europeo, hacemos repaso de las películas que han tratado de contar el crack.

“Es solo dinero. Se fabrica. Trozos de papel con fotos para que no tengamos que matarnos para conseguir comida. No es malo. Y hoy no es diferente a lo que ha sido siempre. 1637, 1797, 1819, 37, 57, 84, 1901, 7, 29, 1937,74, 1987… Aquel año sí que me jodió bien. 92, 97, 2000… Y como sea que llamemos a este es siempre lo mismo, una y otra vez. No podemos evitarlo. Y tú y yo no podemos controlarlo, ni pararlo ni frenarlo, como mucho alterarlo. Ganamos mucho si lo hacemos bien y perdemos mucho si lo hacemos mal. En el mundo siempre ha habido y siempre habrá el mismo porcentaje de ganadores y perdedores, ricos felices y pobres desgraciados, peces gordos y perros hambrientos. Sí, puede que hoy en día nosotros seamos más que nunca, pero los porcentajes son exactamente iguales.”

El monólogo es sublime. El director de un gran banco de inversión, interpretado por Jeremy Irons, explica a uno de sus subalternos, en la piel de Kevin Spacey, en qué consisten los cracks económicos. El tiburón de las finanzas sabe que, pese a todo, él no será el más perjudicado cuando todo se derrumbe. Él solo pretende salvarse a sí mismo de la quema porque forma parte del porcentaje de los ganadores. Y al carajo con los que invirtieron sus casas y sus vidas.

La película es Margin call y fue estrenada en 2011. Dirigida por J. C. Chandor, narra cómo varios trabajadores de un gran banco se dan cuenta de que han estado “jugando” con activos bancarios con los que han ganado muchísimo dinero –y coca, y fiestas– pero que no valían lo que decían valer. La debacle está a la vuelta de la esquina. Y es ficción, sí, pero pudo haber pasado. El filme se detiene en ese punto de la historia que está ya en el imaginario colectivo reciente: la quiebra de Lehman Brothers, sucedida el 15 de septiembre de 2008. Y lo hace con nota. Posiblemente sea la mejor película sobre el último crack financiero mundial.

Desde aquel 2008 no ha dejado de haber películas –tanto por parte del Hollywood más comercial como desde la industria europea y el cine más independiente– centradas en la gran crisis. Es una de las grandes labores de la cultura: contarnos qué pasó, qué nos hizo daño, cómo llegamos hasta allí. Hacernos las preguntas e intentar darnos alguna respuesta.

Además de Margin Call, en 2011 también llegó desde Hollywood, aunque con menos éxito, Too big to fail (Malas noticias), dirigida por Curtis Hanson y basada en el libro de Andrew Ross Sorkin. Si la primera contaba la crisis desde el lado de los banqueros, esta ponía el foco en la administración Bush y, principalmente, en la secretaría del Tesoro, que estaba en manos de Hank Paulson. Una de las escenas principales es cuando Paulson, interpretado por William Hurt, explica la gran caída y que el Estado tendrá que rescatar a la aseguradora AIG –EE.UU. también tuvo que echar mano del dinero público–, pero dejará caer Lehman Brothers. En ese momento su jefa de prensa le pregunta cómo comunicar esta noticia a los medios:

-Y cuando me pregunten por qué el mercado no estaba regulado, ¿qué digo?

-Que nadie quería. Estábamos ganando demasiado dinero.

“¿Qué le parece vender valores que su propia gente considera basura?”, es una de las preguntas que le hacen a un banquero en el documental Inside job, dirigido por Charles Ferguson, estrenado en 2010 y que ganó el Oscar en su categoría al año siguiente. Está considerado el mejor retrato de no ficción de la crisis financiera. Se nutre de entrevistas con políticos, financieros y periodistas que hablan de cómo se produjo la crisis en Islandia en 2008, de la salvaje desregulación del mercado y de los intereses de las agencias de calificación de riesgo. De hecho, la caída de Lehman arrastró a la agencia Arthur Andersen, encargada de calificar con las famosas triple A.

El documental no escamotea frases que son aguijones hacia todo el sistema financiero:

“Lograban enormes beneficios privados a costa de pérdidas públicas. Los ingenieros financieros construyeron sueños. Cuando esos sueños se convierten en pesadillas les toca pagar a otros.”

“Bearn Stearn, Goldman Sachs, Lehman Brothers sabían lo que estaba pasando.”

La crisis desde Europa

En Europa, la BBC fue una de las primeras en producir un mediometraje sobre el gran banco de inversión. En 2010 estrenó Los últimos días de Lehman Brothers, centrado en el fin de semana que antecedió a la declaración de quiebra. Es una dramatización de lo que sucedió en las oficinas de la compañía, y el foco está puesto en el pulso que mantuvieron aquellos días el CEO, Dick Fuld –después fue considerado uno de los peores CEO de la historia–, y el secretario del Tesoro, Paulson. También es una película didáctica que explica cómo funcionaron las hipotecas basura y otros productos financieros –muy complejos para el ciudadano común, es decir, casi todos nosotros– como las CDOs, los valores en los que se convertían estas hipotecas y con las que jugaban los bancos.

En un momento, Paulson también explica por qué van a salvar a AIG y no a Lehman: “Si no les echamos un cable todo lo que era sólido se evaporará.” Curiosamente este Todo lo que era sólido –una alusión al Manifiesto comunista– es el título del ensayo que Antonio Muñoz Molina publicó sobre la crisis, lo que creíamos tener y lo que se esfumó.

Otra película europea destacable fue El capital, dirigido por Costa Gavras en 2012. Está basada en la novela de Stephane Osmont de 2004 y cuenta cómo un empleado llega a CEO de un banco y comienza a acometer una reestructuración completa de la entidad y despide al 8% de la plantilla mientras él se embolsa 2 millones de euros anuales. La película consiguió la Concha de Oro en el festival de San Sebastián, y contiene diálogos como aquel en el que un banquero americano le explica a este CEO europeo cómo funcionan las cosas:

-La gente se cree que el dinero es una herramienta, pero se equivoca. El dinero es el amo. Cuanto mejor le sirves, mejor te tratará.

-En Europa no tenemos esa mentalidad.

-Las mentalidades cambian.

Efectivamente, tras la caída de Lehman, todo se desplomó como si fueran fichas de dominó. Europa también había participado del mismo juego.

El desparrame final

Con el paso del tiempo, y como sucede con casi todas las cosas, las historias de la crisis se fueron haciendo menos sombrías y entró en escena el desparrame. Dos ejemplos: El lobo de Wall Street (2014) y La gran apuesta (2015). La primera, narrada sin frenos por Martin Scorsese, se acercaba a la figura del bróker Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), tal y como él había contado en sus memorias: es decir, cómo vivió la gran juerga del dinero, las drogas y las prostitutas. Hasta que todo se acabó en 1999 (podría considerarse a Belfort un visionario de lo que estaba por venir, pero a finales de los noventa nadie hizo mucho caso de esta historia).

La segunda, que parte del libro de Michael Lewis, indaga en la gran burbuja inmobiliaria, cómo estalló entre 2007 y 2010, y cómo unos tipos se dieron cuenta de que aquello iba a suceder y decidieron apostar contra el mercado. Con un estilo en el que la cámara se mueve como si estuviera bajo los efectos del speed –como algunos de sus personajes– el filme ofrece diálogos que hoy nos parecen cómicos, si no fuera porque en aquel entonces todos –menos los protagonistas– pensábamos lo mismo sobre el mercado inmobiliario, y eso ya es un poco más patético.

-2005. Todo el mercado inmobiliario está controlado por créditos basura. Se va a derrumbar.

-El mercado inmobiliario es súper sólido

-Es una bomba de relojería.

Alguien llevaba razón en todo esto.

PD. Cine español: más perdedores que ganadores

Si el cine estadounidense y parte del europeo se han centrado más en la crítica a la figura de los ganadores, en España los perdedores han sido los protagonistas: esa clase media y esa juventud que han visto precarizadas sus vidas, tal y como se ha analizado en trabajos como El muro invisible. Las dificultades de ser joven en España, del colectivo Politikon. Más que sobre las grandes corporaciones, aquí hubo un buen puñado de historias mínimas sobre la desolación.

En 2011 se estrenaba Cinco metros cuadrados, dirigida por Max Lemcke, sobre una pareja que compra una casa sobre plano y se da cuenta de que la construcción no va a llegar nunca. Una historia del famoso pelotazo inmobiliario, de cómo jugaban las constructoras y los bancos y que remite a todas esas urbanizaciones desperdigadas por el territorio español que, en muchas ocasiones, se dejaron a medio hacer o sin las mínimas condiciones de luz y agua. Del mismo año es también Terrados, de Demian Sabini, sobre unos treintañeros que se quedan sin trabajo y sus expectativas de mejora se esfuman. Es el retrato de cómo el ascensor social se estancó.

El paro juvenil entró en escena con Hermosa juventud, de Jaime Rosales, estrenada en 2014. Es un canto a la desesperanza y, posiblemente, a una de las épocas más tristes de los últimos años: cuando con la llegada de la nueva década desaparecieron las oportunidades y solo quedó el vacío. Dos jóvenes pierden la ambición y los deseos. Y vagan, porque es lo único que les queda por hacer.

Finalmente, en 2015 se estrenó Techo y comida, de Juan Miguel del Castillo, la que resume mejor la trinidad del fracaso: el paro, los desahucios, la destrucción de las relaciones sociales y sentimentales. Una mujer joven se queda sin trabajo y está a punto de perder la custodia de su hijo y su casa. La protagonista, Natalia de Molina, ganó el Goya a la mejor actriz revelación.

Los grandes bancos y sus juegos con la ruleta rusa, la debacle de las administraciones públicas, las familias que lo perdieron todo, el cine ha contado en estos últimos diez años cómo fue la quiebra del sistema financiero. Quizá algún día se conviertan en un subgénero de esta época, como sucedió con el crack del 29 y los filmes de Frank Capra (¡Qué bello es vivir!), Preston Sturges (Los viajes de Sullivan), Gregory La Cava (Al servicio de las damas) o, sobre todo, John Ford (Las uvas de la ira, basada en la novela de John Steinbeck). El cine para contarnos en qué momento se jodió el Perú. Lo de que sirva para que no se vuelva a repetir ya es otra historia.